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Nž 5 - MAYO 2002 |
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MOVIMIENTO OBRERO ¡Viva la huelga de autobuses! No les mueve la defensa de la mayoría de ciudadanos, sino el objetivo de limitar el derecho de huelga ¿Sabía usted que un conductor de autobuses realiza jornadas laborales de 12 y 13 horas seguidas? ¿Sabía usted que por cada tres horas al volante descansan quince minutos, tiempo insuficiente para reponerse y estar en plenitud de facultades para seguir transportando pasajeros y evitar accidentes? ¿Sabía usted que buena parte de los conductores de autobús no saben hasta el lunes que días libran esa semana, si libran? ¿Sabía usted que la mayoría de los contratos de trabajo a conductores de autobús contienen la cláusula de plena disponibilidad, en virtud de la cual pueden ser requeridos para reincorporarse al trabajo en cualquier momento, aunque sea su día libre? ¿Sabía usted que éstas son las condiciones laborales de más de 70.000 trabajadores en toda España? Pues bien, acabar con esta situación es la razón de la huelga más polémica y con más repercusiones sociales que se ha convocado este año. Los autobuses de toda España pararon el 24 de marzo. En algunas ciudades como Madrid se ha mantenido la huelga durante la semana del 8 al 13 de abril, con un seguimiento absoluto del transporte urbano, interurbano y en casi todas las empresas de transporte de viajeros de largo recorrido. Se ha presentado continuamente la injusta situación de viajeros que, habiendo comprado el billete, tienen que suspender su viaje a causa de la huelga. ¿Por qué no presentan también la otra injusticia soterrada, las condiciones de vida y trabajo de los conductores, una situación que lleva manteniéndose durante mucho tiempo? La huelga es la más poderosa arma que tenemos los trabajadores. Al hacer uso de ella tenemos que saber hacer que todos los trabajadores y todo el pueblo la apoye. Al cierre de la edición nos llega la noticia de que la asamblea de trabajadores ha decidido desconvocar la huelga. El laudo dictado, aunque no recoge al 100% las reivindicaciones de los conductores, es un éxito importante para todos los trabajadores. Con la unidad y la lucha se hace retroceder a la patronal. Felicitamos a los compañeros por el éxito obtenido. Evitar el enfrentamiento Sabemos que van a intentar dividir al pueblo entre sí y presentar a los huelguistas como los enemigos de los demás trabajadores. Por eso debemos evitar darles oportunidades para descargar su artillería. Ante la exigencia de la patronal, como sucedió en Madrid, de unos servicios mínimos abusivos del 60%, que significaba que determinadas líneas funcionaban con normalidad, los trabajadores decidieron boicotearlos por completo, dejando incomunicados determinados polígonos industriales y barrios. Acciones como esta no generan la simpatía y solidaridad, sino que dan argumentos a gobierno y patronal para lanzar sus ataques. Por el contrario, el sindicato TUZSA, sindicato independiente mayoritario en la empresa de autobuses urbanos de Zaragoza, reaccionó ante una situación similar poniéndose a la gente de su lado. Los conductores que cubrían estos servicios transportaban a la gente gratis y en lugar de expedir un billete pasaban un folleto explicando las reivindicaciones de la huelga. ¡Hoy por ellos, madre, mañana por mí! Siempre se repite el mismo guión. Entrevistas a los «ciudadanos damnificados por los huelguistas insolidarios», las mismas quejas de que «un pequeño grupo no puede tener ¡secuestrados! a la mayoría», y como colofón, el inevitable artículo llamando a regular, es la palabra que utilizan cuando quieren decir prohibir, el derecho de huelga. No les mueve la defensa de la mayoría de ciudadanos, sino el objetivo de limitar tanto el derecho de huelga que éstas nunca lleguen a notarse demasiado. Huelga sí, pero dentro de un orden. Aceptar restricciones o regulaciones es quitarle el filo al derecho de huelga, convertirla en un cuchillo romo que ni corta ni pincha. En un arma inútil para defender nuestros intereses y derechos. Si la huelga está conducida por un grupo de trabajadores que mantiene una amplia unidad y firmeza, estos aparecen en los telediarios como poco menos que terroristas talibanes. Es cierto que toda huelga es un trastorno también para el pueblo, por ello es necesaria la solidaridad. Cada lucha, donde se dé, es también nuestra, porque es contra el mismo enemigo y por el mismo objetivo: mejorar las condiciones de vida y de trabajo. Ante todas las ofensivas de los medios de comunicación que magnifican los daños que producen «al hombre corriente» y la necesidad de recortar, «regular» le llaman ellos, el derecho de huelga, hemos de contestar al unísono el estribillo de una vieja canción: «¡A la huelga cien, a la huelga mil! ¡Hoy por ellos madre, mañana por mí!». |