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Nž 5 - MAYO 2002 |
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EDITORIAL INTERNACIONAL La impotencia de Powell El hecho de que el equipo de Bush actúe tirando cerillas en la zona más inflamable del planeta no quiere decir que por ello actúe sin plan concreto, sino advertirnos acerca de la naturaleza especialmente agresiva y aventurera de sus planes Que la visita de Powell a Israel y los territorios ocupados se haya saldado con nulos resultados, no por previsible resulta menos preocupante; si como se afirmaba, el sector duro del gobierno de Bush esperaba ansioso su fracaso, el interrogante que mantiene en vilo a la opinión pública mundial, y especialmente a las cancillerías europeas es: ¿Pero sabe alguien a qué espera EEUU para imponer a Sharon que se detenga? Powell ha llegado a Europa representando la cara opuesta de la política de su gobierno Cheney, Rumsfeld o el propio Bush no hubieran buscado el apoyo de la UE o Rusia, ni mucho menos firmar con ellos la petición a Sharon de que detenga la carnicería. El gesto diplomático del gobierno de Bush exigiendo a Sharon la retirada de los territorios autónomos palestinos viene acompañado de declaraciones que apuntan contra el terror palestino encarnado en Arafat. Si el gobierno israelí no hubiera recibido signos claros (especialemente en la anterior visita de Cheney) de contar con el permiso norteamericano, ¿piensa alguien que se estaría atreviendo a tamaño desplante? Sharon entiende que Bush debe decir algo de cara a la opinión pública y a sus tradicionales aliados árabes, pero confía en el apoyo incondicional norteamericano, en coincidir con sus intereses estratégicos en la zona y en el sustento que significa el poder del lobby judío norteamericano. Entonces, ¿qué pinta Powell en todo esto? El hombre que consiguió transformar la operación unilateral de «Justicia infinita» por una coalición mundial a favor de la «Libertad duradera» de la que nadie quiso quedar excluido, ha pretendido con su visita a Europa cambiar el curso de los graves acontecimientos del peligroso polvorín incendiado en Oriente Medio. Los sectores de la burguesía norteamericana más desvinculados del complejo militar industrial no pueden más que alarmarse ante un giro de los acontecimientos que pueda hacer peligrar la estabilidad necesaria para el buen funcionamiento de los negocios. La desestabilización de Oriente Medio no es plato de buen gusto para los business men. El conflicto árabe-israelí, peligrosamente agudizado en las últimas semanas es una mecha ardiendo sobre un inmenso almacén de petróleo, si ésta se propaga puede generar un incendio en el corazón económico del planeta de incalculables consecuencias, especialmente para Europa. Toda la economía depende del suministro del oro negro, la subida del precio del barril o, aún más, el anuncio de una posible restricción hecha hace unas semanas por Irak, se transforma automáticamente en una cuestión vital para el funcionamiento del viejo continente. Es por eso que los intentos de mediación de Powell, más allá de agradecerle sus gestos y maneras en la consideración a los aliados, se han convertido en vitales para una Europa que se siente atrapada en las consecuencias de la crisis actual. Frente a la política que guía al actual equipo de la Casa Blanca, están los que piensan que no responde a otra lógica que la de actuar como amos indiscutibles del planeta y que, de forma aventurera, sin plan ni orientación definidos, puede acabar desencadenando una auténtica hecatombe fuera de todo tipo de control. Su enajenación nos puede conducir al desastre. Sin embargo esta valoración, no acaba de encajar. El complejo militar industrial, por muy aventurero y agresivo que sea, no tiene por ello que actuar sin un plan preconcebido. ¿Y cuál sería el objetivo de este plan? Tener para sí el control exclusivo de la principal zona estratégica del planeta, la que puede hacer que Europa se entregue por completo a quien la domine. ¿Cuántos días seguiría funcionando en Europa el sumistro de mercancías, incluyendo los alimentos y el agua, si se cortara el grifo del petróleo? Si Sadam, como anunció, corta el suministro de petróleo, ¿perjudica o beneficia los planes del equipo de Bush? ¿Qué sale ganando EEUU? Si se extiende el conflicto, el chantaje sobre una Europa crítica con la actual política norteamericana permitiría arrastrarla a la guerra contra el «eje del mal» (Irak e Irán), ampliaría el control exclusivo de EEUU sobre la zona y permitiría mantener a Europa 50 años más totalmente entregada a los EEUU. El hecho de que el equipo de Bush actúe tirando cerillas en la zona más inflamable del planeta no quiere decir que por ello actúe sin plan concreto, sino advertirnos acerca de la naturaleza especialmente agresiva y aventurera de sus planes. La política imperial norteamericana inaugurada el 11 de Septiembre en Nueva York nos obliga a estar preparados para cualquier eventualidad de carácter extremadamente grave. Arrastar a Europa hacia el consentimiento de la guerra contra Irak va a requerir de algún terremoto, cuanto mínimo de la misma intensidad que el provocado por el derrumbe de las Torres Gemelas. Y es ante esto ante lo que debemos estar preparados. |