SUMARIO

N¼ 5 - MAYO 2002

INTERNACIONAL

¡Alto al genocidio en Palestina!
¡Sharon y Bush culpables!

Desde el Papa hasta Saramago, desde los países árabes hasta la ONUÉ todo el planeta es un clamor de indignación contra el genocidio perpetrado en Palestina. No podemos permitir, sin quedar impregnados de complicidad, que el mayor ejército de la región masacre a todo un pueblo. ¿Va a aceptar el nuevo Tribunal Penal Internacional que se juzgue a Milosevic mientras Sharon goza de una escandalosa impunidad? Pero la evidente responsabilidad del primer ministro israelí no puede actuar como parapeto. Es imposible denunciar a Sharon sin señalar a Washington con el dedo. ¿Podemos acaso deslindar la brutal ofensiva del primero de la dictadura mundial del terror que pretenden imponer los segundos? Es ya un evidencia «global» que las pistolas que unos disparan están cargadas por otros. ¿Dónde está el principal peligro? ¿En Tel Aviv o en Washington?

¡Genocidas!

500 muertos, 4.200 torturados, casi medio millón cercados, sin comida ni aguaÉ Este es el criminal rastro que, en tan sólo 15 días, ha dejado la genocida política de Ariel Sharon. Son cifras aproximadas, es imposible cuantificar la magnitud del crimen. El ejército israelí se ha encargado de expulsar a testigos incómodos. Televisiones, periódicos y organizaciones de derechos humanos se han visto obligadas a marchar a punta de pistola. Todas las principales ciudades palestinas, Ramala, Yenin, Nablus, Belen, Durra, han sufrido el vendaval del terror. Aviones F-16 y helicópteros Apache bombardean desde el cielo ininterrumpidamente. Sobre el suelo, los tanques y excavadoras arrasan escuelas, hospitales, viviendas.

Nadie sabe cuántos cadáveres yacen bajo los escombros. Invariablemente, la ocupación se inaugura con una macabra escenografía. Desde una tanqueta, un altavoz reclama la presencia de todos los varones entre 15 y 50 años. La detención masiva termina en un campo de concentración.

Las torturas efectuadas en estos centros han sido denunciadas por soldados y organizaciones de derechos humanos israelíes. Algunos son liberados tras el infierno... desnudos, con graves lesiones, y tras días donde su único alimento diario era un tomate que comían con las manos atadas a la espalda. Otros no tienen tanta suerte. Numerosas fuentes, tanto palestinas como israelíes, han denunciado ejecuciones sumarísimas masivas en el campo de refugiados de Yenin. Los cadáveres eran enterrados en fosas comunes o apilados en camiones y trasladados a un lugar secreto. Los que escapan a la detención deben subsistir a un cerco inexorable.

El ejército de Sharon corta todas las vías de aprovisionamiento. Los camiones de comida son retenidos y, en una tierra donde el agua es tan valiosa como el petróleo, los depósitos de las azoteas son bombardeados y las tuberías arrancadas por los tanques. Nada ni nadie se libra del terror. El edificio de la Autoridad Nacional Palestina en Ramala, donde Arafat permanece retenido, recibe impactos de obuses en el primer piso y ráfagas de ametralladoras en el segundo. Un palestino que corrió a apagar un incendio en una vivienda fue asesinado por un francotirador israelí. Ni siquiera se respetan los servicios médicos: las ambulancias son tiroteadas y los hospitales bombardeados, el presidente de la Media Luna Roja detenido y torturado. Las ambulancias de la Media Luna Roja sólo están autorizadas a trasladar enfermos ajenos al conflicto (y tras un complejo proceso de coordinación) y a recoger muertos.

A pesar del número de heridos, el hospital de Yenin sólo ha recibido cuatro pacientes. Según palabras de su director «los trajimos debajo de unos cadáveres que nos autorizaron a recoger». El centro sanitario de Belén vio cómo un convoy de medicinas era retenido a sólo cien metros por el ejército israelí.

¿Cómo se puede catalogar esta actuación? ¿No se trata de un genocidio? ¿Es un exceso decir que Sharon practica con los palestinos lo mismo que los judíos sufrieron a manos de los nazis? ¿Hacen falta más pruebas para que el nuevo Tribunal Penal Internacional actúe contra Sharon por crímenes contra la humanidad? ¿O es que el castigo penal del terror se va a medir por el grado de lejanía o proximidad a Washington de cada genocida?

Sólo hay un obstáculo insalvable para la paz

Es imposible denunciar a Sharon sin señalar a Washington con el dedo

Es habitual considerar que las múltiples y explosivas contradicciones que alberga Oriente Próximo, convierten poco más que en una quimera el objetivo de una paz justa y duradera. Si esto es así, ¿por qué durante el mandato de Clinton se avanzó, de forma sorprendentemente acelerada, hacia una solución negociada? ¿Por qué bastó la voluntad política de una administración norteamericana para que se estrecharan manos que parecían destinadas a enfrentarse eternamente?

Es curioso que los avances y retrocesos en el proceso de paz guarden una paralelismo mimético con el carácter, bien agresivo o bien más pactista, de los gobiernos de Washington. ¿Es que durante la era Clinton, Sharon no era el genocida que hoy es? ¿Acaso no existían entre las élites israelíes los sectores expansionistas que hoy se nuclean en torno al primer ministro? Bastó que al proyecto de dominio norteamericano le interesara pacificar Palestina y así dotar de mayor estabilidad a su hegemonía, para que los halcones locales se replegaran y su capacidad de influencia se redujera. Fue suficiente este impulso para que, a pesar de todas las dificultades, saliera a la luz una escondida voluntad de paz en ambas partes, y la posibilidad de sellar la paz se convirtiera en un horizonte posible. ¿Quién truncó está posibilidad? ¿Sharon? ¿Puede un halcón local, por muy fiero que sea, atreverse a desafiar un proyecto apadrinado por la principal potencia mundial? No, por lo menos en solitario.

El ascenso de Sharon al gobierno ha venido de la mano del golpe de timón propinado en Washington por los sectores más duros y aventureros de la burguesía norteamericana. La provocadora aparición de Sharon en la explanada de las mezquitas, la cerilla que provocó el incendio, se hermana en el tiempo con la llegada de Bush a la Casa Blanca.

La actual ofensiva se sucede al anuncio desde la cabeza del imperio del inminente ataque a Irak. Es el apoyo de la caverna norteamericana lo que ha multiplicado la capacidad de influencia de los núcleos más criminales de Israel. Aquí es donde se encuentra el verdadero escollo. Los halcones locales caminan a rebufo del camino que abren las águilas de rapiña imperiales.

La responsabilidad genocida no puede, si queremos castigar a los verdaderos culpables, reducirse al gobierno israelí. Existen muchos y graves problemas, desde las atrocidades cometidas por el ejército israelí hasta los atentados suicidas de los integristas. Pero el único obstáculo insalvable para la paz es el sometimiento, y la utilización, de las contradicciones internas de la zona a los planes expansionistas de la superpotencia norteamericana.

Desde la época de la Guerra Fría, en Palestina se han concentrado muchas de las contradicciones mundiales. EEUU utilizó la intransigencia árabe hacia Israel para convertir al régimen de Tel Aviv en su principal peón en la zona, plataforma para detener el expansionismo soviético en la región. La URSS aprovechó las iras árabes para ganar influencia. Hoy, con una única superpotencia, Washington estira de los hilos hilvanados durante décadas en torno a Israel para poner, tanto a palestinos como a israelíes, en función de sus planes bélicos. Los sectores israelíes agrupados tras Sharon, los que han conseguido su poder siendo gendarmes militares de EEUU y a los que un escenario de paz convertiría en irrelevantes, son los elegidos por Washington para convertirse en brazo ejecutor.

Pero esa es una ínfima minoría. Todos los países árabes han reafirmado su intención de negociar con Israel, apoyando el plan saudí que reconoce la existencia e integridad del Estado de Tel Aviv; la sociedad israelí demostró durante el mandato de Barak que está dispuesta a aceptar la ecuación de paz por territorios y a empezar un camino de entendimiento con los palestinos; la comunidad internacional que no coincide con el perímetro norteamericano ha afirmado, aunque por ahora sólo de palabra, estar dispuesta a apadrinar un proceso de paz.

¿Tiene que estar la paz y la vida en Palestina e Israel secuestradas por los planes hegemónicos norteamericanos y la ultraderecha militarista de Sharon? EEUU no sólo no puede ser un mediador neutral, sino que los muertos de Sharon están también cargados en su cuenta. El único camino hacia la paz pasa inexcusablemente por sustraer a la región de su criminal influencia.

Es ya un evidencia «global» que las pistolas que unos disparan están cargadas por otros. ¿Dónde está el principal peligro? ¿En Tel Aviv o en Washington?

Desde el Papa hasta Saramago, desde los países árabes hasta la ONUÉ todo el planeta es un clamor de indignación contra el genocidio perpetrado en Palestina.

Ni siquiera se respetan los servicios médicos: las ambulancias son tiroteadas y los hospitales bombardeados, el presidente de la Media Luna Roja detenido y torturado. Las ambulancias de la Media Luna Roja sólo están autorizadas a trasladar enfermos ajenos al conflicto (y tras un complejo proceso de coordinación) y a recoger muertos. Con toda esta masacre, el hospital de Jenín sólo ha podido atender a cuatro heridos...

Las imágenes, como este estremecedor episodio, de las sistemáticas masacres de civiles, niños, mujeres y ancianos que hasta hace poco recorrían el mundo han sido censuradas por el ejército israelí con el apoyo de los grandes monopolios de desinformación norteamericanos