SUMARIO

Nž 5 - MAYO 2002

MOVIMIENTO OBRERO

40 aniversario de la huelga de 1962 en la Cuenca de Mieres
Una raíz de lucha

"Parece mentira, con la limpieza de comunistas que hemos hecho y todavía queda raíz". Así se asombraba un coronel fascista que presidía el juicio militar a uno de los mineros que participaron en la huelga de 1962.

Es esa raíz, imposible de extirpar, esa cristalización de décadas de lucha obrera, la que se manifestó en las cuencas mineras asturianas y constituyó el punto de partida de la reorganización del movimiento obrero en el franquismo.

Una raíz que se remonta al mismo nacimiento de la clase obrera en Asturias, y que está jalonada por innumerables combates. Ampliada por obreros provenientes de diferentes puntos de España, se aglomeraron principalmente en dos poblaciones, cada una en torno a uno de los ríos mineros: el Nalón, cuya capital es Langreo y el Caudal, cuyo centro es Mieres. Y, ya desde el principio, demostraron que el material que la formaba no tenía que envidiar en dureza al que salía de las minas.

Las primeras huelgas son en Langreo en 1873 y en Mieres en 1879. Son luchas espontáneas, el socialismo aún tardará 30 años en llegar a Asturias. Los salarios ínfimos, la ultraexplotación, la inestabilidad del trabajo (con crisis permanentes, en la que cifras escalofriantes de trabajadores se ven obligados a emigrar), los accidentes continuos, hacen que ni las detenciones ni las deportaciones acaben con las movilizaciones.

Hasta 1934 las huelgas son continuas. Cuando el PSOE funda el SOMA, el sindicato minero, no logra encauzar la situación. Acostumbrados a negociar directamente con la patronal y a hacer referéndums en los pozos, los trabajadores arrastran al SOMA a movilizaciones permanentes. Cada vez aumenta su organización, hasta que en 1934 estalla la huelga en toda España, y los mineros la convierten en insurrección armada. Durante 15 días toman Oviedo y las principales poblaciones, estableciendo una república popular. La represión fue implacable: más de mil mineros son fusilados, y las tropas al mando de Franco siembran el terror en los pueblos mineros masacrando a familias enteras.

Pero el ejemplo de lucha revolucionaria de la clase obrera prenderá en todos los rincones de España, culminando en la victoria del Frente Popular. En 1937, los mineros vuelven a enfrentarse al fascismo encabezando la lucha del frente norte. Las siguientes décadas serán lo más parecido al infierno: los mineros son obligados a trabajar más de diez horas diarias, y a hacer horas gratis los domingos para reponer las "pérdidas ocasionadas al Estado en el 34 y el 37", con sueldos de miseria, rodeados de policía y guardia civil por todas partes, y con tres cárceles en una sola provincia. Son los años del terror.

Hasta que la rabia pudo más que la represión, y estalló en 1962 con una huelga de varios meses en las dos cuencas. Entonces, cambió el curso de la dictadura: fue la señal para la reorganización del movimiento obrero en toda España, y el principio del fin del fascismo. Dejamos aquí la palabra a algunos protagonistas de aquel movimiento que puso en pie a 60.000 mineros y que hoy forma parte de nuestra historia de lucha, del patrimonio común de la clase obrera y el pueblo español.

Ellos nos cuentan cómo fue

Laudelino Suárez
Yo tenía 24 años. Trabajaba en el Pozo Polio, en Mieres. Era militante del PCE clandestino. El 7 de abril empezó la huelga en el pozo vecino, la Incolaza, por el despido de 7 trabajadores. Ese fue el detonante. Las razones de fondo eran los bajos sueldos, la inseguridad de las minas (eran cementerios subterráneos) y, claro está, la dictadura. En aquellos tiempos venían a trabajar a las minas muchos andaluces, gallegos, extremeños. Todos se incorporaron a la lucha como si hubieran vivido aquí toda la vida. También fue decisiva la participación de las mujeres. Nos animaban a seguir, a no decaer. En aquel momento el PCE empezaba a organizar las comisiones obreras dentro mismo del sindicato vertical. Los medios de comunicación silenciaron el movimiento hasta que ya no se pudo callar. Había una juventud muy preparada políticamente, muchos ateneos obreros y muy comprometidos. éramos los hijos de los vencidos, de los asesinados, de los que estaban en el monte. Descendíamos de una historia con un fuerte arraigo de lucha de muchos años.

Alberto álvarez Menéndez
Yo tenía 19 años. Trabajaba en el pozo "Tres Amigos" de la cuenca del Caudal. Acababa de entrar en la mina. Para mí supuso una toma de conciencia. La huelga la generaron reivindicaciones muy concretas pero fue más allá, se convirtió en una lucha política. Había mucha organización clandestina, sobre todo del PCE. Mucha gente se organizó en el PCE a raíz de la huelga, yo por ejemplo. Sufrimos una gran represión: muchos fuimos a la cárcel, torturados, despedidos. Pero mereció la pena.

Francisco González García
Aquí todos me dicen "el cordobés" porque vine a trabajar desde mi tierra en el año 40. En el 62 tenía 42 años, trabajaba en el pozo Barredo, en el Nalón, perteneciente a la Duró Felguera. Si en la minería se vivía mal, en el campo era aún peor, no había trabajo, pasábamos hambre y había epidemias continuas. Buscábamos libertad, otros modos de vida. Eso no se podía expresar, pero estaba latente. Algunos tenían más conciencia que otros. Me pusieron las esposas y me llevaron a la cárcel. Tres veces estuve en Carabanchel, yo y muchos más. Pero fue el principio de la salida del laberinto. El principio de la lucha por la libertad.

Julián Albor
Yo trabajaba en el Pozo Borinoco, en el Nalón. Tenía 19 años. No estaba organizado, pero todos los mineros, el día 10 de cada mes, que era el día de pago, hacíamos colectas para los presos de Burgos, que eran presos políticos. Mi pozo fue el último que paró, porque éramos todos nuevos. Había habido poco antes una "limpieza de comunistas", y estábamos desorganizados. Al año siguiente me hice del PCE. El asesinato de Julián Grimau fue lo que me decidió. Nos enteramos por Radio Pirenaica, la oíamos todos los días antes de las 8 de la mañana. En el 62 y 63 hubo detenciones masivas constantes, torturaron a varios compañeros, había mucho miedo. Hubo 120 deportados, fuera de Asturias, y algunos 5 años fuera de España. Pero no podían pararlo. El ministro Solís tuvo que negociar, conseguimos las 75 pesetas por tonelada de carbón. Fue un logro importante. Las huelgas de los años 70 en toda España fueron fruto de todo aquello.

Alvaro Muñiz
Yo era del pozo Incolaza, donde se inició todo. Tenía 24 años y era del PCE. Las huelgas habían empezado bastante antes, en el 57 y 58, pero la gorda fue la del 62. La organización del PCE fue decisiva. La patronal lo sabía e infiltraron a muchos confidentes de la policía. Descubrimos a muchos, nos lo comunicábamos por gestos, y al día siguiente nos poníamos todos en la puerta y les impedíamos la entrada. Otro factor importante es el propio trabajo en la mina, que potencia la unión. Hay accidentes continuos, la vida depende de la solidaridad, del socorro de los compañeros muchas veces. La solidaridad minera fue crucial en la lucha. Yo estuve procesado en Burgos, y dos veces por el Tribunal de Orden Público. Pero sembramos una semilla que germinó en toda España.

Luis Nora
Yo tenía 32 años, trabajaba en la Incolaza, y como tantos, era del PCE. Estuve en la cárcel de Oviedo y después dos años en Carabanchel. Fui procesado por un tribunal militar. El coronel que me juzgó decía "caramba, con la limpieza que hicimos, y todavía queda raíz". Cuando volví eran tiempos duros, no se ganaba apenas para dar de comer a la familia, pero juntábamos dinero para mandar a los deportados. Fue muy positivo porque logramos algo grande, que quedará en la memoria de toda España.

Eliseo Iglesias
Mi familia éramos todos mineros, como tantas, y todos del PCE. A mí me cogieron preso cinco veces, y estuve diez años detenido. Los comunistas éramos los que más dábamos la cara, hacíamos reuniones nocturnas de cuenca a cuenca, en el monte o en casas que nos dejaban los curas. íbamos a hostia limpia. La guardia civil te venía a buscar de noche y te llevaban a comisaría. Y así hasta la democracia. Pero estoy agradecido a la suerte de haber participado en una lucha así.