SUMARIO

N¼ 5 - MAYO 2002

CULTURA

«Hable con ella», de Pedro Almodóvar
«
Matando, muerte en vida la has trocado»
(San Juan de la Cruz)

La valoración sobre la última película de Almodóvar, Hable con ella, ha sido prácticamente unánime: una hermosa reflexión, un «retrato trágico», una «remota ecuación» entre la soledad y la muerte. Sin embargo, aunque la película contiene, en efecto, todas estas cosas, no se detiene en ellas, sino que tomándolas como punto de partida, se atreve a ir mucho más allá.

Hable con ella es, en sustancia, la narración de un prodigio cuyas lindes con el milagro resultan imprecisas. La historia de cómo un misterio sencillo, real, cotidiano y transparente: el enigma siempre vivo de la muerte -en este caso de una muerte en vida (aunque cabalmente habría que hablar de dos, la física de Alicia y la «social» de Marco-, es capaz de ser derrotado por otro misterio todavía más poderoso e incomprensible.

Marco, periodista, profesional cualificado, aparentemente bien integrado en el orden social existente, prototipo del individuo «socialmente satisfecho» de la sociedad de bienestar al que todos, supuestamente, deberíamos aspirar, es, al mismo tiempo, un ser sometido a un doloroso desgarro interno del que parece no poder escapar.

La ruptura con su vida anterior, la separación de su mujer y sus hijos lo ha dejado en una especie de «muerte», de «autismo» social, donde está privado de la capacidad y la motivación para establecer nuevas relaciones, nuevos vínculos perdurables y profundos, para comunicar –en el sentido más fiel del término: de compartir- unos sentimientos que sólo consiguen romper la infranqueable máscara que los constriñe para aflorar en forma de mudas lágrimas; pero que permanecen sepultados, inaccesibles para los demás al verse privados del lenguaje, de la palabra, del vehículo imprescindible para actuar prácticamente, para tener existencia real en la omnipresente realidad de las relaciones sociales.

Benigno, por el contrario, es, en apariencia, un ser asocial, recluido en la marginalidad y el aislamiento que supone el haber dedicado toda su vida a cuidar a una madre que ni siquiera estaba enferma, simplemente era «un poco perezosilla». Sin embargo, Benigno es lo más opuesto a un ser solitario; los que lo tratan de cerca (Marco, la compañera de trabajo, la portera de su casa,...) reconocen enseguida su delicada sensibilidad, la enorme capacidad de amor que posee y la tenaz pasión que es capaz de poner, más allá de cualquier convención social, en cuanto hace por los demás.

En él no hay nada que tenga que ver con la melancolía ni con la nostalgia, ni con ninguna aflicción o dolencia del ánimo, al contrario, lo suyo es una lucha permanente de la inteligencia amorosa con el misterio que le rodea y que la razón no puede comprender. En torno a una sola persona ha sabido construir todo un universo de amor, dedicación y entrega tales que le llevan no sólo a estudiar enfermería para atender a su madre, sino también a hacerse esteticien (por correspondencia) porque «no me gustaba cómo quedaba cuando le hacían el pelo y la arreglaban».

El encuentro entre estos dos seres, anudados cada uno de ellos a una bella durmiente de la clínica El Bosque, es un auténtico choque entre dos mundos, entre dos universos opuestos de concepciones sobre la ilimitada fe en la vida y sobre el incalculable poder del amor. Hable con ella es el primer consejo que Benigno le da a Marco al saber que está, como él, cuidando en la habitación de al lado a otra mujer en coma irreversible. Pero esto para Marco es imposible. La sola idea de dirigirse, de hablar a quien considera, por su situación de muerte cerebral, una muerta en vida lo aterra, lo paraliza, lo desconcierta. Y no sólo porque racionalmente se repita a sí mismo una y otra vez la inutilidad de hablar a alguien que clínicamente tiene una vida vegetativa y por lo tanto se da por descartado que ni oye, ni ve, ni entiende ni puede reaccionar a sus palabras, ni lo podrá hacer ya nunca. Sino, sobre todo, porque lo coloca ante el abismo de tener que despedazar las ataduras que han anulado su facultad de amar hasta el final, de abandonarse en cuerpo y alma, de arriesgarse a romperse en dos, partiendo con otros los propios sentimientos. Y hacerlo, además, en la situación más al límite imaginable: donde hay que entregarse sin saber tan siquiera si serás escuchado o acabarás consumido y roto.

Sin embargo, ni el ser más receloso es capaz de resistirse a la fascinación que ejerce la pasión de Benigno -delicada en las formas, volcánica en el fondo- mostrada en su peculiar relación con Alicia, la muchacha en coma de la que está secretamente enamorado. Benigno se rebela ante el dictamen científico de considerarla muerta, tratándola como a un ser vivo en plenitud: le habla constantemente, le pregunta, la mima, la cuida hasta en los más mínimos detalles, va a ver el cine que a ella le gusta para después contarle las películas que ha visto, le trae sus revistas y sus libros preferidos para leérselos, ha convertido la habitación del hospital en una copia de la de su casa,...

El amor de Benigno por Alicia, al que las convenciones sociales no dudarían en calificar de «amor loco», es un motor vital de pasión y deseo que arrastra también, indefectiblemente, a Marco, cuya creciente relación de íntima amistad con Benigno es la brecha que empezará a agrietar la opresiva coraza autoimpuesta. Coraza que, definitivamente, se viene abajo cuando al regresar Marco de un viaje profesional, descubre que Benigno ha sido encarcelado por haber dejado embarazada a Alicia.

A partir de ese momento se entrega por completo a la misión de ayudar a su amigo. él sabe que, contra los psiquiatras de la cárcel que han calificado a Benigno como un psicópata, su acto ha sido la consecuencia lógica de su pasión. Una pasión transgresora sí, que se sitúa fuera de los tabúes y las prohibiciones que imponen la moral y el orden social dominante, pero de una pureza y una decencia profunda y radical, anclada en las raíces de un amor tan honesto, que es incapaz de comprender la cruel lógica de unas exigencias sociales que lo condenan a vivir lejos de su amada, a la que sólo él ha sabido entender, proteger y cuidar.

Y más allá todavía, a la que ha sido capaz de devolver, literalmente, a la vida, pues la preñez de Alicia, contradiciendo todo lo que la ciencia dice sobre el estado vegetativo, obra el milagro de hacerla regresar del mundo de las sombras. Pero esto él no llegará a saberlo nunca, pues la amargura de verse separado para siempre de Alicia, le llevarán a tomarse un cóctel de fármacos lo suficientemente potentes «para buscar a Alicia en el mundo de los sueños».

Almodóvar sobre «Hable con ella»

Benigno: Hable con ella, cuénteselo.

Marco: Ya me gustaría a mí, pero en este estado no puede oírme.

Benigno: No crea, el cerebro de las mujeres es un misterio. Y en este estado más...

P- ¿Qué te inspiró «Hable con ella»?
R- Varios acontecimientos reales ocurridos en los últimos diez años, de los que yo iba tomando nota.

1: Una mujer americana despierta del coma después de dieciséis años. Según los médicos su estado era irreversible... Me impresionó mucho ver la foto de la mujer en El País, apoyada en dos enfermeras, aprendiendo a caminar de nuevo... Su despertar contradice todo lo que la ciencia afirma al respecto.

2. En Rumanía, el joven guardián nocturno de una morgue se siente atraído por una joven fiambre. La soledad de la muerte sumada a la soledad de la noche daban como resultado «demasiada soledad», el joven guardián cede al impulso de sus deseos y posee a la bella difunta. Lo que ocurre después es uno de esos milagros de la naturaleza humana que no creo que le hagan ninguna gracia al Papa... Como reacción al acoso amoroso, la muerta despierta a la vida... La joven padecía una enfermedad tipo catalepsia y su muerte era solo aparente. A pesar de que la familia de la resucitada se mostró agradecida al violador no pudieron evitar que lo metieran en la cárcel. Le llevaban paquetes con comida y le buscaron un abogado. Lo insólito de la situación provocó un curioso dilema: para la justicia el chico era un simple violador, pero para la familia, que vivía la realidad según sus sentimientos, el chico le había devuelto la vida a su hija. La noticia no tiene desperdicio, toda ella me ha inspirado, incluido el «dilema moral», que también aparece en «Hable con ella»...

3. En Nueva York una chica que lleva nueve años en coma queda embarazada (sin despertar del coma, no sé qué ocurrió al dar a luz). A los pocos días descubren que el culpable era un camillero de la clínica. La cuestión es: ¿cómo un cuerpo clínicamente muerto (la muerte la determina el cerebro) puede engendrar vida...?

4. Creo que fue Cocteau quien dijo que la «belleza» puede resultar dolorosa. Supongo que se refería a la belleza de las personas, yo creo que las situaciones que entrañan momentos de belleza inesperados y extraordinarios pueden hacerte saltar las lágrimas, lágrimas que se parecen más al dolor que al placer. Lágrimas que ocupan en nuestros ojos el lugar de los ausentes.

(Autoentrevista a Almodóva)

V. Ortiz

Pedro Almodóvar

Creo que las situaciones que entrañan momentos de belleza inesperados y extraordinarios pueden hacerte saltar las lágrimas, lágrimas que se parecen más al dolor que al placer. Lágrimas que ocupan en nuestros ojos el lugar de los ausentes.