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Nž 6 - MAYO 2002 |
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EDITORIAL Ley
de partidos: Ante todo, la ley de partidos es un claro retroceso democrático un instrumento de doble filo de límites difusos que puede ir destinada a ilegalizar movimientos molestos. Cuentan que existió un rey que, ante la muerte por epidemias de buena parte de sus súbditos, decidió prohibir la enfermedad por decreto. Nadie duda en que el desenlace de tal ocurrencia no permitió resolver el problema. Algo comparable sucede con la ley de partidos, si de lo que se trata es de resolver la «enfermedad» de la sociedad vasca, la ley que pretende ilegalizar a Batasuna no puede ser la solución. Hace falta diagnosticar y tratar la enfermedad para salvar al paciente. Pero además, y ante todo, la ley de partidos es un claro retroceso democrático. Es un instrumento de doble filo cuyos límites son tan difusos que su utilización en el futuro puede ir destinada a ilegalizar movimientos molestos para el gobierno de turno. Ningún demócrata, ninguna persona progresista puede darle su apoyo. La transición democrática se fraguó con la legalización de todos los partidos de izquierdas y es una conquista que no podemos dejar caer bajo la bandera de la lucha contra el terrorismo. Respecto al argumento principal que la justifica, la ley de partidos no es en ningún caso el remedio que puede curar el mal. Hace tiempo que un buen número de personalidades, asociaciones, y organizaciones hemos diagnosticado que la enfermedad que padece el País Vasco es la enfermedad del nazi-fascismo. El proyecto de segregación de Euskadi, tal como lo tienen diseñado Ibarretxe y Arzallus de acuerdo al modelo germano de la «Europa de los pueblos», precisa de la mano de ETA y de los que han de crear el terror capaz de imponer la limpieza étnica de los que piensan distinto. Los que no estén dispuestos a tragar con su modelo han de ser aislados, señalados, acusados de antipatriotas y agentes del imperialismo. O abandonan el país o pueden morir en cualquier momento; este trabajo propio de las juventudes hitlerianas es cierto que lo ejerce una parte de la sociedad y la juventud vascas, a las que se les ha inculcado el odio irracional a lo español y a la libertad. Pero la alternativa no puede ser adentrarse en la senda de la represión e ilegalización de Batasuna. Con ello no desaparecerá la rabia, y quizá, se le darían más argumentos. Sólo a través de la organización y la movilización popular se puede hacer frente al avance de las ideas y prácticas nazi-fascistas. ¿Debe actuar la ley ante las acciones de agresión e intimidación fascistas contra las personas? Por supuesto. Pero la ilegalización de las organizaciones en las que se agrupa la llamada izquierda abertzale sólo puede conseguir enquistar el problema. Al nazifascismo se le combate derrotándole. Derrotándole en los barrios arrebatándole las banderas culturales e históricas de las que se intentan apoderar para erigirse en «vascos puros», frente a los españoles, que no van a ser más que alemanes en Mallorca. Derrotándole en las calles, tomándolas para demostrar que la lucha por la libertad agrupa a la inmensa mayoría de los vascos, tal y como se ha demostrado en las sucesivas manifestaciones y actos en San Sebastián, Vitoria, Bilbao o en toda España tal como ocurrió a raíz del asesinato de Miguel Angel Blanco. Derrotándole en las urnas, tal como empezó a ocurrir el 13 de mayo gracias a una línea de firmeza que en el caso de Nicolás Redondo rindió los mejores resultados electorales en la historia del PSE, y que debería verse multiplicada en las próximas elecciones municipales. Derrotándole en los tribunales penales en los que se juzguen delitos contra la humanidad para acabar con la impunidad con la que desde el gobierno vasco se anida el huevo de la serpiente, la justificación del tiro en la nuca y la amenaza cotidiana. La historia nos enseña que no hay montañas inamovibles si el pueblo se une para removerlas. Que la concienciación, organización y movilización ciudadanas son la base sobre la que transformar la realidad. ¿Acaso el ejemplo de Venezuela no nos dice que una intervención fascista promovida por EEUU fue detenida por la amplia movilización popular?. Pero la ley de partidos es sobre todo una amenaza contra la libertad. Aunque se ha eliminado el artículo que cita como causa de ilegalización el fomento de la «confrontación social», mantiene otras como «perseguir, deteriorar o destruir el régimen de libertades o imposibilitar o eliminar el sistema democrático» que leídas por quien detenta el gobierno pueden tener múltiples interpretaciones. ¿No podría darse el caso de que un sindicato de jornaleros que promoviera la ocupación de tierras improductivas fuera acusado de deteriorar el sistema democrático? ¿Y si un grupo de trabajadores retienen a los ejecutivos en su empresa para presionar contra los despidos? Quizá la acampada en lugares públicos para denunciar la política del gobierno pueda ser considerada un deterioro del régimen de libertades?, ... ¿Cuál va a ser la interpretación de esta ley? Hoy van a por Batasuna, mañana ¿a por quién? Se puede decir que no es previsible que el actual gobierno vaya a arremeter contra las libertades de esta forma, sin embargo y dado los nuevos aires que se imponen desde Washington nadie puede estar seguro de que las necesidades de reprimir cualquier contestación a la política de guerra norteamericana impongan un nuevo talante al gobierno español. Hay que estar preparados para una eventualidad de esta naturaleza.. |
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