SUMARIO

NĽ 6 - MAYO 2002

ENSEÑANZA

Ley de Calidad de la Enseñanza:
Carne fresca para Frankenstein

Las nuevas exigencias llaman a la puerta de las nuevas generaciones de estudiantes a una edad cada vez más tierna

¿Hace falta mejorar el rendimiento escolar de nuestros estudiantes? ¿Para qué y a costa de qué? Dar respuesta a estas preguntas es fundamental para adentrarse en la reforma educativa que necesita Espa–a. El controvertido borrador de la Ley de Calidad de la ense–anza que ha presentado el gobierno de Aznar ha conseguido de entrada sumar el rechazo de asociaciones estudiantiles, de padres de alumnos, de profesores e incluso de consejeros autonómicos de educación. Sin duda, esta ley entronca y se complementa con una LOU que ya originó las mayores movilizaciones estudiantiles desde la transición por dise–ar una universidad directamente «de los monopolios». Universidad que no puede alimentarse más de una ense–anza secundaria anegada por el fracaso escolar. Para que la formación universitaria tenga el efecto deseado, qué mejor que empezar la selección y formación de los escolares a edades tempranas «cuando se consolidan los hábitos de aprendizaje y autodisciplina». Necesitan carne fresca, carne motivada, carne sometida.

A rendir

El acelerado proceso de concentración de capital efectuado por la oligarquía espa–ola en las últimas décadas, la creación a partir de ella de multinacionales espa–olas compitiendo en los mercados mundiales y el correspondiente papel de Espa–a en el orden mundial actual, exige sin demora la formación de cuadros para sus proyectos de desarrollo. éste y no otro es el principio rector de la reforma educativa. Estas nuevas exigencias llaman a la puerta de las nuevas generaciones de estudiantes a una edad cada vez más tierna.

Expertos internacionales han advertido que la Ley de Calidad propuesta contraviene la tendencia mundial de retrasar la elección de vías formativas específicas por parte de los alumnos hasta que terminan la ense–anza obligatoria. Mientras ésta concluye a los 16 a–os, a los 14 ya se separan a los estudiantes según su destino vaya a ser la formación profesional o la formación científico- humanista.

O vales para estudiar, o para trabajar. Se elimina la promoción automática actual por la que se pasa de curso aunque se suspenda y se crean grupos de refuerzo para atender a los que vayan peor o tengan, como los inmigrantes, dificultades lingźísticas. Finalmente, un exámen de reválida dará el título de bachiller con el que se podrá acceder a la universidad o al grado superior de Formación profesional.

Ya que te escolarizamos, vamos a sacarte partido

Espa–a tiene uno de los porcentajes de fracaso escolar, medido en la proporción de alumnos que no obtienen el título de graduado en educación secundaria obligatoria, más altos de Europa. El fracaso afecta a uno de cada cuatro alumnos (25 %) y afecta especialmente la comprensión de la lectura, la redacción de textos y materias instrumentales tan básicas como las matemáticas. Es obvio que hay que resolverlo, pero ¿desde qué orientación? La ley propone la cultura del esfuerzo para adquirir conocimientos.

Cierto es que, como marca el preámbulo de la Ley, «el actual modelo educativo, que permite el paso de un curso a otro sin haber alcanzado los conocimientos y las destrezas intelectuales necesarias, habitúa a un pretendido éxito inmediato, fácil y sin esfuerzo, que provocará serias inadaptaciones cuando los jóvenes tengan que afrontar las exigencias y retos de la vida real, de una vida social y laboral exigente y competitiva».

Pero nada tiene que ver seleccionar a los mejores sobre la base de la disciplina y el aprendizaje de conocimientos aplicados a las perspectivas laborales tal como se quiere segregar a los estudiantes, que hacerlo sobre la base de dar a cada estudiante una formación global e integral que permitiera hasta al más atrasado ser dirigente del país.

La primera orientación forma asalariados altamente tecnificados a las órdenes de los que deciden, la otra forma hombres para decidir el rumbo de los proyectos sociales que nuestro país tiene que acometer. Un proyecto de transformación social necesita una formación integral y una educación para vencer las dificultades. Americanizan la ense–anza. La transformación social que nos propone Aznar supone trasladar al sistema educativo las principales transformaciones estructurale que han permitido a la oligarquía bancaria, con su acelerada concentración, eliminar en lo fundamental sus rasgos de raquitismo, parasitismo y ultraburocratismo que transmitía a todas las esferas de la vida social.

Pero supone negar a los estudiantes obtener una visión global diferente de la del pensamiento único. Se trata ahora de formar cuadros para gestionar tecnologías de última generación en universidades, hospitales, ejército o laboratorios de innovación tecnológica, extensión de sucursales empresariales a países del Tercer Mundo, labores de asesoramiento o diplomacia, etc. Pero sin ir más allá de las pautas que los centros de decisión monopolistas establecen sobre qué tipo de ense–anza, de sanidad, de investigación, de economía o relaciones internacionales necesita nuestro país. Tú cumple tu trabajo, ni te plantees a quien sirve.

Ciertamente las buguesías monopolistas más fuertes llevan aplicando esta fórmula desde hace décadas, la modernización pretendida no es sino la americanización de la ense–anza secundaria y superior. La oligarquía espa–ola llega tarde y tiene que competir en condiciones de mayor agresividad: el tiempo apremia. La reforma entra en vigor a partir del curso 2003-2004.

Europeizaron el fracaso

Se equivocan quienes defienden la LOGSE frente al «modelo de oportunidades» de Aznar. La LOGSE decía pretender dar a la ense–anza un carácter educativo por encima del academicista pero encerraba tras de sí la falta más absoluta de futuro para los jóvenes y el resultado es el evidente fracaso escolar. La «Espa–a, país de servicios, país de camareros» que los gobiernos de Felipe González forjaron a pulso mientras liquidaban y vendían parte de la estructura productiva del país por orden de Brusselas, conectaba con la universidad «fábrica de parados».

Uno se encontraba licenciados en derecho repartiendo pizzas porque no había otra cosa. Sólo así se explica que la evaluación de los alumnos, que decía no ser exclusivamente sobre conocimientos, sino sobre conceptos, procedimientos y actitudes, se basaba en rebajar el listón de la exigencia de conocimientos para que lo puediera superar hasta el que peor iba en clase y, por tanto, los alumnos pasaran de un curso a otro sin aprender nada.

La obligatoriedad de cursar los estudios hasta los 16 a–os en estas condiciones y, al no ir parejo con que los maestros tuvieran una preparación pedagógica ni incentivo alguno, acabó generando clases llenas de alumnos desmotivados.

Formación sí

¿Por qué no ponen el listón para que hasta el más atrasado esté capacitado para dirigir el país? ¡Porque no pretenden que nadie más que ellos lo dirija! Queremos formación de cuadros ¡sí! Para un proceso de construcción nacional decidido y dirigido por el conjunto de sectores populares que generamos la riqueza y no por un pu–ado de monopolios. Formación de cuadros ¡sí! En un punto de vista global del mundo, no tecnicista y miope. Participación de los maestros y las familias en la reforma educativa ¡por supuesto!

Para luchar por la democracia que la nueva ley pone en peligro en los centros al desnaturalizar el papel de los consejos escolares, que deberían tener un papel de órganos de gobierno y que quedan reducidos a meros ordenadores de la gestión. Directores profesionales ¡claro! En que la ense–anza se aplique de acuerdo a las necesidades e intereses populares. La reforma para decidir, no para acatar.

Martín Hernández