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N¼ 6 - MAYO 2002 |
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MOVIMIENTO OBRERO - INMIGRACIÓN Los Guantánamos españoles El PP se vanagloria de los triunfos conseguidos en inmigración. ¿Qué triunfos? ¿El aeropuerto de Lanzarote o la cárcel de Tenerife? A la llegada al Aeropuerto de Lanzarote más de 400 ojos observan al viajero. No son espías. Ni guardas de seguridad. Son 200 hombres que no pueden hacer otra cosa que mirar por el ventanuco 40 metros con vistas a las pistas de aterrizaje esperando a que pasen los días. Dos clases de extranjeros separados por un muro de cemento que marca dos abismos entre ellos. El turista inglés, que baja del avión dispuesto a disfrutar de unas agradables vacaciones en la isla; y el trabajador guineano, que cruzó el mar en busca de una vida mejor y ahora espera hacinado en un antiguo pasillo de embarque el desenlace de un futuro incierto. Un habitáculo de 40 metros de largo por 4 de ancho es el barracón de concentración para los inmigrantes recién llegados a Lanzarote, interceptados por la guardia civil en patera o en las playas de la isla. La improvisada celda está preparada para tener una capacidad máxima de 100 personas, pero con frecuencia viven hacinados 200 inmigrantes, la mayoría de ellos subsaharianos, durante un periodo de 40 días, tiempo estipulado por la ley, para que se formalice la extradición. El habitáculo está cerrado, la luz entra por el estrecho ventanal que lo comunica con las pistas de embarque, allí pasan la mayor parte del día, de donde sólo salen 1 hora por la mañana para ser conducidos en camión a una base militar situada a 500 metros del aeropuerto donde pueden ducharse y asearse. La situación no es exclusiva de esta isla, se repite por igual en todo el archipiélago. En Las Palmas de Gran Canaria son concentrados en el centro de internamiento «Barranco Seco» habilitado para 86 personas y en los que llegan a coincidir hasta 500 inmigrantes. Las condiciones son tan insalubres que no es extraño que los inmigrantes contraigan la sarna u otras enfermedades cutáneas. En Santa Cruz de Tenerife son directamente internados en el centro penitenciario «Tenerife 1» donde conviven con los presos comunes, llegando a crearse situaciones de verdadera tensión. Son los Guantánamos españoles, prisioneros sin derechos condenados por el simple delito de haber emigrado a España en busca de trabajo. La situación infrahumana que viven los inmigrantes ha sido denunciada ante la justicia por ONGs como Amnistía Internacional, Human Rights o por diversos colegios de abogados de las Islas canarias como trato vejatorio. Las fronteras de entrada de inmigrantes, se están convirtiendo en una hoya a presión que en cualquier momento puede estallar. La situación angustiosa no puede mantenerse por mucho tiempo. Entre diversos políticos, se escuchan por estas fechas, opiniones patidarias de restringir la entrada de inmigrantes con la excusa de reducir la masificación. ¿Cómo lo van a impedir, tratándolos de esta forma? ¿Creando campos de concentración? El PP se vanagloria de los triunfos conseguidos en materia de inmigración. ¿Qué triunfos? ¿El aeropuerto de Lanzarote o la cárcel de Tenerife? Lorenzo Guzmán Trabajadores por controlar Todos los trabajadores, españoles o extranjeros, debemos luchar juntos. Y tratar los ataques a los inmigrantes como cualquier otro ataque a las condiciones de vida o trabajo. Al tiempo que se hace propaganda del control de la inmigración, el gobierno afirma que se necesitan cubrir 18.000 puestos de trabajo en hostelería. ¡Vaya contradicción! ¿Si necesitan mano de obra, cómo se puede mantener trabajadores inmigrantes sin regularizar y negocios parados a la espera de que se cubran sus ofertas de trabajo? El control que el gobierno ejerce sobre los inmigrantes, aunque varía según sus intereses, es excesivo, impensable en cualquier otro sector de la clase obrera. En Madrid, por ejemplo, hasta hace un mes sólo se efectuaba la regularización de inmigrantes por sectores: servicio doméstico (lo que incluye asistencia doméstica, limpieza, cuidado de niños o ancianos...), tareas agrícolas, etc. Un trabajador inmigrante con los papeles en regla sólo podía trabajar en la provincia y en la categoría a la que estaba adscrito. Ahora, como necesitan más mano de obra, abren la mano y otorgan. Cualquiera que tenga una oferta de trabajo puede exigir sus papeles. El control no se reduce a los inmigrantes que ya están en España sino a los que están por llegar. Sólo se aceptarán aquellos que, además de venir con el visado en regla, lleguen desde su país con una oferta de trabajo en firme en España. El que se ejerza tanto control sobre los inmigrantes obedece a dos razones: una, es un sector de la clase obrera que no tienen encuadrado. Su carácter combativo y su unidad se puso de manifiesto el año pasado con los encierros y marchas de inmigrantes exigiendo «papeles para todos». Para el gobierno, los inmigrantes suponen un riesgo: al mismo tiempo que cubren la demanda de empleo que necesitan determinados sectores, pueden ser un revulsivo para el movimiento obrero en España, adormecido y desorganizado. Por otro lado, lo que está haciendo es la vieja táctica del divide y vencerás. Estratifica a los trabajadores entre inmigrantes y no inmigrantes, entre legales e ilegales, colocando distintos niveles separados entre sí que permiten ampliar la explotación sobre todos los trabajadores: «Trabaja tantas horas y en tales condiciones o contrato a un inmigrante.» «Que no se organicen los trabajadores marroquís o serán sustituidos por rumanos». El mismo chantaje que en otro tiempo hicieron entre los trabajadores fijos y los eventuales lo hacen ahora multiplicado por diez. Y con mucha más virulencia, pues en el caso de los inmigrantes ocultan lo que son condiciones de explotación tras un problema de marginación. Como si fueran ciudadanos discriminados a los que nosotros, los no discriminados, debemos ayudar. En esta visión reaccionaria, en la que con frecuencia suelen caer muchas organizaciones y personas progresistas, se oculta el trasfondo de explotación que subyace en todo esto, y tiende a tratar a los inmigrantes de forma paternalista, cuando son trabajadores como nosotros, al mismo nivel, con la misma dignidad que nosotros y el mismo derecho de enfrentarse a la explotación y a cambiar sus condiciones concretas de vida y de trabajo. Trabajadores que en algunas cosas como su radicalidad y organización independiente debemos tomar buena nota la clase obrera española. Ante esta operación de división, todos los trabajadores, españoles o extranjeros, debemos luchar juntos. Y tratar los ataques a los inmigrantes como algo propio, como cualquier otro ataque a las condiciones de vida o trabajo de los trabajadores. Lorenzo Guzmán 1¼ de Mayo «Española o extranjera, una misma clase obrera» La presencia de los inmigrantes se aprecia cada año más en el 1¼ de Mayo. Los trabajadores inmigrantes y sus organizaciones asistieron masivamente a las manifestaciones que, con motivo del día de la clase obrera, se celebraron en las principales ciudades de España, junto con los sindicatos y organizaciones de izquierdas españolas, fundiéndose con el grueso de los manifestantes, demostrando que somos la misma clase, luchamos juntos y tenemos los mismos intereses. Ahora que está tan en boga la «multiculturalidad», la diferencia de razas, de etnias, de culturas; las diferencias entre ciudadanos, la atomización de los trabajadores; inmigrantes, no inmigrantes, regularizados, no regularizados, nada como un 1¼ de Mayo para tirar por tierra estas teorías de fragmentación. Los inmigrantes, como parte cada vez más importante y numerosa de los trabajadores en nuestro país, están perfectamente integrados en su clase. No existe división entre los trabajadores, ni diferencias fundamentales. Pertenecemos a la misma clase, la que genera la riqueza y la que es desprovista de ella. Sabemos que todos estamos explotados, aunque las condiciones para cada sector sean diferentes. Somos conscientes de que nuestros enemigos son los mismos; y sabemos que en nuestra unidad está nuestra fuerza para luchar contra ellos. Nuestras consignas fueron las mismas: apuntaban contra los ataques del PP a los trabajadores y contra la política de guerra de EEUU en el mundo. Cantadas en árabe, en castellano o en polaco. Coreadas al son de los tambores africanos o de trompetas latinas. Y al grito de «Viva la lucha de la clase obrera» todas las voces se fusionaban en una sola. En Madrid, en Barcelona, en Valencia, en Sevilla, en Oviedo, en Bilbao, en Murcia...en cada ciudad de España el 1¼ de Mayo volvió a demostrar que una vez más, a pesar de los intentos por dividirnos, que, española o extranjera, somos una misma clase obrera.» |
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