SUMARIO

N 6 - MAYO 2002

INTERNACIONAL

Perfil:
Jean Marie Le Pen

Escribía Marx en la introducción de su libro «El 18 Brumario de Luis Bonaparte» que Víctor Hugo, al presentar el acontecimiento como «un rayo que cayese en un cielo sereno» y no ver en él más que al indivíduo, conseguía engrandecerlo atribuyéndole un «poder personal sin paralelo en la historia universal». Y afirmaba: «Yo, por el contrario, demuestro cómo la lucha de clases creó en Francia las circunstancias y las condiciones que permitieron a un personaje mediocre y grotesco representar el papel de héroe».

Quizá el término de mediocre no acierte a caracterizar al personaje que ha sido capaz de estremecer a toda Francia y con ella a Europa. Le Pen puede ser vulgar y brutal pero no es un hombre corriente; en cualquier caso, la reflexión de Marx resulta más que adecuada para poner en su sitio los perfiles del personaje que se difunden estos días. Podría suceder si no que la propaganda de los «políticamente correctos» escandalizados por el talante pendenciero y matón del personaje, acaben por conseguir engrandecerlo ante los ojos de un pueblo hastiado de una clase política monocorde y que jamás se refiere a las cosas por su nombre. Porque si algo se le reconoce al excelente orador Le Pen es su capacidad para formular las preguntas y preocupaciones que están en la calle, y con sus demagógicas y reaccionarias respuestas, arrasar a los políticos que nunca hablan de lo que preocupa a la gente.

Jean Marie Le Pen nació el 20 de junio de 1928 en un pequeño pueblo de la costa bretona, hijo de una familia de pescadores pobres. Efectivamente no es un político al uso, su pasado está plagado de encontronazos con policías en las comisarías en las que recaló desde bien joven a causa de las peleas que provocaba. Pero que nadie se equivoque, no se trataba de disputas políticas sino de rifirrafes con porteros y camareros de los bares, cabarés y bailes que frecuentaba. Su afición a la bebida y que ésta destapara su carácter más violento le llevaron a tener que abandonar la presidencia de la asociación de estudiantes de derecho. Es fornido, mide 184 y siempre sus rivales noctámbulos acababan maltrechos y de baja.

Quiso participar en las últimas guerras coloniales para defender la grandeur francesa, pero a todas llegó tarde. A Hanoi llega dos meses después de que hubiera caído Dien Bien Phu, a Suez dos horas después de que se decida el alto el fuego de la última expedición colonial de Francia y Gran Bretaña. Donde si consiguió pasar a la acción fue en Argelia, allí fue oficial de información en misiones de policía antiterrorista y tomó parte en detenciones e interrogatorios en los que se practicaban torturas. Se jactó de haberlo hecho, pero ganó el juicio contra Libération cuando el diario le acusó de haber practicado personalmente la tortura.

Durante años llevó un parche en un ojo que decía haber perdido en la guerra y que en realidad fue el fruto de una pelea con uno de sus rivales ultras. Ha sido condenado por apología de crímenes de guerra por publicar la carátula de un disco en la que se podía leer: «El ascenso al poder de Adolf Hitler y del partido nacional-socialista se caracterizó por un poderoso movimiento de masas, popular y democrático, ya que triunfó después de consultas electorales regulares, circunstancias generalmente olvidadas...».

Sus socios y amigos, con alguna excepción, han estado escogidos entre los antiguos partidarios de Vichy, pronazis e incluso colaboradores de las SS condenados después de la guerra. Participó en distintas formaciones ultraderechistas en las que siempre acababa provocando su ruptura.

Y su empujón definitivo fue fruto de la combinación de dos acontecimientos en los años 80: Primero se convierte en millonario al heredar una inmensa fortuna en medio de una escabrosa historia. El finado, Humbert Lambert, era un alcohólico al que acudían todos los ultras de Francia en busca de financiación. Le Pen y su mujer lo visitan asiduamente y consiguen que cambie el testamento nombrándolo único heredero, también hacen que su médico pase a ser un amigo de Le Pen. El millonario, ya gravemente enfermo y bajo prescripción del facultativo en cuestión, se atiborraba de pastillas al tiempo que no abandonaba el alcohol y fumaba 100 cigarrillos diarios.

Y el segundo acontecimiento que le catapulta es encontrar en la inmigración la clave para hacer emerger a la extrema derecha. Los políticos no hablan claro del tema, él concentra las preocupaciones de los franceses más desfavorecidos y propone solucionar el paro expulsando a los extranjeros. Mitterrand le echa una mano decisiva al instaurar el sistema proporcional en las legislativas del 86, con el objetivo de que arranque votos a la derecha; gracias a ello Le Pen entra en la Asamblea Nacional a la cabeza de un grupo de 35 diputados, lo que le permite una mayor difusión en los medios.

A finales de los 80 el Frente Nacional incorpora a una serie de cuadros que le dan coherencia organizativa y programa; lo que hasta entonces era un grupo articulado en torno a su figura pasa a ser un partido. El programa del partido contiene puntos clásicos de la extrema derecha: pena de muerte, prohibición del aborto, supresión del impuesto de la renta. Pero busca también el apoyo de los marginados de la globalización. El Frente Nacional proclama su antiliberalismo, su antieuropeismo y su antiamericanismo. Bajo el lema de «Francia y los franceses lo primero» propugna que Francia abandone por completo la OTAN, denuncie los tratados de adhesión a la Unión Europea y repudie el euro. Su oratoria no tiene parangón entre los demás políticos. Una de sus apariciones en la televisión privada, en las elecciones del 95, consiguió congregar a más de 10 millones de espectadores.

Ha sido declarado culpable del delito de provocar discriminación, odio y violencia racial por declarar en televisión que «el mundo islámico árabe» constituía un «peligro mortal» para los franceses, a los que considera «colonizados». Ha sido multado con 100.000 francos por afirmar que «las cámaras de gas no eran más que un detalle en la historia de la Segunda Guerra Mundial». La incógnita a resolver es por qué casi 5 millones de franceses, conociendo la retahíla de méritos del personaje, lo han votado para presidir su República, una de las democracias más antiguas y avanzadas del mundo.

Como haría Marx, se trata de desentrañar «cómo la lucha de clases ha creado en Francia las circunstancias y condiciones para que un personaje mediocre y grotesco haya pasado a ocupar el papel de héroe», sólo así podrá darse un tratamiento adecuado que cure la enfermedad.


Le Pen quedó en cabeza en varios bastiones tradicionales del Partido Comunista

En Francia no hay un 20% de excluidos ni de fascistas, al menos ésa es la conclusión que se extrae de los sondeos publicados. Los votantes del Frente Nacional son personas integradas, que desean protestar contra lo que consideran un sistema corrupto y decadente, pero no aspiran a un proyecto fascista. Según los estudios sociológicos, el perfil medio de votante de Le Pen es «joven, más bien masculino; obrero o parado; un voto que progresa en las pequeñas ciudades, un movimiento que ha creado una verdadera dinámica entre los empleados». No se trata de gente desesperada ni marginal, sino de un voto que trasciende sus feudos en el sureste para extenderse hacia el este y el norte de Francia.

Entre los votantes de Le Pen dominan las clases trabajadoras. Los sondeos atribuyen el voto a Le Pen distribuido de la siguiente manera:

En personas entre los 50 y los 64 años, habría recogido el 22% del sufragio total; además del 19% de los que tienen más de 65 años.

Pero también domina entre los jóvenes, un 20% de las personas entre 18 a 24 años habría votado por el líder del Frente Nacional, contra el 12% por Jospin, el 11% por Mamre (ecologista), 10% por Chirac y 10% por Besancenot (trostkista).

Un 30% de los parados también votaron a Le Pen, contra 18% a Chirac y 16% a Jospin.

El líder ultra también cuenta con apoyos entre los pequeños empresarios, según las encuestas un 18% de los patrones de la industria y el comercio y a un 19% de los artesanos y comerciantes, votaron a Le Pen en la primera vuelta.