SUMARIO

N¼ 6 - MAYO 2002

CULTURA

Alvaro Mutis, Premio Cervantes 2002

España desde Colombia

Vivimos en un mundo que parece una novela de ciencia-ficción donde rige la demencia.

«Un novelista colombiano escribió alguna vez: «Al entrar a España no tengo la impresión de llegar, sino la de volver». Quizás a muchos españoles les resulte extraño este sentimiento, pero les aseguramos que esa sensación es la tópica del criollo, la del indiano, la del colono o del colonizado nacido en esos territorios de lo que fue el antiguo imperio de España. Si nos atrevemos a hacerle un reclamo a esa gran nación que nos enseñaron a considerar, con razón o sin ella, como nuestra Madre Patria, es por el hondo convencimiento que tenemos de no ser ajenos a España...»

«...nunca hemos renegado, ni podríamos hacerlo, de nuestro pasado español. Nuestros clásicos son los clásicos de España, nuestros nombres y apellidos se originaron allá casi todos, nuestros sueños de justicia, y hasta algunas de nuestras furias de sangre y fanatismo, por no hablar de nuestros anticuados pundonores de hidalgo, son una herencia española.»

Así comienza la carta que un grupo de escritores colombianos, encabezados por el Nobel García Márquez y los escritores álvaro Mutis, Fernando Vallejo y William Ospina, entre otros, remitieron al gobierno español negándose a pisar España mientras no se eliminara el requisito a los ciudadanos colombianos de llevar visado para entrar en nuestro país.

La carta refleja en cada uno de sus párrafos la profunda unidad, no sólo cultural sino de pensamiento, de valores, de forma de concebir el mundo, que como un cordón umbilical multidireccional nos une a toda la comunidad hispana. Un sentir que funde el sentido del honor castellano con el disfrute de la vida del Al Andalus musulmán y que se potencia y enriquece al cruzar el Atlántico. Ese pensamiento parido en España y formado en todo el mundo hispano, tan lleno de vida, que se opone, como la luz a la oscuridad, al frío interés de la globalización anglosajona que impera en nuestros días, está presente de una manera muy especial en la obra y el pensamiento de nuestro más reciente premio Cervantes Ð El Nobel de las letras CastellanasÐ el colombiano álvaro Mutis.

El honor de capa y espada

Alvaro Mutis se define así mismo como «monárquico medieval» en el sentido profundo. «un personaje de otra época perdido en un mundo que parece una novela de ciencia-ficción donde rige la demencia». Un hidalgo de estirpe española que antepone el honor al interés, el corazón a la razón. Por eso su vida está llena de maravillosas locuras propias de manicomio para cualquier ejecutivo «eficaz», como invertir los beneficios de la multinacional para la que trabaja en financiar proyectos culturales y luego pagar con la cárcel la osadía. O impregnar sus escritos de maravillosa dignidad propia de nobles sin fortuna, en un mundo que resquebraja los valores con el cuchillo del frió interés monetario. Considera la monarquía como un poder social que viene de lo alto y ordena el caos de la sociedad por una condición que sobrepasa al cargo político. El honor, la palabra, la fidelidad a unos valores y a un territorio. Una forma de concebir la sociedad hecha añicos por el mercantilismo anglosajón y el puritanismo protestante, que impone a sangre y fuego el frío interés del dinero haciendo añicos los principios.

Un pensamiento éste, que hunde sus raíces en las tragedias de capa y espada de Calderón de la Barca o en las aventuras y desventuras de «Don Quijote de la Mancha». En lo mejor de la nobleza española que se lanzó a la conquista de un nuevo mundo, movida en primer lugar por la fe, y que educó a cuantos encontró por el camino en sus mismos valores. Unos valores que el paso del tiempo no ha logrado borrar. «Hubiera querido vivir durante buena parte del reinado de su Muy Católica Majestad el Rey Felipe II, gozando del favor y del aprecio del monarca. En un vasto palacio madrileño destartalado e incómodo, complicado en todas las intrigas del palacio real, participando en la caída de Antonio Pérez (el espía inglés en la corte, que luego fraguó la «leyenda negra» española, siendo cómplice y gestor de la muerte del pálido infante Don Carlos) y formando parte de la comitiva que viajó a París para acompañar a la dulce esposa francesa del pálido monarca(...) Hubiera querido morir en Coimbra, desterrado por el Conde-Duque (primer ministro del Rey), alejado de la corte y muertos ya mis viejos amigos Calderón de la Barca y el venenoso arcediano de la catedral de Córdoba, Don Luis de Góngora, me hubiese contentado para mi muerte con aquello que dicen las letanías del señor Mariscal: «Dadme un sitio seco, un ataúd de pino, las plegarias de un monje y una mortaja de lino».

Así se pronunció álvaro Mutis al recoger el Premio Príncipe de Asturias de las letras, meses atrás, y así definió el porqué en una rueda de prensa: «Jamás he ocultado mi admiración por la Edad Media. Y es que durante el Medioevo existía una comunicación de persona a persona, una noción de individuo que hemos perdido completamente. Sin embargo, preferiero el siglo XVII. Un siglo en el que la elegancia y el bien decir estaban puestos a marchar en la forma más bella: había cinismo y era una época de bien escribir, además de libertinaje. Nuestro presente me parece siniestro. El hombre ha vuelto a una edad oscura y tenebrosa. Y la respuesta militar de Estados Unidos contra Afganistán, lo que está sucediendo en Palestina, el ataque a Irak, lo está demostrando. La globalización es una sandez típica de nuestro tiempo. Un plan de mercado y es que le recuerdo que vivimos en un gran supermercado. Globalizarnos indica y supone la pérdida de la personalidad, la pérdida de la identidad nacional, la pérdida del amor por nuestro suelo, parte esencial nuestra».

El pensamiento de Mutis no refleja a un hombre retrógrado, anquilosado en el pasado, sino avanzado, libre, que se enfrenta a la frialdad del pensamiento único con la viveza de los principios, tan vivos, tan presentes en nuestra cultura, como las obras que la representan, como «El Quijote».

El Quijote del trópico

Dice Gabriel García Márquez: «Todos somos Maqroll el Gaviero». El personaje emblemático que desde «Los Elementos del Desastre», el poemario que Mutis publicó 1953, ha protagonizado la mayor parte de sus relatos. Todos nos podemos vernos reflejados en Maqroll, el navegante que arrastra por aguas del trópico su soledad y le lleva a enfrentarse a la muerte de toda ilusión. Como todos, salvando las distancias, nos identificamos con «Don quijote», el hidalgo que recorre el mundo para deshacer entuertos, o «Sancho Panza», su fiel escudero labriego que aporta sensatez al idealismo de su amo al tiempo que se entrega a sus causas nobles.

Para Mutis, como para Cervantes, la vida es un viaje sin fin cargado de aventuras. Pero no un viaje de grandes personajes épicos, héroes aleccionadores a los que imitar, como en las grandes novelas épicas de caballería y viajes; sino personajes corrientes que emprenden un trayecto cargado de vida. No es extraño que fuera el errante soldado manco de Lepanto quien inmortalizara al hidalgo Quijano en la novela más universal de la historia. Como tampoco lo es que Mutis, el viajero infatigable, sea el autor de algunos de los mejores libros de viajes escritos en las últimas décadas.

Hijo de un diplomático colombiano en Bruselas, regresa a los 9 años a Colombia tras la muerte de su padre. Huye a México en 1956 porque la multinacional ESSO, para la cual trabajaba de relaciones públicas, lo acusa de malversar fondos en proyectos culturales. Es encarcelado por ello durante año y medio, y posteriormente desempeña los más variopintos trabajos que le hacen viajar por todo el mundo.

La vida se convierte en la mejor fuente de inspiración para el arte. La literatura de Mutis está impregnada de experiencias personales que le dan ese carácter de autenticidad. Y como en lo mejor de la tradición literaria castellana, adopta el punto de vista del pueblo, de los oprimidos, de los que sufren. Algo que pasa a marcar de forma especial su obra y su vida tras su estancia en la cárcel, la cual considera como una de las experiencias más enriquecedoras de su vida. Adoptar ese punto de vista le hace conectar con lectores de todo el mundo y difundir otros valores opuestos a los dominantes.

Juan del Moral.