SUMARIO

N¼ 6 - MAYO 2002

SOCIEDAD

Juicios a sacerdotes en EEUU:
Un «voyeur» en la sacristía

La caida del muro de Berl’n ha abierto la puerta para que la iglesia actœe por libre en el nuevo escenario mundial, pero tambiŽn para que deje de ser intocable

Los principales esc‡ndalos sexuales que inundan la actualidad religiosa arrancan de la vieja y conocida, aunque no por ello menos perversa y condenable, pr‡ctica de la pederastia entre los sacerdotes. La pol’tica de tolerancia cero impulsada por el vaticano es una medida de contenci—n imprescindible, pero claramente insuficiente. El calado de la crisis abierta, todav’a por manifestarse en toda su intensidad, sugiere una mano hiriente interesada en hacer da–o. Un voyeur interesado en que el mundo vea a travŽs de sus ojos los m‡s ’ntimos detalles de lo que ocurri— en la sacrist’a.

El cardenal de la archidi—cesis de Boston (Massachussetts), Bernard Law, era hasta hace poco una de las figuras m‡s prominentes de la Iglesia en EEUU ya que ha servido de l’der espiritual de la influyente comunidad cat—lica de Boston desde 1984. Hoy es cuestionado por haber permitido que en su archidi—cesis se cometieran abusos sexuales contra menores por parte de religiosos, incumpliendo de esta manera las propias reglas internas de la iglesia. Law ha aceptado facilitar a la justicia los nombres de m‡s de 80 sacerdotes acusados de agresiones sexuales contra menores hacia finales de los a–os setenta.

De los trece cardenales que hay en EEUU, al menos dos (en Nueva York y en Los Angeles) han sido o est‡n siendo investigados por casos an‡logos. De los 46.000 sacerdotes estadounidenses, m‡s de un centenar est‡n implicados en casos de abusos sexuales contra j—venes y pederastia. Varios obispos se han visto obligados a renunciar al cargo por los mismo motivos y los responsables de la Iglesia de EEUU han lanzado la alarma de que est‡ en juego la credibilidad de la Instituci—n, para lo cual han decidido aplicar desde ahora la expulsi—n de todo aquel que practique la pedofilia. ÀPor quŽ le estalla un problema cr—nico en las manos al Vaticano como si se tratara de un repentino terremoto que zarandea sus cimientos?

Tolerancia cero

Tolerancia cero a la pedofilia, s’, por supuesto. Pero la dimensi—n y la forma en que se ha presentado este caso incita a pensar en que el epicentro del terremoto no est‡ solamente en la iniciativa judicial que han tomado las v’ctimas que est‡n llevando a la bancarrota no s—lo la credibilidad en la instituci—n sino la econom’a de muchas de sus sedes.

De acuerdo con las leyes estadounidenses, la di—cesis debe responder econ—micamente del delito en lugar del sacerdote culpable. ÀPor quŽ no ha sido capaz la Iglesia de impedir que este esc‡ndalo ocupe las portadas de los principales peri—dicos, haciendo que, hasta en Espa–a, la venganza del amante del cura homosexual de Nerja se convierta en titular de primer plano? Los propios cardenales reconocen en Žsta una crisis de la Instituci—n, de su credibilidad. Una crisis que apunta alto en la jerarqu’a eclesi‡stica y por tanto en la relaci—n de la Iglesia sobre millones de personas en todo el planeta.

Adem‡s es una crisis extensa. Los esc‡ndalos sexuales en los que est‡n implicados sacerdotes y obispos afectan a varios pa’ses adem‡s de EEUU, entre ellos Polonia, Alemania, Irlanda y MŽxico. En Italia, la Iglesia advierte que pronto van a salir casos a la luz pœblica. ÀPor quŽ ahora? A nadie sorprende a estas alturas la existencia de estas pr‡cticas entre los sacerdotes. ÀPor quŽ estalla el caso ahora y no lo hizo hace veinte o hace diez a–os?

La contestaci—n no puede pasar por alto los enormes cambios en la situaci—n mundial que han acontecido en los 90. Cuando exist’a la URSS, el frente antisoviŽtico aglutinaba una serie de poderes bajo la batuta norteamericana. La Iglesia es una parte clave, como demuestra que el Papa se jactara de que fuera en su tierra natal, Polonia, uno de los sitios donde empez— la descomposici—n del socialimperialismo soviŽtico. La Iglesia era intocable. La ca’da del muro de Berl’n ha abierto la puerta para que actœe por libre en el nuevo escenario mundial, pero tambiŽn para que deje de ser intocable.

Como œnica superpotencia, EEUU va a tener que mantener la hegemon’a mundial impidiendo que los poderes que antes aglutinaba el frente antisoviŽtico le contrar’en. A pesar del conservadurismo ideol—gico de la cœpula eclesi‡stica, la posici—n de la Iglesia ante los conflictos mundiales la han colocado contra el gigante norteamericano y no en la corriente de sus proyectos. Su posici—n en la Conferencia de El Cairo en contra de los planes de control de natalidad que el imperialismo lleva a cabo en el Tercer Mundo, su oposici—n y denuncia a las intervenciones militares norteamericanas en Yugoslavia y Afganist‡n, la visita del Papa a Cuba o el apoyo de los franciscanos a los palestinos sitiados por Sharon en la bas’lica de BelŽn son los ejemplos m‡s significativos. Se adivina la mano de los servicios norteamericanos en la llave de la espita que ha lanzado la pederastia de los cardenales al mundo para romper el espinazo del que ahora pretende ir por libre.

Los cardenales claman por una reforma profunda del estatus sacerdotal, y con toda la raz—n, para impedir que sus puntos dŽbiles constituyan ventanas por las que el omnipresente voyeur muestre al mundo lo sucios que son los que osan desafiarle.


Entrevista a Juan JosŽ Tamayo, te—logo

De Verdad publicamos un extracto de la entrevista hecha a Juan JosŽ Tamayo, te—logo, sobre los recientes esc‡ndalos que han tocado a la iglesia en materia de sexualidad.

El episcopado norteamericano ha sido uno de los m‡s cr’ticos desde hace treinta a–os con toda la teor’a armament’stica del pent‡gono

DV.-ÊÀDe quŽ son expresi—n los esc‡ndalos sexuales que afectan a la Iglesia?
J.J.T.- Los casos de pederastia, de abandono del ministerio para casarse, las declaraciones pœblicas de pr‡cticas de homosexualidad o heterosexualidad por sacerdotes, etc. son la expresi—n de un profundo malestar en la Iglesia provocado por la imposici—n del celibato. Es urgente revisar la obligatoriedad del celibato en la Iglesia. Las opciones sexuales son de libre decisi—n de la persona y no tienen por quŽ afectar a la fe para nada El œnico sentido que tiene el celibato es cuando es opcional. El caso m‡s grave y m‡s escandaloso es el de la pederastia. Se trata de uno de los casos de mayor violencia y de mayor agresi—n contra personas indefensas que no tiene ninguna justificaci—n. Sus responsables deben ser llevados a los tribunales y ser juzgados.

DV.-ÊÀPor quŽ ahora se da un estallido sobre un tema que se arrastra desde hace a–os?
J.J.T.- Desde la Iglesia oficial se considera que estamos ante una campa–a de los medios de comunicaci—n de car‡cter laicista para desacreditar a la Iglesia. Esta interpretaci—n no se sostiene. No se trata de casos espor‡dicos que se est‡n explotando al m‡ximo sino que hay una gran cantidad de casos. La tendencia de los jerarcas cat—licos de la Iglesia de EEUU es a ocultar estos casos e incluso a proteger de la justicia a los implicados. Han sido los medios de comunicaci—n los que, al hacer pœblicos estos hechos, han facilitado el reconocimiento pœblico por parte de la Iglesia y la condena radical que ha hecho el mismo Juan Pablo II.

DV.- Aparte de un movimientoÊdemocratizador interno, Àpuede ser que exista un interŽs por parte del poder hegemonista norteamericano en debilitar el papel que juega la Iglesia en la situaci—n mundial, claramente opuesto, como hemos visto, a sus intervenciones militares, al bloqueo sobre Cuba...?
J.J.T.- No acabo yo de ver claramente la conexi—n entre los dos temas. Una cosa es la actitud trasnochada y regresiva que tiene la Iglesia sobre la sexualidad.Y otra la posici—n que tiene en materia social y pol’tica, mucho m‡s acorde con los valores del evangelio, como el de solidaridad. Denuncia claramente los abusos del capitalismo, sin condenarlo radicalmente como s’ ha condenado el modelo socialista. Pero es de justicia reconocer que en el viaje a Cuba no descalific— propiamente ni el modelo comunista de Castro ni la situaci—n de pobreza en la que se encontraba este pueblo, porque era muy consciente de que la responsabilidad en el deterioro del pa’s no era del modelo sino de las fuerzas externas que estaban impidendo su desarrollo. Es de las pocas voces de instituciones con poder que m‡s decididamente apuesta por la paz y se opone al armamentismo y a la guerra. En la guerra del Golfo no utiliz— el nombre de Dios en vano, mientras que Bush senior invoc— aquella noche al Dios de los cristianos como aval, Sadam Hussein a Al‡ y, por supuesto, Israel a su viejo Dios jud’o.

DV.- Entonces no es descabellado pensar en que s’ puede haber un interŽs en debilitarla...

J.J.T.- Algœn indicio hay. El episcopado norteamericano ha sido uno de los m‡s cr’ticos desde hace treinta a–os con toda la teor’a armament’stica del Pent‡gono. En los a–os ochenta los obispos norteamericanos publicaron un documento a favor de la paz contrario a toda la pol’tica belicista de Reagan. Es posible que la Iglesia no se haya comportado de forma servil frente al discurso belicista de Bush junior. Desconozco la posici—n de la Iglesia norteamericana sobre el once de septiembre y las medidas tan de gendarme de los EEUU, tan preocupados por la seguridad que justifican la represi—n generalizada contra los inmigrantes musulmanes e hispanos.

La entrevista completa la podŽis leer en el pr—ximo nœmero de la revista ÒChispasÓ.