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Nž 7 - MAYO 2002 |
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EDITORIAL Se
confirma el autoataque del 11-S: ¿Qué cómo pueden ser capaces? ¿Pero no ha estado unido a millones de cadáveres el avance del hegemonismo norteamericano? «Es muy posible que la cadena de horrendos ataques haya sido obra de los talibanes, pero esto no altera la sustancia del problema. También en Pearl Harbour el ataque fue obra de los japoneses. ¿Es creíble que los talibanes, creados, financiados, armados por la CIA para combatir la invasión soviética de Afganistán, no estén infiltrados de algún modo por ellos? ¿Nos quieren hacer creer que el FBI o la CIA no sabían nada de esto? No podemos decir en qué consiste la trama, no disponemos de las fuentes de información necesarias. Pero si ellos hicieron la guerra bajo la consigna de «Redordad el Maine, ahora SI; ahora todos los pueblos del mundo tenemos que recordar El Maine, recordar Pearl Harbour, recordar el asesinato de Kennedy... Porque no tenemos los datos, pero sí la memoria» (Recordar el Maine, editorial del De Verdad, septiembre 2001) Era una hipótesis, porque no podíamos acceder a los datos. Pero no estába cargada con las certezas de la memoria: previamente a cada periodo de expansión siempre había habido un autoataque que quebrara las resistencias a los planes imperiales. Nadie nos iba a hacer creer que la CIA no conocía los planes de unos talibanes que había contribuido a crear. Y ahora ellos mismos lo han confirmado. El material acumulado por los servicios secretos estadounidenses desde 1999 confirmaba que Ben Laden preparaba un atentado en EEUU; conocían que utilizaría el secuestro de aviones como medio, y dispusieron de indicios muy precisos dos meses antes de los atentados. Avisábamos que, si al ataque permitido de Pearl Harbour le siguió Hiroshima y Nagasaki , detrás de las Torres Gemelas se cernía un peligro para la paz mundial. Y, efectivamente, un mes antes del 11-S, el Pentágono entregó a Bush el plan militar que luego se cumplió milimétricamente en Afganistán. Hoy el autoataque es una evidencia empírica, hace unos meses la respuesta era, o bien atribuirlo a «dislocadas teorías conspiratorias», o retroceder espantados ante el horror. Unos pocos actuaron movidos por instrucciones precisas, tendrán que explicar ahora sus palabras a la luz de las noticias difundidas recientemente. Pero una buena parte se preguntaba «¿cómo es posible que sean capaces de provocar el asesinato de miles de los suyos?». Recordar el Maine, recordar Pearl Harbour, recordar la interminable lista de golpes y dictaduras militares fabricadas en los sótanos de Washington. ¿Qué cómo pueden ser capaces? ¿Pero no ha estado unido inevitablemente a millones de cadáveres el avance del hegemonismo norteamericano? Olvidar el negro carácter del imperialismo norteamericano es condenarse a mantener los ojos cerrados ante muchas de sus criminales actuaciones. ¿Teorías conspiratorias? Quien no parta del control y capacidad de infiltración y reconducción que, como superpotencia, posee EEUU estará destinado a dejarse arrastrar por las corrientes generadas desde Washington. Recordar el Maine, recordar Pearl Harbour, recordar las Torres Gemelas para evidenciar hasta que punto la voracidad del complejo militar industrial norteamericano se ha convertido en el primer peligro para la vida, la paz y la libertad en el mundo |
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