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N¼ 7 - MAYO 2002 |
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NACIONAL - CATALUNYA Racismo
en Cataluña: La mayor responsabilidad en los rebrotes racistas recae sobre una izquierda que ha extendido durante años el veneno que incuba los huevos de la serpiente. Simultáneamente a los enfrentamientos racistas en Premiˆ de Mar, Artur Mas, conseller en cap y sucesor in pectore de Pujol, presentaba una exposición denominada «Cataluña, tierra de acogida». Sangrante coincidencia que ilustra el trayecto recorrido durante los veinte años de gobierno nacionalista: desde la Cataluña democrática e integradora de la transición, donde «es catalán todo aquel que vive y trabaja en Cataluña», hasta los brotes de integrismo y xenofobia con que se abre el siglo XXI. ¿Quién se puede extrañar de lo ocurrido estos días tras las declaraciones de Ferrusola, donde dibujaba un futuro apocalíptico en el que las mezquitas sustituían a las venerables iglesias románicasÉ después de que Pujol certificará lo que parecía una simple salida de tono de la primera dama afirmando que «tan sólo ha dicho en público lo que muchos piensan en privado»? ¿Existe alguna diferencia sustancial entre el reconocido fascista Anglada y los «deseos privados» de la burguesía catalana? Las características de la burguesía catalana le han conducido a emplear con inusitada virulencia el racismo de clase. Primero con los «charnegos», término denigrante adjudicado a los obreros del resto de España que llegaban a ser explotados por los ancestros de Pujol, y ahora con «los moros». Empuñando una delirante e hipertófrica «identidad catalana»como el bisturí de clase con el cual identificar, estigmatizar y aislar a una buena parte del pueblo trabajador. Para adquirir el certificado oficial de integración deben aceptar la «identidad catalana», consistente en inclinar la cabeza ante el dominio de la burguesía catalana y asumir de buen grado el papel secundario y marginal que como simple mano de obra les corresponde. La llegada de nuevos e incontrolados proletarios del Tercer Mundo sin troquelar obliga a redoblar esta vieja estrategia. Pero el dato más sangrante lo constituye el que los provocadores fascistas puedan encontrar base de masas, o cuanto menos comprensión, entre sectores nada despreciables de trabajadores. Y que sea precisamente en los barrios obreros ( Ca NÕAnglada en Tarrasa o Premiˆ de Mar) donde mayor nivel de influencia y encuadramiento alcanzaron los partidos de izquierda y los sindicatos. Ateniéndonos a un baremo justo, quizá la mayor responsabilidad recaiga sobre una izquierda que ha extendido durante años el veneno que incuba los huevos de la serpiente. Sembrando, al remover todos los principios y objetivos populares, un sida que permite penetrar entre el pueblo a las alternativas más reaccionarias. Alimentando a los viejos luchadores en una ponzoña ideológica que justificaba los mayores desmanes. Sustrayendo a los más jóvenes la memoria y los referentes de lucha, convirtiéndolos en carne de cañón de los movimientos fascistas. Esta es la explicación, y sobre todo los responsables, del aparentemente increíble bochorno de que un reconocido fascista como Anglada se haya convertido en líder ciudadano de uno de los barrios catalanes más combativos y radicalizados en la transición. |
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