SUMARIO

N¼ 7 - MAYO 2002

ESPECIAL HUELGA GENERAL

¿Una huelga general política?

¿Una Huelga General política? ¿Pero acaso las medidas económicas del gobierno son otra cosa que la política que conviene a monopolios y multinacionales, la clase a la que ellos sirven?

Afirma el gobierno que la Huelga General del próximo 20-J es una «huelga política». Pretende con ello, al parecer, descalificar la convocatoria, restarle fuerzas de apoyo entre quienes, piensan ellos, pueden atemorizarse al escuchar una expresión tan contundente: «una huelga política». Por su parte, los sindicatos rebaten las acusaciones del gobierno, buscando argumentos económicos que demuestren su inocencia: ellos no convocan «huelgas políticas». La cosa sería de risa sino fuera porque pone de manifiesto el ínfimo grado de conciencia política y memoria histórica al que dirigentes políticos y sindicales parecen querer conducir al país. «¡Qué tiempos estos en los que hay que luchar hasta para demostrar lo evidente!»

¿Es el 20-J una huelga política? Por supuesto que sí. Es más, no existe en la historia del movimiento obrero ninguna Huelga General que no haya sido política. Y todavía más. La Huelga General es un medio de lucha desarrollado por la clase obrera para utilizarla como un arma política de clase con la que, por un lado, golpear a los explotadores y hacerles retroceder y, por otro, para aumentar la conciencia de los explotados, elevar el grado de unidad y organización que necesitan en su camino de construir una sociedad sin clases.

Jamás antes ninguna otra clase social explotada u oprimida pudo llegar a imaginar nada igual. Precisamente porque la clase obrera es la que produce con su fuerza de trabajo toda la riqueza, puede plantearse paralizar el país. Esta es su fuerza. Ningún gobierno del mundo podría hacer una cosa así, si no es sacando los tanques a la calle.

Desde esta perspectiva, que es poco más que el abecé de la historia del mundo contemporáneo, algo que se estudia, o debería hacerse, en los manuales de la ESO, la disputa de si el 20-J es o no una huelga política no debería ir más allá de parecer una pelea pueril y ridícula. Pero sin embargo no lo es. Pues tras ella se oculta todo el andamiaje ideológico, político y social sobre el que está construido el poder de las burguesías monopolistas en las sociedades desarrolladas. Las huelgas no deben tener objetivos políticos, mucho menos si son ambiciosos, no deben pasar de aspirar a conseguir algunos pequeños logros, unas cuantas mejoras, lo necesario para que el capital pueda seguir incrementando su poder sobre el trabajo asalariado sin liquidarlo físicamente. Los trabajadores no hacen política como clase social con sus propios intereses y su propio proyecto, opuesto al de sus principales explotadores, sino como «ciudadanos» con los que forman una amalgama irreconocible, sin identidad, perfil ni objetivos propios.

¿Una Huelga General política? ¿Pero acaso las medidas económicas del gobierno son otra cosa que la política que conviene a monopolios y multinacionales, la clase a la que ellos sirven? ¿Por qué entonces los trabajadores no podríamos hacer la política que conviene a los nuestros? ¿Es que van a constituir, también, el monopolio de los que pueden y los que no pueden hacer política?

Sin embargo, ante las acusaciones del gobierno, los sindicatos se deshacen en excusas. Nada extraño, por otra parte, en la línea dominante en las cúpulas sindicales que ha decidido, hace ya mucho tiempo, que para ellos el movimiento lo es todo, el fin no es nada. Que lo único importante es arrancar pequeñas concesiones al capital, aunque para ello tengas que renunciar a tu destino y te veas conducido a desistir de emanciparte de tu condición de explotado, de fuerza de trabajo asalariada. Que ha convertido a los actuales sindicatos en organizaciones ultraburocratizadas, cada vez más alejadas y ajenas a los intereses de la mayoría de la clase y cada vez más dependiente de las subvenciones del Estado para poder subsistir.

Que han llegado, incluso, para justificar su abandono de las banderas históricas de lucha por acabar con la explotación capitalista a profetizar la extinción de la clase obrera, convertida por obra y gracia de la revolución científico técnica en «trabajadores de cuello blanco» que demandan un «sindicalismo de gestión» y no de lucha. ¿Huelga General política, señor Aznar? Para los trabajadores conscientes de nuestros intereses como clase, no hay la más mínima duda de que sí.

A. Beloki