SUMARIO

N¼ 7 - MAYO 2002

REPORTAJE CENTRAL

11-S:

Hipótesis confirmada

«Recordad el Maine» Final de editorial del De Verdad n¼ 17 de 2001, publicado días después del atentado contra las Torres Gemelas: «Es muy posible que la cadena de horrendos ataques haya sido obra de los talibanes, pero esto no altera la sustancia del problema. También en Pearl Harbour el ataque fue obra de los japoneses. ¿Es creíble pensar que los talibanes, creados, financiados, armados y formados por la CIA para combatir la invasión soviética de Afganistán, no estén infiltrados de algún modo por ellos? ¿Nos quieren hacer creer que el FBI o la CIA no sabían nada de esto? No podemos decir en qué consiste la trama, no disponemos de las fuentes de información necesarias. Pero si ellos hicieron la guerra bajo la consigna de «Recordad el Maine», ahora SI; ahora todos los pueblos del mundo tenemos que recordar El Maine, recordar Pearl Harbour, recordar el asesinato de Kennedy.... Porque no tendremos los datos, pero sí la memoria».

Las certezas del 11-S

Las informaciones aireadas por la cadena CBS y los diarios New York Times y Washington Post han puesto en evidencia que el funcionamiento de los servicios secretos norteamericanos no resultó tan ineficaz como se afirmó en su día. Las investigaciones colocaban ante la pista con tal precisión que sólo la decisión de enterrarlas en el cajón de un despacho central permitió el desenlace del 11-S que todos conocemos.

Los servicios de espionaje norteamericanos acumularon desde diciembre de 2000 numerosos indicios de que Bin Laden preparaba un gran atentado en EE UU y conocían desde años antes los planes de Al Qaeda de utilizar pilotos suicidas para destruir edificios con aviones. La sucesión de los principales datos y fechas proporcionados por informadores anónimos de los servicios secretos y ratificados por algunos documentos públicos -aunque la mayoría siguen siendo secretos- ponen de manifiesto que el esquema del atentado del 11-S se conocía de antemano: 1999: «Al Qaeda podría estrellar un avión cargado de explosivos contra el Pentágono, la sede de la CIA o la Casa Blanca». Frase textual de un informe redactado por el Consejo de Inteligencia Nacional y distribuido a todas las agencias de espionaje y seguridad. El presidente de dicho consejo ratificó que la posibilidad de que el terrorismo utilizara aviones como armas estaba prevista desde hace años.

En 1995 la policía filipina informó al FBI de que un detenido de Al Qaeda había confesado un plan para atacar territorio estadounidense por el método de secuestrar un avión comercial y estrellarlo contra la sede de la CIA o el Pentágono. 5 de julio de 2001: «Algo espectacular va a ocurrir aquí y va a ocurrir pronto». El máximo responsable de la lucha antiterrorista del equipo de Bush, Richard Clarke, advierte sobre el peligro de atentados en una reunión con miembros del FBI y la Agencia Federal de Aviación (FAA). Clarke ordenó a todos los miembros de su oficina que cancelaran viajes y vacaciones. 10 de julio de 2001: «Posible presencia de terroristas en escuelas de aviación de EE UU» La oficina del FBI en Phoenix (Arizona) envió a la central de Washington un memorando con este aviso y pide que todas las escuelas de aviación sean investigadas buscando posibles miembros de Al Qaeda. Casi al mismo tiempo la FAA informa a las aerolíneas de que «grupos terroristas preparan el secuestro de aviones».

El 15 de agosto agentes del FBI en Minnesota detienen a un sospechoso, estudiante en una escuela de aviación, al denunciar sus profesores que no quería aprender a despegar o aterrizar y sólo le interesaba el manejo de un avión comercial en pleno vuelo. Un agente del FBI redacta una nota en la que afirma que el detenido «es la clase de persona capaz de estrellar un avión contra el World Trade Center» (Las Torres gemelas). El ordenador del detenido, considerado un terrorista peligroso por la justicia francesa, no se investiga.

6 de agosto de 2001: «Bin Laden decidido a golpear en EE UU». Así se titulaba el informe que los servicios secretos pusieron a disposición de Bush en esa fecha, en él se especificaba el posible secuestro de aviones comerciales. Bush también dejó pendiente sobre su mesa, al irse de vacaciones, el plan de guerra para actuar contra Al Qaeda que contenía punto por punto la estrategia seguida después en la guerra contra los talibanes: uso de la Alianza del Norte, creación de una coalición internacional y acoso a las finanzas terroristas.

SELECCIóN DE PRENSA

Operaciones atribuidas a grupos comunistas y/o revolucionarios y que luego hemos sabido que fueron preparadas y ejecutadas por los servicios secretos norteamericanos.

Incógnitas del 11 de septiembre José Vidal-Beneyto El PAíS, Sábado, 6 de abril de 2002 Seis meses y medio después de los monstruosos atentados de Nueva York y Washington, siguen sin esclarecerse muchos aspectos relativos a sus autores y estrategia, (...) todo esto sucede en un clima de gran desconfianza informativa, consecuencia de numerosas disfunciones de los medios y, en particular, del recurso sistemático al ocultamiento y a la manipulación por parte del poder político, sobre todo con ocasión de los conflictos bélicos. Recordemos las acciones violentas en Irán atribuidas a extremistas que sirvieron para acabar con Mossadegh; las agresiones antiamericanas en Guatemala que justificaron el golpe de Estado que derrocó al presidente Arbenz; los diversos intentos de desembarco en Cuba y entre ellos el de la Bahía de los Cochinos; al igual que los incidentes de Tonkin que justificaron la intervención en Vietnam.

Operaciones todas ellas atribuidas a grupos comunistas y/o revolucionarios y que luego hemos sabido que fueron preparadas y ejecutadas por los servicios secretos norteamericanos, que además se sirvieron de ellas para intoxicar a la opinión pública mundial. Sin olvidar la impostura de Timisoara, el tratamiento de la guerra del Golfo y de las de la antigua Yugoslavia, cuya cobertura informativa ha supuesto un muy duro golpe para la credibilidad mediática. Esa situación general y la hostilidad de Estados Unidos (...) han llevado a que se localicen en Internet las numerosas demandas y respuestas, debates y foros que sigue suscitando este tema. Todos vertebrados por la teoría de la conspiración.

Una persona de ese medio, Thierry Meyssan, que es presidente de la red digital Voltaire, ha producido un libro -La tremenda impostura, Carnot, 2001- en el que se afirma que los ataques terroristas fueron inspirados, impulsados y coordinados por un grupo procedente de las fuerzas armadas y de los servicios secretos USA y que la agresión al Pentágono no fue obra de un avión, sino de una explosión interior. (...) Todos los medios escritos y muchos audiovisuales han hecho objeto al libro y al autor de críticas implacables, sobre todo por su negación del ataque aéreo al Pentágono. Pero este furor inmisericorde ha dejado, sin embargo, en pie la casi totalidad de los interrogantes que ha suscitado el 11 de septiembre y que es imperativo contestar. (...)

Sólo la verificación de los datos puede acabar con las imposturas. Hagámoslas imposibles para evitar que sigan alimentando la confusión. Sobre todo cuando la invocación al terrorismo sirve de coartada no ya a violencias y crímenes, sino a las más abyectas iniquidades. Como sucede ahora en Israel.

La respuesta
Baltasar Garzón (Extracto del artículo publicado en EL PAIS, Octubre 2001) (...) Tampoco me refiero ahora a las posibles responsabilidades, por omisión culpable de todos los servicios de seguridad, inteligencia y policiales de EE UU, en la no prevención de la masacre. Supongo que ésta, antes o después, se conocerá y se exigirá en la justa medida de la magnitud de la catástrofe.


Lo dijimos

¿Cómo, sin disponer de dato alguno adelantamos conclusiones tan arriesgadas? Gracias a la memoria de la lucha de los pueblos, de las clases populares y del movimiento obrero contra el Imperialismo.

El De Verdad, se atrevió a aventurar lo que 8 meses después la prensa norteamericana ha sacado a la luz: el 11-S no fue una sorpresa para los servicios secretos norteamericanos, todos los detalles -incluido el método de secuestrar vuelos comerciales y estrellarlos contra edificios- eran conocidos.

Ese mismo día, cuando el planeta vivía conmocionado por las imágenes del impacto, en las asambleas de urgencia celebradas en las sedes de Unificación Comunista de España (UCE) se fue configurando el análisis principal de los acontecimientos y que la redacción del De Verdad plasmó en su editorial. ¿Cómo, sin acceder a ningún tipo de información privilegiada, sin disponer de dato alguno que pudiera confirmarlo, fuimos capaces de adelantarnos a aventurar conclusiones tan arriesgadas? El propio editorial contesta en parte cuando concluye tajante: No tendremos los datos, pero sí la memoria.

Hoy, cuando las evidencias resultan abrumadoras, es fácil aceptar la tesis del autoataque consentido, pero cuando el De Verdad lo lanzó abrió una contracorriente en solitario apoyándose en la memoria histórica de la lucha de los pueblos del mundo, de las clases populares y del movimiento obrero contra el Imperialismo.

Una memoria consciente de que es el Imperialismo el que ha provocado la práctica totalidad de los muertos del sangriento siglo XX, unas veces en guerras de rapiña por el reparto del mundo y otras para detener el avance revolucionario de los pueblos y países por su liberación. Una memoria armada con las herramientas de la teoría revolucionaria para conocer la realidad de la lucha de clases en la época del Imperialismo y ser capaces de darle una respuesta acertada.

El 11-S quienes incluso se aventuraron a pensarlo retrocedían ante el dantesco y humeante espectáculo de los restos de las Torres Gemelas «¿cómo pueden ser capaces de masacrar inocentes, incluso ciudadanos estadounidenses?» Pero sí, «eso puede y debe pensarse», porque esa es y ha sido la historia del Imperialismo. No hacerlo así, no buscar los intereses imperiales detrás de cada acontecimiento importante del planeta conduce inevitablemente al oportunismo y a apoyar la política de los principales enemigos de la Paz y la Libertad en el mundo.

Los que por falta de audacia, o de claridad despreciaron estas conclusiones tachándolas de obsesión conspirativa deberían extraer lecciones y separarse radicalmente de aquellos que sólo cumplieron con su trabajo al seguir la voz de su amo.

Claves ocultas del 11 de Septiembre:
No tendremos las pruebas, pero sí la memoria

Cada una de las guerras que han transformado a los EE UU en la principal potencia mundial han estado precedidas de una supuesta agresión externa cuya principal repercusión ha sido la de movilizar a la sociedad norteamericana hacia las necesidades y costes que requiere la expansión del Imperio. Pero existen múltiples pruebas de que cada una de estas agresiones han sido en realidad auto-ataques, unas veces organizados por ellos mismos, otras provocados o simplemente consentidos.

La historia de EE UU está plagada de auto-ataques que han permitido su expansión hasta convertirse en la principal superpotencia mundial.

1.898: Hundimiento de El Maine. Autoataque. El 15 de Febrero de 1898, una explosión provoca el hundimiento del acorazado norteamericano Maine, EEUU acusa a España y con este pretexto le declara la guerra arrastrando a la opinión pública bajo la consigna: «Remember The Maine».

Hoy sabemos que fueron ellos mismos los que provocaron la explosión causando la muerte de 264 marineros y 20 oficiales. Tras la guerra, EEUU se anexiona los restos del imperio colonial español (Cuba, Puerto Rico, Filipinas...). Inicia el siglo XX como el único guardián del continente americano y la doctrina Monroe «América para los americanos» convierte a EEUU en una gran potencia imperial.

1941: Bombardeo japonés de Pearl Harbour. Ataque consentido. El 8 de Diciembre de 1941, la aviación japonesa bombardea la base naval norteamericana de Pearl Harbour (Hawai), 2.500 militares mueren en el ataque. En 1993, la publicación de 1.300 documentos del servicio secreto británico descubrió que Churchill conocía de antemano los planes de ataque japonés gracias a la información del presidente norteamericano Roosvelt. Los norteamericanos, ampliaron la cantidad de navíos en la base a modo de anzuelo para acelerar el ataque japonés. La opinión pública, conmocionada por el bombardeo, abandona las posiciones neutralistas y pasa a apoyar la entrada de EE UU en la II» Guerra Mundial. La derrota de Alemania y el desgaste sufrido por las potencias europeas vencedoras provocó que EE UU se convirtiera en una superpotencia con capacidad de acceder a la supremacía global.

1.963: Asesinato de Kennedy. Autoataque. «Cada día que pasa siento un mayor temor del poder que ha alcanzado el complejo militar industrial», la frase pronunciada por el presidente Eisenhower al finalizar su mandato, es la clave para comprender uno de los episodios no aclarados de la reciente historia norteamericana.

El 22 de Noviembre de 1963 el presidente Kennedy es asesinado en Dallas, casi 40 años después sigue sin resolverse la incongruente versión oficial del magnicidio. Hasta una película de Hollywood señala a la CIA y al Pentágono como los autores materiales de los hechos. Los sectores más duros del Imperio no podían tolerar en plena guerra fría su política de apaciguamiento. La enorme popularidad de Kennedy aconsejó la solución final de eliminar el obstáculo por la fuerza. Según el FBI el supuesto asesino Lee Harvy Oswald (que tras ser detenido también muere asesinado) pertenecía a grupos comunistas de apoyo a Castro.

1964: Incidentes en el Golfo de Tonkin (Vietnam). Ataque provocado. El 2 de Agosto de 1964, un destructor norteamericano es agredido por lanchas torpederas vietnamitas, dos días después, 43 torpedos habrían sido lanzados contra dos barcos norteamericanos. Estos incidentes serán el motivo esgrimido para obligar al Congreso norteamericano a conceder plenos poderes a Johnson (el sucesor de Kennedy) para iniciar la escalada bélica en Vietnam. Sin embargo, el 13 de junio de 1971, el diario New York Times publicó los llamados «papeles del Pentágono», un informe secreto elaborado por el Departamento de Defensa. Según las trascripciones de las conversaciones telefónicas entre el Presidente y Robert Mc-Namara, la Administración Johnson habría ocultado al Congreso que se habían ordenado operaciones secretas para provocar a los vietnamitas. Todo parece indicar que el segundo ataque nunca existió.

Beatriz Muñoz