SUMARIO

N¼ 7 - MAYO 2002

CULTURA

Centenario del nacimiento de Cernuda:
El poder turbador del deseo

Esta locura desenfrenada por gozar la vida más allá del límite se convierte en un impulso revolucionario enfrentado a la moral y las leyes dominantes

Recuperar hoy a Cernuda, poeta injustamente olvidado o relegado durante muchos años es enfrentarse a una voz que, en palabras de Lorca "erguida suena original, sin alambradas ni fosos para defender su turbadora sinceridad y belleza".

Hijo de la explosión artística y creativa que estalló en España a caballo entre los 20 y los 30, se empeño en llevar hasta el límite las ansias de libertad y de vida que se respiraban, aunque eso supusiera romper con el futuro que, como integrante de una rígida, acomodada y militar familia de la burguesía sevillana, parecía reservársele.

El compromiso con la libertad está presente, caliente y turbadoramente, en cada uno de sus versos, y también en la posición comprometida ante la realidad. El apoyo a la República le lleva a colaborar en varias revistas revolucionarias, "Octubre", y a participar en el II Congreso de Intelectuales Antifascistas en 1937. A punto de

finalizar la guerra civil, marcha al exilio, donde morirá en 1963 en México. Desde allí mantendrá una insobornable coherencia en amar y fustigar todo aquello con lo que no dejó jamás de apasionarse o indignarse. La voz del poeta, si es honda y sincera, se convierte en una voz colectiva:

La poesía habla en nosotros
la misma lengua con la que hablaron antes
y mucho antes de nacer nosotros
las gentes en que hallara raíz nuestra existencia;
No es el poeta sólo quien ahí habla
sino las bocas mudas de los suyos
a quienes él da voz y les libera».

Es posible que, con motivo de los actos conmemorativos, volverán a aparecer algunas voces, de aquellos a los que Cernuda habría despreciado, que intentarán sustraer la sustancia del poeta afirmando que "la poesía no tiene banderas". El propio Cernuda les contestaría afirmando que

"Soñábamos con la revolución. Y vimos su ala fúlgida
Plegar como una mies los cuerpos poderosos".

O se burlaría recordándoles que

" El gobierno francés, ¿o fue el inglés?, puso una lápida
(É) Adonde en una habitación Rimbaud y Verlaine, rara pareja,
Vivieron, bebieron, trabajaron, fornicaron
Al acto inaugural asistieron sin duda embajador y alcalde
Todos aquellos que fueron enemigos de Verlaine y Rimbaud cuando vivían".

El amor es «un ángel terrible», como terrible es la portentosa exhibición de un volcán en erupción. Es en esta desnuda ebullición donde se encuentra el germen de la vida

Un poeta en España

En Cernuda reaparece el duende ancestral, la necesidad de buscar el amor insobornablemente verdadero, y por ello bello y terrible a la vez, que ha donado a los poetas la «viejísima y compleja sustancia de España». «Un poeta sublime, fue el menos cristiano y el menos español de todos los poetas». Así ha definido a Cernuda Harold Bloom, gurú neoyorquino de la crítica literaria. ¿El más sublime y por eso el menos español? ¿O el menos cristiano y por tanto también el más ajeno a las tradiciones hispanas? No es importante la opinión de un estadounidense al que nadie recordará cuando dentro de cien años se continúe leyendo con pasión a Cernuda. Lo preocupante es que esta calumnia, señalada como la opinión de un pope indiscutible, pueda ser hoy reproducida entre nosotros.

Bastaría constatar el sentido compromiso con España, con una España libre y rebosante de deseo, desplegado por el poeta durante toda su vida. Bastaría recordar el profundo, y por ello también punzante y dolorido, amor por esa España libre que destilan algunos de sus versos; los que en plena guerra civil, denunciaban las zarpas imperiales y cantaban apasionadamente la lucha antifascista del pueblo español:

«Un continente de mercaderes y de histriones,
Al acecho de este loco país, está esperando
Que vencido se hunda, sólo ante su destino
Para arrancar jirones de su esplendor antiguo.
Le alienta únicamente su propia gran historia dolorida.
Si con dolor el alma se ha templado, es invencible;
Pero como el amor, debe el dolor ser mudo:
No lo digáis, sufridlo en esperanza.
Así este pueblo iluso
Agonizará antes, presa ya de la muerte.
Y vedle luego abierto, rosa eterna de los mares».

¿Podría escribir estos versos «el menos español de todos los poetas»? En los versos del exilio, se materializa en cristales agudos e hirientes, el dolor inabarcable por España, la zozobra por ver la España libre encarcelada por la España negra. Cernuda mantiene una relación apasionada, plena, rica y compleja con España, donde la altura del dolor es equivalente a la profundidad del amor hacia la tierra. Pero es que la sensibilidad de Cernuda, la intensidad de su mirada poética, el ansia de llevar la pasión hasta sus últimas consecuencias, ese amor bello y terrible al mismo tiempo, está profundamente engarzado con ese hilo invisible y subterráneo que, de una manera inexplicable, siempre acaba por resurgir, reconociéndose entre la enorme diversidad, y que une en un sentimiento común lo mejor del arte español.

Su original y potente voz poética entronca a través de estos canales misteriosos con la más poderosa poesía clásica española, desde Bécquer a Fray Luis de LeónÉ ¿Y acaso no reconocemos secretamente una estrecha relación entre los placeres prohibidos cernudianos y «esa llama de amor viva», de San Juan de la Cruz "que tiernamente hiere de mi alma en el más profundo centro», o esa alma de la que Quevedo afirmó que jamás dejará «la memoria en donde ardía», que es capaz de «perder el respeto a ley severa» o para la que «todo un Dios prisión ha sido»? En Cernuda, este «sevillano profundo» del que Lorca habla en su homenaje, posee, y está es parte de su genio, ese duende ancestral, esa mirada intensa, esa necesidad de buscar el amor insobornablemente verdadero, y por ello bello y terrible a la vez, que ha donado a los poetas la «viejísima y compleja sustancia de España».

Homenaje a Luis Cernuda

"La voz de Luis Cernuda erguida suena original, sin alambradas ni fosos para defender su turbadora sinceridad y belleza". (Ferderico García Lorca)

(...) Yo vengo para saludar con reverencia y entusiasmo a mi «capillita» de poeta, quizá la mejor capilla poética de Europa, y lanzar un vítor de fe en honor del gran poeta del misterio, delicadísimo poeta Luis Cernuda, para quien hay que hacer otra vez, desde el siglo XVII, la palabra divino, y a quien hay que entregar otra vez agua, juncos y penumbra para su increíble cisne renovado. (...) «La realidad y el deseo» me ha vencido con su perfección sin mácula, con su amorosa agonía encadenada, con su ira y sus piedras de sombra. Libro delicado y terrible al mismo tiempo, como un clave pálido que manara hilo de sangre por el temblor de cada cuerda. (...) Entre todas las voces de la actual poesía, (...) la voz de Luis Cernuda erguida suena original, sin alambradas ni fosos para defender su turbadora sinceridad y belleza.

La pluma que dibujó los primorosos mapas de los árabes, la que inventó clavellinas y negras mariposas en las cintas de los niños muertos, la pluma que ha escrito con sangre una carta de amor sobre la que después se ha escupido, la que ha copiado con temblor un torso de Apolo en la agonía de los institutos, pluma de pena y frenesí de rocío, es la que ha sostenido entre sus dedos Luis Cernuda mientras oía la voz de su Realidad y el deseo.

Desde que el poeta cantara en 1924: «Va la brisa reciente / por el espacio esbelta / y en las hojas, cantando, / abre una primavera» empieza un duelo con sus tristezas, con su tristeza de sevillano profundo, duelo elegantísimo, con espadín de oro y careta de narcisos; pero con miedo y sin esperanza, porque el poeta cree en la muerte total. Este duelo sin esperanza de paraíso, que hace que el poeta quiera fijar eternamente los hombros desnudos de un navegante o una momentánea cabellera, anima todas sus páginas, hasta que al fin cae victoriosamente rendido. (...) No es hora de que yo estudie el libro de Luis Cernuda, pero sí es hora de que lo cante. De que cante su espera inútil, su impiedad, y su llanto, y su desvío, expresados en norma, en frialdad, en línea de luz, en arpa.»

Federico García Lorca

Diré como nacisteis, placeres prohibidos,
Como nace un deseo sobre torres de espanto,
Amenazadores barrotes, hiel descolorida,
Noche petrificada a fuerza de puños,
Ante todos, incluso el más rebelde,
Apto solamente en la vida sin muros.

Corazas infranqueables, lanzas o puñales,
Todo es bueno si deforma un cuerpo;
Tu deseo es beber esas hojas lascivas
O dormir en esa agua acariciadora.
No importa;
Ya declaran tu espíritu impuro.

No importa la pureza, los dones que un destino
Levantó hacia las aves con manos imperecederas;
No importa la juventud, sueño más que hombre,
La sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad

De un régimen caído.

Placeres prohibidos, planetas terrenales,
Miembros de mármol con sabor de estío,
Jugo de esponjas abandonadas por el mar,
Flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre.

Soledades altivas, coronas derribadas,
Libertades memorables, mantos de juventudes;
Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua,
Es vil como un rey, como sombra de rey
Arrastrándose a los pies de la tierra
Para conseguir un trozo de vida.

No sabía los límites impuestos,
Límites de metal o papel,
Ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta,
Adonde no llegan realidades vacías,
Leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos.

Entonces extender la mano
Es hallar una montaña que prohibe,
Un bosque impenetrable que niega,
Un mar que traga adolescentes rebeldes.

Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte,
Ávidos dientes sin carne todavía,
Amenazan abriendo sus torrentes,
De otro lado vosotros, placeres prohibidos,
Bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita,
Tendéis en una mano el misterio,
Sabor que ninguna amargura corrompe,
Cielos, cielos relampagueantes que aniquilan.

Abajo, estatuas anónimas,
Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla;
Una chispa de aquellos placeres
Brilla en la hora vengativa.
Su fulgor puede destruir vuestro mundo.

( La realidad y el deseo ) Luis Cernuda

Hijo de la explosi—n art’stica y creativa que estall— en Espa–a a caballo entre los 20 y los 30, Cernuda se empe–— en llevar hasta el l’mite las ansias de libertad y de vida que se respiraban.