SUMARIO

N¼ 10 - julio 2002

INTERNACIONAL

Unión Europea:

Francia se queda sola

La pérdida de la iniciativa por parte del eje franco-alemán en la UE afecta ya a su misma cohesión interna, en la que empiezan a manifestarse síntomas evidentes de fisura

La construcción de la Unión Europea atraviesa por uno de sus períodos de mayor incertidumbre. ¿Se producirá finalmente la ampliación en los plazos acordados? ¿Hasta dónde se reformará la Política Común Agrícola, uno de los pilares históricos en los que hasta ahora se ha sostenido? ¿Hacia dónde se encaminarán los pasos de la Convención que tiene el encargo de diseñar el futuro político de la Unión?

Las causas de la incertidumbre, sin embargo, no están en estos interrogantes sin respuesta, sino en las profundas transformaciones provocadas por los cambios en la correlación interna de fuerzas entre las distintas potencias europeas. Frente al eje franco-alemán, que desde el inicio de los 90 había sido el verdadero motor de la construcción de la UE, las consecuencias del 11-S han permitido la rápida cristalización de un nuevo centro de poder europeo apadrinado por Washington y formado por el eje Londres-Madrid-Roma que no sólo se opone al proyecto franco-alemán para Europa, sino que ha pasado a cuestionar abiertamente su pretendida hegemonía. El cambio más significativo ocurrido en este último año –y que está en el origen de todas las incógnitas e incertidumbres– es la pérdida de la iniciativa por parte del eje franco-alemán, iniciativa que, paulatinamente, está pasando a manos del eje euroatlantista. Sus manifestaciones son múltiples.

Si hace apenas un año Alemania, eficazmente secundada por Francia, encabezaba la política de ampliación, hoy es su principal obstáculo. Y la razón no es otra que lo que entonces parecía controlado y seguro, su hegemonía económica y política indiscutida sobre la UE Ñcon la excepción del caballo de Troya británicoÑ ahora está puesto en entredicho. Y en esas condiciones abrir un nuevo frente tan amplio como es la ampliación a 10 miembros Ñentre ellos algunos tan reticentes con el poderío alemán como Chequia o PoloniaÑ es demasiado incluso para el coloso germano. De ahí está paradójica inversión de los papeles: los que se oponían a la ampliación (Inglaterra, España,...) se han convertido en sus más entusiastas defensores; mientras que los que ayer impusieron su aceleración, ahora tratan de retrasarla al máximo.

De igual manera, los mismos que impulsaron la Convención de notables europeos con el objetivo de dotar de un cuerpo político constitucional al diseño de la Europa fragmentada que propone el proyecto franco-alemán, hoy están atrincherados en ese mismo organismo tratando de evitar a toda costa que se apruebe la figura de una Presidencia ejecutiva fuerte y estable de la Unión, diseñada a la medida de Blair y Aznar.

Pero los efectos son todavía mayores. Y no se reducen sólo a la pérdida de la iniciativa por parte del eje franco-alemán, sino que afectan ya a su misma cohesión interna en la que empiezan a manifestarse síntomas evidentes de fisura. La mayor de ellas en torno a la reforma de la PAC. Utilizando a su ariete austriaco, Alemania ha pasado a encabezar el desmantelamiento del multisubvencionado sector agrícola europeo. Una auténtica bomba de relojería para Francia, que basa buena parte de la estabilidad social del modelo político de la V República en un amplio campesinado acostumbrado durante décadas a vivir del mercado cautivo que le ofrece la Unión Europea. El enfrentamiento entre los socios está servido, por cuanto éste no es un asunto exclusivamente económico sino político: se trata de cuánto está dispuesto a pagar (o no) Alemania por comprar la cobertura diplomática y política gala. En las actuales circunstancias parece que cada vez menos. Lo cual, por otra parte, expresa la creciente tendencia entre la burguesía monopolista alemana a desentenderse relativamente del liderazgo político sobre la UE para concentrarse en dar estabilidad y profundidad al dominio de su histórico «espacio natural» centroeuropeo.

Síntomas si no de disolución, sí de un retroceso y debilidad lo suficientemente acusados como para que las líneas de fractura tiendan a ahondarse. Pero mientras Alemania tiene su enorme potencial económico y una zona propia de influencia en la que proyectarse, el drama para Francia –privada de la firme base de apoyo germánico, cuestionado su liderazgo e influencia histórica en el sur de Europa y con una fuerza económica y militar en franca decadencia– es que el declive de su papel de potencia europea de primer rango llegue a adquirir un carácter irreversible. Lo que explica el carácter desesperadamente virulento de algunas de sus reacciones que estamos sufriendo estos últimos días.

A. Beloki


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El drama para una Francia privada del sostén germano, cuestionado su liderazgo e influencia histórica en el sur de Europa y con una fuerza económica y militar en franca decadencia, es que el declive de su papel de potencia europea de primer rango llegue a adquirir un carácter irreversible.