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N¼ 10 - julio 2002 |
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NACIONAL Remodelación
del gobierno Aznar: El relevo de Aparicio por Zaplana es el mejor indicador de su valoración real: el 20-J les ha hecho mucho más daño del que han reconocido. No esperaban una respuesta tan contundente de los trabajadores Los sindicatos atribuyen al éxito del 20-J la crisis de gobierno, el PSOE la interpreta como una victoria propia, analistas y medios de comunicación coinciden en señalar que, con los cambios, Aznar ha dado a su gobierno «el impulso político que necesitaba». ¿Pero el impulso para qué? Un simple análisis de los principales cambios del nuevo gobierno nos da luz suficiente para resolver la pregunta. Pese a la riada de cifras y descalificaciones hechas los días siguientes, el relevo de Aparicio por Zaplana en el ministerio de Trabajo es el mejor indicador de cómo su valoración real es que el 20-J les ha hecho daño, mucho más daño del que públicamente han reconocido. No esperaban una respuesta ni tan masiva ni, sobre todo, tan combativa y contundente de los trabajadores. Se impone, pues, una discreta marcha atrás que desactive el peligro potencial de una escalada en las movilizaciones obreras. Que aun cuando no signifique la retirada completa del decretazo sí va a suponer el intento de al menos limar sus aristas más agresivas. Y, sobre todo, actuar con más cautela en las nuevas reformas del mercado de trabajo y las prestaciones sociales que ya habían insinuado. El perfil de Zaplana indica a las claras el rumbo de apaciguamiento social y sindical que se pretende. Un ministro de Trabajo con peso político, con cintura para negociar y al que su indisimulada ambición política algo que Aznar no desconoce le conduce, necesariamente, a buscar mayor capital político a través del entendimiento y no a quemar el conseguido como presidente de la Comunidad Valenciana en una dura confrontación con los sindicatos. Zaplana deberá ahora demostrar su capacidad política: cuadrar el círculo de satisfacer las exigencias de la gran patronal y los monopolios evitando nuevas movilizaciones masivas. Exactamente al contrario ocurre con la designación de Arenas como ministro de Administraciones públicas y de Acebes de Interior. En ambos casos se trata de ofrecer una respuesta dura e inflexible al órdago lanzado por el gobierno de Ibarretxe. Poniendo por un lado como jefe de los negociadores del Estado central con las administraciones autonómicas a quien durante su etapa como secretario general del PP se ha caracterizado por la radicalidad y contundencia de sus enfrentamientos verbales con los dirigentes del nacionalismo reaccionario vasco. Por el otro, elevando al ministerio del Interior al autor de la Ley de Partidos lo que, en perspectiva, parece anunciar la progresiva concentración y reducción de la lucha contra el fascismo en Euskadi al ámbito exclusivo de la represión policial, en detrimento de la imprescindible intensificación del combate político protagonizado por el movimiento de rebelión social democrática. Por último, el sorprendente nombramiento de Ana Palacio en sustitución de Piqué revela también un más que probable cambio de prioridades en Asuntos Exteriores. Para nadie es un secreto que Ana Palacio, conocedora como nadie de los entresijos burocráticos y de poder en la UE, ha sido durante estos meses la encargada de llevar adelante el oscuro y necesario trabajo de preparación del futuro desembarco de Aznar como presidente de la UE a partir de 2005. Una vez asentado firmemente el «pilar atlantista», sólidamente establecidos los nuevos términos de la relación y los vínculos con Washington, ahora se trata de desplazar todas las fuerzas hacia el asalto definitivo de Bruselas por parte del eje euroatlantista. Se trata, en definitiva, de responder a los múltiples frentes recientemente abiertos por el eje franco-alemán con el anuncio de una intensificación de la contraofensiva desplegada por el eje Londres-Madrid-Roma. Por último, de los otros cambios menores cabe destacar la destitución de Celia Villalobos en Sanidad, una vieja exigencia de los monopolios farmacéuticos sobre la única ministra que en momentos de crisis (vacas locas) ha tenido la honradez de, al menos, advertir del riesgo a la población. A. B. |
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