SUMARIO

N¼ 10 - julio 2002

REPORTAJE CENTRAL

SIDA:
Atroces ficciones y crueles realidades

Hace 20 años aparece el SIDA en EEUU, en un reducido número de personas afectadas por una neumonía asociada a inmunodeficiencia. Veinte años después el SIDA es considerada la más devastadora plaga que ha afectado a la humanidad con cuarenta millones de infectados (el 70% africanos) y miles de muertos diarios. En estos veinte años investigaciones millonarias, miles de ponencias dejan cada vez más preguntas que respuestas ¿ Por qué cuánto más se investiga más aparentemente descontrolada se encuentra?

Más allá de la denunciada falta de voluntad política de los países ricos en invertir dinero, existen hechos que merecen ser abordados sobre la evolución de la enfermedad, la toxicidad de los antirretrovirales y los intereses de las grandes farmacéuticas. Puesto que la enfermedad dibuja un comportamiento nada propio de una epidemia vírica, y apuntan a una mano humana, que incluso abre la puerta a la interpretación arbitraria de quién padece y quién no padece SIDA.

La piedra angular de esta posible epidemia de diseño es la tesis lanzada por las agencias gubernamentales de salud norteamericanas (NHI y CDC, 1984) de que el SIDA es una enfermedad infecciosa sólo causada por un virus, el VIH. Sospechosamente hasta los mismos patrones de contagio y diagnóstico de esta enfermedad varían según el área geográfica afectada. No se han realizado estudios sobre otras causas sospechosas de provocar inmunodeficiencia en el hombre (infecciones, malnutrición, drogas...), que de corroborarse, permitirían tratamientos no tóxicos de la enfermedad.

Obviamente, no deben de subestimarse ninguna de las medidas de «sexo seguro» y de «transfusiones seguras» que son de sentido común. Pero ¿qué intereses pueden estar ocultando los alarmantes datos del SIDA? De entrada, mantener y aumentar el lucrativo mercado de los antirretrovirales en I y II. Por otro lado, el continente africano se ve sometido por las potencias occidentales, encabezadas por EEUU, a la imposibilidad total de desarrollo industrial independiente (en la fabricación de genéricos, por ejemplo) y a un intenso descenso demográfico rayando el genocidio. No es de extrañar que entre los patrocinadores del congreso de Barcelona se encontraran organizaciones como la Population Council involucrada en programas de experimentación de anticonceptivos y planificación familiar en el Tercer Mundo.

El periplo africano del cantante Bono y el secretario del Tesoro de EUU, junto con el reciente XIV congreso sobre el SIDA de Barcelona, han servido para poner ante los ojos del mundo la alarma y la denuncia. Alarma por los 30 millones de africanos supuestamente infectados que triplican las expectativas de hace diez años y vaticinan una catástrofe similar en Asia, y la denuncia de que el 95 % de seropositivos no puedan acceder al tratamiento y por ello se les condene a una muerte segura. Mientras una y otra auguran más ventas para los laboratorios farmacéuticos subvencionadas por los fondos de la ONU, existe quien denuncia la fabricación de datos por encima de la realidad a la medida de sus intereses.

¿Por qué se atribuye una sola causa a la enfermedad?

Se han descrito 70 enfermedades como la malaria, tuberculosis, lepra, parasitosis y hasta el mismo embarazo que provocan pruebas que dan positivo aunque no se tenga SIDA

En 1984 y sin publicaciones científicas previas, el Dr. Robert Gallo (EEUU) anuncia en una rueda de prensa que la causa de la inmunodeficiencia adquirida es un virus, el VIH. La polémica entre el Estado francés y el norteamericano por la autoría del descubrimiento del virus llevó a la denuncia de robo y tergiversación realizada por el científico norteamericano de muestras enviadas por el instituto Pasteur de París. Nunca se han realizado experimentación alguna para determinar que otros factores aparte del virus pueden justificar la inmunodeficiencia, como reclamó el francés Luc Montagnier. Gran parte de los enfermos de SIDA han tenido una historia previa de infecciones, drogas (incluidos los propios tratamientos anitsida) o transfusión de proteínas extrañas que pueden producir inmunodeficiencia.

¿Por qué se administran drogas cuyos efectos se solapan con los de la enfermedad?

El AZT fue prohibido por su toxicidad hace 30 años, cuando las agencias norteamericanas de salud pública trataron de demostrar un origen viral del cáncer

Si las naciones afectadas decidieran administrar drogas como la AZT, las cuales tienen efectos secundarios con frecuencia indistinguibles de los síntomas de SIDA, nunca sabría uno si empeora por la virulencia del virus o por los efectos del tratamiento. ¿Qué podríamos esperar sino una nueva catástrofe?

Por ejemplo, Glaxo-Wellcome, fabricante de AZT, advierte: Retrovir (Zidovudine) puede estar asociado con hematología tóxica severa incluyendo granulocitopenia y severa anemia especialmente en pacientes con enfermedad de VIH avanzada. El uso prolongado del Retrovir también ha sido asociado con miopatía (desgaste muscular) sintomática similar a la producida por el virus de inmunodeficiencia humana. El AZT fue prohibido por su toxicidad hace tres décadas cuando las agencias norteamericanas de salud pública pretendieron infructuosamente demostrar el origen viral del cáncer.

El propio presidente sudafricano ha prohibido desde el año 2000 la administración de esta sustancia a las embarazadas de su país y ha iniciado estudios independientes para establecer qué otros posibles factores intervienen en la génesis de la inmunodeficiencia humana. Esto le ha valido una ola de descrédito internacional de la que la prensa de nuestro país se ha hecho eco. Además, el costo de proveer estas drogas a gran escala terminará con los presupuestos de los departamentos de salud en las naciones pobres y los transformará en clientes burocráticos de las corporaciones farmacéuticas internacionales. Estas prefieren rebajar un 90 % el precio de sus antirretrovirales que dejar que los fabricantes de genéricos (Brasil, India) les cuestionen el mercado con fármacos diez veces más baratos.

¿Por qué el SIDA muestra patrones variables de contagio y síntomas en diferentes regiones del mundo?

No hay una definición general del SIDA en ningún lado. En muchos de los países occidentales un diagnóstico positivo es realizado ante la presencia de una o más de las cerca de 30 enfermedades, incluyendo enfermedades comunes como la tuberculosis, y una prueba positiva de anticuerpos VIH.

El número de afectados ha ido aumentando dramáticamente con cada ampliación de enfermedades que se incluyen para hacer el diagnóstico. Por ejemplo, en 1993 el número de casos se duplicó de un día para otro cuando se cambió la definición por tercera vez. La nueva definición incluyó como casos de SIDA a personas con bajo recuento de células CD4, pero sin enfermedad. O sea, las dos terceras partes de los nuevos casos desde entonces son personas que clínicamente están sanas.

El resultado es un aumento artificial de los casos con base en personas que de entrada tienen una esperanza de vida mayor (hecho atribuido siempre a los nuevos fármacos) independientemente de los medicamentos que se diesen. Esta misma situación en África es aún más aguda: no se requiere ni la prueba de anticuerpos para el diagnóstico. El hecho es que se han descrito setenta enfermedades como la malaria, tuberculosis, lepra, parasitosis y hasta el mismo embarazo que provocan falsos positivos. Es decir, la prueba da positivo aunque no tengas SIDA.

En la conferencia de la OMS en la República Central Africana (1985) los Centros de Control de Enfermedades (EEUU) introdujeron la definición «Bangui» del SIDA: tiene SIDA cualquier africano que sufra fiebres al menos por un mes, pérdida de peso mínimo del 10 % y diarrea prolongada. O sea, caben en el saco del SIDA enfermedades preexistentes en Africa asociadas a malnutrición y miseria. Incluso geográficamente, las zonas más supuestamente castigadas por la epidemia se corresponden a la franja de máxima incidencia de tuberculosis y malaria. El que lógicamente estén afectados al 50% hombres y mujeres se pretende presentar como el ejemplo de la temida transmisión heterosexual (nunca demostrada científicamente).

Inciertas conclusiones de la Conferencia

Durante la Conferencia de Barcelona se plantearon alternativas como que la OMS debería elaborar una lista de fármacos excluidos de patente; como en el caso de los antirretrovirales. Pero sin cuestionar los efectos tóxicos de los antirretrovirales, lo que en apariencia es una buena alternativa, podría condenar a millones de personas

Otro tema estrella fue el lanzamiento del G-8 de un fondo mundial para la salud de 1.200 millones de dólares (240.000 millones de pesetas), destinado a combatir el SIDA, la malaria y la tuberculosis. Fondo no sólo insuficiente sino que además no se va a utilizar para comprar los fármacos a los productores de medicinas genéricas. El Fondo es una estafa que se convierte en un subsidio para las grandes farmacéuticas europeas y estadounidenses. Un negocio redondo.


Monopolios farmacéuticos:
Asesinos por naturaleza

La investigación y tratamiento del SIDA es una fuente de inmensos beneficios. Las farmacéuticas tienen mayores ganancias que las telecomunicaciones o las armas

El SIDA sigue siendo una enfermedad incurable y únicamente el 5 % de los pacientes infectados tienen acceso a un tratamiento adecuado. Según los datos oficiales, hay en el mundo 40 millones de personas infectadas, de las cuales 2,7 millones son menores de 15 años. Durante el 2001 se produjeron 5 millones de nuevas infecciones.

En áfrica, a partir de los años cincuenta, se había logrado aumentar la esperanza de vida de la población; ahora, con el SIDA, muchas zonas de áfrica regresan a los niveles de hace más de 50 años, por ejemplo, en Botswana existe un 90% de probabilidades de que una persona muera de SIDA en los próximos 15 años. Si tras el diagnóstico de casos de SIDA se ocultan otras enfermedades originadas por la pobreza y la desnutrición, o cuántas muertes atribuidas al SIDA tienen su origen en los mismos medicamentos para combatirlo, son algunas de las preguntas que están aun sin respuesta.

Pero mientras los datos muestran que la enfermedad se ha controlado en países y sectores de la población que pueden pagar los altos costos que las farmacéuticas imponen a los medicamentos, se ceba contra los marginados del mundo. No es casualidad, por ejemplo, en Estados Unidos, el número de casos de SIDA haya disminuido en todos los grupos étnicos salvo en población negra, la más marginalizada y con menor acceso a los servicios médicos. Estas cifras que para la inmensa mayoría de la humanidad constituyen escalofriantes números de muerte y enfermedad, para los monopolios farmacéuticos son un negocio muy rentable.

El comercio de la muerte, impreso en la naturaleza asesina de los monopolios ha convertido la investigación y tratamiento del SIDA en una fuente de inmensos beneficios. Los monopolios farmacéuticos tienen mayores ganancias que las telecomunicaciones o las armas. Son los grandes pulpos farmacéuticos los que controlan la investigación, la producción y el mercado médico, son ellos los que deciden qué enfermedades se investigan, bajo qué criterios se diagnostican, qué enfermedades se controlan y a qué precio. Inevitablemente este poder afecta la salud y la vida de millones de personas.

En un genocidio consciente y planificado, cuando once millones de personas mueren cada año por enfermedades infecciosas que podrían evitarse si los medicamentos básicos fueran de acceso general, ONG«s como Médicos Sin Fronteras han denunciado durante años la falta de acceso de los países pobres a los medicamentos de enfermedades específicas como la diarrea o la meningitis, debido a su alto precio o a que ya no se fabricaban. Las cifras de sus caudales se nutren a costa de determinar cuándo, cómo y de qué debemos morir. Dependiendo eso sí, del lugar en el mundo en que hayamos tenido la suerte de nacer y del precio que podamos pagar por sus fármacos.

Los monopolios organizan la sociedad. Las políticas y leyes de comercialización y patentes está hecha a la medida de sus intereses. Según las normas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), las multinacionales farmacéuticas tienen un período de exclusividad de veinte años para explotar un fármaco original. Consecuencia: Se encarecen los fármacos a niveles insospechados (el precio de los medicamentos es como media 15 veces superior al que tendrían en competencia), su acceso se restringe a una pequeña parte de la población y se investiga sólo lo que les es rentable.

A mayor concentración, menos escrúpulos

El poder de los monopolios radica en crear unas leyes que refrendan que actúen a costa de la muerte de millones de personas

Pero la raíz de esta inmensa capacidad práctica de dirigir la vida de millones de personas, está directamente relacionada con su creciente concentración de capital. La mayor concentración trae mayor competencia. El pez gordo se come al chico y crece la necesidad de acaparar mercados. ¿A qué coste? Y ¿hasta donde están dispuestos a llegar?. La respuesta la encontramos en los escalofriantes datos del aumento de muertes y contagios del SIDA. A más grandes más evidente es su degeneración moral. Su capacidad asesina radica fundamentalmente en mantener el control de la producción y el manejo absoluto de su comercialización. Por tal razón, impedir la producción de fármacos genéricos o la investigación independiente es una de las principales tareas de los monopolios. Durante los últimos años esta es una de las luchas más enconadas a la hora conocer verdaderamente qué es el SIDA y cómo frenarlo.

El precio del SIDA

A inicios del 2001, Sudáfrica y Brasil se atrevieron a fabricar medicamentos genéricos contra el SIDA, inmediatamente el estado sudafricano fue demandado rabiosamente por 39 compañías farmacéuticas. La compañía farmacéutica India Cipla había ofrecido fármacos contra el VIH a un precio mucho menos que los grandes laboratorios. Y la fabricación de genéricos permitiría bajar los costes de 2 millones anuales a 50.000 pesetas ¿Si era rentable para esta compañía por qué no lo iba ha ser para los grandes monopolios?

Ante la amenaza de debilitar su monopolio y crear un precedente que podría acabar con los derechos de patente y de propiedad intelectual de las compañías, durante el juicio las grandes compañías informaron sobre bajas de precios a sus productos. GlaxoSmithKline anunció una rebaja del 10% del valor de los medicamentos y Bristol-Mayers y Abbott anunciaron que bajarían los precios de sus productos contra el Sida en áfrica. Sin embargo, aunque las multinacionales bajasen sus precios siguen siendo inalcanzables. Sudáfrica persistía en lo que a todas luces era evidente: la ley a favor de los genéricos, de entrar en vigor, les permitiría adquirir los genéricos en India o Brasil a muy bajo coste.

¿Qué conclusiones se pueden sacar de este intríngulis legal?

1. Los beneficios de los monopolios son extraordinarios. Sin embargo, aducen que los altos costes que imponen a los medicamentos son porque tienen que recuperar la inversión en la investigación y producción de otros medicamentos.

2. Están dispuestos a hacer lo que sea necesario para no perder su poder de control sobre el mercado. Su poder radica en acogerse a una serie de leyes que refrendan que actúen a costa la muerte de millones de personas.

3. Son ellos los que impiden que el SIDA sea una enfermedad del pasado. Ponen límites a la investigación del SIDA y otras enfermedades. Ahora se le permite al Gobierno sudafricano la adquisición de fármacos genéricos contra el SIDA. Pero bajo una condición: que se comprometa a cumplir las normas de la OMC en materia de patentes.

Este juicio ha marcado un precedente y es que con voluntad política se puede luchar por hacer que el SIDA desaparezca. No es un problema de investigar las causas y los tratamientos del SIDA, mientras los avances médicos sigan en manos de unos pocos, millones de personas estarán condenadas a este flagelo.

Si quieres más información visita la página web: rethinkingaids.com

Angélica Garzón


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En la conferencia de la OMS en la República Central Africana (1985) los Centros de Control de Enfermedades (EEUU) introdujeron la definición «Bangui» del SIDA: tiene SIDA cualquier africano que sufra fiebres al menos por un mes, pérdida de peso mínimo del 10 % y diarrea prolongada. O sea, caben en el saco del SIDA enfermedades preexistentes en Africa asociadas a malnutrición y miseria.

Mientras los avances médicos sigan en manos de unos pocos, millones de personas estarán condenadas a este flagelo.