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Nž 10 - julio 2002 |
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MOVIMIENTO OBRERO La
respuesta de Moncloa al 20-J: Por un lado desactivar el movimiento nacido el 20-J, por otro mantener su reforma laboral, estos son los objetivos del diálogo social del nuevo Gobierno Los intentos del Gobierno de Aznar por ocultar el éxito de la Huelga General fracasaron desde el mismo momento en que varios millones de trabajadores se echaron a la calle en las multitudinarias manifestaciones de la tarde del día 20. Nadie, ni por supuesto el Gobierno, ha podido escapar a la principal revelación de la Huelga: la existencia de un enorme caudal de lucha encabezado por una clase obrera renovadamente combativa que amenaza con abrir un camino que pondría en peligro los proyectos del Gobierno. Primero fueron los medios de comunicación quienes se vieron obligados a reconocer el éxito de la Huelga General. Luego ha sido Moncloa quien ha pasado, de la fría carta de Aznar a los sindicatos en la que no se reconocía el éxito de la Huelga, a cambiar al Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, colocando en el lugar de Juan Carlos Aparicio a Eduardo Zaplana, que llega con fama saber negociar con los sindicatos en la Comunidad Valenciana y con el compromiso de recomponer el diálogo social con las centrales sindicales. Ahora todos están de acuerdo en que ése es el objetivo del nuevo Gobierno de Aznar. ¿Pero cuál es realmente su significado? Indudablemente el Gabinete de Moncloa presidido por Aznar ha acusado el mensaje obrero y la estrategia de fondo diseñada para su nuevo Gobierno tiene como primer objetivo desactivar el movimiento iniciado el 20-J. El Ejecutivo de los monopolios sabe que el mayor peligro para sus intereses está en que el movimiento de fondo que se puso en marcha con la Huelga se convierta en un terremoto que aflore a la superficie; desactivarlo antes de que se transforme es el auténtico objetivo del «diálogo social». El segundo objetivo es mantener sus reformas de clase, lo esencial de las reformas laborales emprendidas, incluyendo el «decretazo». Es lo que ha dejado claro Aznar en su intervención en el Debate sobre el Estado de la Nación y lo que dijo Zaplana como nuevo Ministro de Trabajo: «el diálogo con los sindicatos y las reformas laborales emprendidas se deben fomentar al mismo nivel». Es lo que pretenden llevando el «decretazo» al Parlamento, darle el respaldo «democrático» a su reforma, con alguna modificación para mantener lo esencial. ¿Conseguirá el Gobierno sus objetivos? Dependerá de la respuesta del movimiento obrero y los sindicatos, pero sobre todo de cómo respondamos todos nosotros. Las claves de esa respuesta también hay que buscarlas en la lectura del 20-J y se pueden resumir en una: transformar permanentemente la movilización en organización. En la organización de un nuevo movimiento obrero y sindical combativo y democrático que impida a las cúpulas de los sindicatos dilapidar otra vez el capital acumulado en la Huelga. Y en la organización política y social de los hombres y mujeres de izquierdas que reclaman «otra izquierda» que supere la actual izquierda parlamentaria. F.H. |
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