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N¼ 10 - julio 2002 |
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INTERNACIONAL Nuevo escándalo financiero en EE UU: ¿Quiénes mandan en la Casa Blanca? En su conjunto, se revela una agudización de la lucha entre sectores de las clases dominantes por reconducir el poder político en los EE UU Las implicaciones de George W. Bush en un nuevo escándalo financiero esta vez la relacionado con la venta de sus acciones de la empresa petrolera Harken en 1990, justo antes de su quiebra, son un golpe más de las sucesivas punzadas desestabilizadoras contra su gobierno. Primero se filtraron sus negligencias en el atentado del 11-S, luego los ataques de Antrax, luego con los escándalos de Enron y Andersen, sumado a las airosas críticas de algunos congresistas y senadores ante su tratamiento de diversos asuntos internacionales. Todo esto en su conjunto, revela una agudización de la lucha entre sectores de las clases dominantes por reconducir el poder político en los EEUU. Lo que manifiesta la continua aparición de informes de Bush y su equipo, de sus actuaciones de estado o de sus planes, son escenas de un mismo acto cuyo telón de fondo es la pugna entre las dos fracciones en que está dividida la burguesía monopolista norteamericana. Los sectores afectados han decidido hacer una campaña de la «Gota Malaya», más que de choque frontal, ante un presidente que tiene el 70% del apoyo popular. Gota a gota, escándalo tras escándalo, erosionan el poder de los halcones. Cercanas las elecciones legislativas de Noviembre, donde se renovará la Cámara (actualmente en manos de los republicanos) y un tercio del Senado (mayoritariamente demócrata), los demócratas tienen posibilidades de controlar ambas cámaras, y con ello poder vetar a Bush y legislar a favor de otros intereses. Son enormes intereses materiales los que están en juego en esa disputa en el seno de la clases dominante, lo que está en pugna es nada menos que mantener el control del mercado mundial. Los otros intereses perjudicados actualmente son aquellos que corresponden a los sectores más dinámicos y competitivos de la economía. La línea impuesta por Bush en la Casa Blanca lleva a un clima permanente de desestabilización mundial que les perjudica monumentalmente, mientras los sectores beneficiados por la línea Bush son los del complejo militar industrial y el Pentágono, que dependen de contratos de guerra. Es significativo el caso de la empresa Boeing. Boeing, había dividido su compañía en tres subempresas: comercial, satélite y comunicaciones, y defensa. La empresa estaba en franco declive al ser superada ampliamente por Airbus en el sector comercial. Sin embargo tras el 11-S decide fusionar las empresas de satélites y comunicaciones con la de defensa, que ahora dependen exclusivamente de los contratos de guerra del Pentágono. Esta empresa no es competitiva a nivel mundial sino que vive de los presupuestos del Estado. Como la empresa Boing, monopolios de armas, energía, bioquímica o comunicaciones, se favorecen extraordinariamente de la guerra y sus consecuencias. Bush es un halcón que se mueve en función de estos peligrosos intereses. Se afilan los cuchillos contra Bush y Cheney, el Senado se ha adelantado con una propuesta de medidas como las de la independencia de las auditoras, y la separación de los servicios de contabilidad y consultoría, golpeando los puntos más vulnerables de Bush Pero si la disputa entre las fracciones dela clase dominants de los EEUU ha puesto al descubierto los grandes fraudes de la economía norteamericanas, que maquilla sus pérdidas desde las mismas auditoras, no puede sorprender cómo el capital monopolista instala a sus hombres de estado en el gobierno y qué tipo de hombres son. Los últimos escándalos financieros ponen en evidencia el enriquecimiento inmoral de Bush, pero ¿acaso podíamos esperar otra actuación en sus negocios privados de quien llegó a la presidencia por un fraude en Florida? En el caso de Bush la inmoralidad pública y privada coincide plenamente. Antonio Garcés |
Lo que manifiesta la continua aparición de informes de Bush y su equipo, de sus actuaciones de estado o de sus planes, son escenas de un mismo acto cuyo telón de fondo es la pugna entre las dos fracciones en que está dividida la burguesía monopolista norteamericana. |