SUMARIO

JULIO 2002

Unificación Comunista de España
 

NACIONAL - ANÁLISIS

Algunas conclusiones sobre Perejil

Después de cinco días de escalada política y diplomática del conflicto, tras la visita relámpago a Rabat de la ministra española de Asuntos Exteriores y la firma de la declaración conjunta sobre el statu quo del islote, la crisis de Perejil, al menos en esta etapa, puede darse por concluida. Aunque las razones de fondo que empujaron a Marruecos a la ocupación del peñón sigan latentes, y sean por ello previsibles nuevos encontronazos y ocasiones de disputa, el cierre momentáneo de la crisis permite sacar algunas conclusiones importantes de su desarrollo. ¿Ha salido fortalecido o debilitado el Gobierno de Aznar del envite lanzado por Rabat? ¿Cómo queda la correlación de fuerzas entre España y su vecino del sur? ¿Y entre Madrid y sus aliados de Bruselas? ¿Cuál es el papel que juega EE UU en este espinoso asunto?

El destape de Francia El vertiginoso desarrollo de los acontecimientos, y muy particularmente la firme reacción del gobierno español recabando el apoyo explícito de sus socios, ha puesto al descubierto a los ojos de todo el mundo –excepto para los que no quieren verlo– el papel de Francia como inductor en la sombra del conflicto con Marruecos. Primero elevando una enérgica protesta ante la presidencia danesa por no haber sido consultado París de que la UE iba a hacer una declaración pública de apoyo a España. Después maniobrando y presionando torticeramente para que, tras la toma de Perejil, Bruselas no emitiera un nuevo comunicado de respaldo a la operación. Por último, preparando, en un inaudito e inamistoso acto de grosería política y diplomática, una ronda de conversaciones del ministro de Asuntos Extreriores marroquí con la Comisión Europa justo unas horas antes de que Ana Palacio acudiera a Bruselas a explicar la posición española ante sus socios comunitarios.

La animadversión de París hacia la iniciativa española en la resolución del conflicto ha dejado al desnudo sus intereses, poniendo en evidencia el activo papel que ha jugado desde el principio en él azuzando a Marruecos contra España. Sin embargo, la jugada no ha podido salirle peor: han querido ir por lana y han salido trasquilados.

La enérgica respuesta española ha dejado a la diplomacia francesa descolocada, teniendo que situarse a la defensiva y quedando fuera de la resolución del conflicto. Si lo que buscaban al promover la crisis era hacer incuestionable la presencia de París como potencia arbitral del conflicto, la resultante final no le ha dejado la más mínima opción a intervenir en su desenlace. Si lo que querían era humillar al gobierno español, poniendo de manifiesto cómo lo ninguneaba un país del Tercer Mundo, el tiro les ha salido por la culata: política, diplomática y militarmente quien ha salido fortalecida de la crisis ha sido España. Si de lo que se trataba era de forzar a Aznar a aceptar el papel decisivo de París en sus relaciones con Rabat, que el propio Marruecos se haya visto obligado a reclamar la intermediación de EE UU –ante la incapacidad francesa por decantar una correlación de fuerzas favorable hacia sus tesis– es una derrota en toda regla de la diplomacia gala.

Si EE UU pasa a ejercer el papel de árbitro omnímodo en el Norte de áfrica, si Madrid es capaz de hacer frente con éxito a sus acometidas, si sus propios socios buscan el amparo de Washington para no salir malparados del todo; ¿entonces dónde queda la grandeur francesa?

Se confunden quienes interpretan la firmeza del gobierno español frente a Rabat como la principal señal de fortaleza. Demostrar la voluntad y la capacidad de Madrid para hacer frente con éxito a las ofensivas francesa ha sido el verdadero sentido del pulso sostenido a lo largo de 5 días en torno al islote de Perejil. Y de paso poner en su sitio al joven y aventurero monarca marroquí, cada vez más alocadamente alineado con París.

Voluntad, astucia y fuerza

Se ha publicado estos días que, poco tiempo después de la Marcha Verde y durante una visita de Hassan II a Madrid, en el transcurso de una cena oficial con el Rey Juan Carlos y ante las continuas insinuaciones del monarca alauí acerca de que tenía preparado organizar una nueva marcha, esta vez sobre las ciudades de Ceuta y Melilla, el entonces presidente del gobierno español, Adolfo Suárez, le contestó. «Si usted ocupa Ceuta y Melilla, sepa que la Fuerza Aérea española tiene la orden de bombardear Rabat y Casablanca». No hubo ocasión entonces de comprobar la veracidad de las palabras de Suárez. Sin embargo, 25 años después, su hijo Mohamed VI sí ha tenido ocasión de constatar, tras la rápida, limpia y concluyente operación militar en Perejil, lo que significa mantener con firmeza el principio de «no aceptar una política de hechos consumados».

En un movimiento diplomático de una energía desconocida hasta ahora en la política española., en apenas 48 horas el gobierno español conseguía, saltándose la oposición francesa, hacer valer el peso del eje Madrid-Londres para conseguir un comunicado de la presidencia de la Unión Europea favorable a sus posiciones. Y en las siguientes 24 horas, en un gesto hasta ahora insólito, hacía cambiar la declaración inicial de la OTAN –«es un asunto bilateral entre España y Marruecos»– por un explícito respaldo a sus tesis. A raíz de la crisis de Perejil, una acertada combinación de voluntad política, fuerza militar y habilidad y agilidad diplomática ha revelado una capacidad para hacer valer el peso de los intereses españoles y un dinamismo sensiblemente opuestos al decadente letargo e inanidad que en los asuntos internacionales había mostrado la oligarquía española a lo largo de muchas décadas.

Trato directo con el jefe

La aceptación final por las dos partes de la intermediación norteamericana ha conseguido, en lo inmediato, cerrar la crisis de una manera favorable a los intereses españolas, pero al mismo tiempo siembra el futuro de inquietantes incógnitas y sombras oscuras. Por un lado, al empujar a Rabat hacia Washington la enérgica respuesta española ha conseguido llevar a un terreno en principio favorable las históricas reivindicaciones territoriales marroquíes. Mientras las resolución de conflictos como el de Perejil (y su verdadero telón de fondo: Ceuta. Melilla y, más allá y más peligroso, Canarias) se mantenga bajo el arbitraje de Washington, Aznar puede estar relativamente tranquilo. Hoy por hoy es un aliado demasiado importante para EEUU en Europa como para permitir que ningún conflicto con otro «país amigo» alcance niveles inquietantes.

Por el contrario, no haber evitado la intrusión de Francia en la resolución de la crisis habría significado conceder nuevas y poderosas herramientas para que Francia pueda seguir interviniendo en nuestro país como un área de influencia sometida a sus intereses. Y la experiencia histórica nos enseña hasta dónde pueden llegar nuestros vecinos del Norte en su afán por dominarnos.

Sin embargo, la intermediación norteamericana deja abierta dos sombras oscuras difícilmente compatibles con los intereses nacionales de España. Por un lado la cuestión del Sáhara. Si hasta hace sólo unas pocas semanas la posición del pueblo español, de la totalidad de las fuerzas políticas y de las instituciones del Estado eran unánimes en la exigencia del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, hoy dicha unanimidad empieza a estar resquebrajada. Tanto en el seno del Gobierno como del PSOE son cada vez más abiertas e insistentes las voces que llaman a abandonarla en nombre del «realismo» político. Algo que, de consumarse finalmente, supondría no sólo una completa traición a la causa de un pueblo con el que España tiene tantos lazos históricos, culturales y afectivos, sino un completo error estratégico desde una visión de futuro de los intereses de España. Por el otro, ¿por qué una vez retomada la iniciativa y establecido una correlación absolutamente favorable en todos los terrenos, se acepta la mediación norteamericana? ¿Acaso no era posible resolverlo sin ella? ¿Por qué poner en manos de EEUU la resolución de un conflicto que nos afecta tan de lleno cuando, como es bien sabido «Washington no tiene amigos sino intereses»? ¿O hay alguien tan ingenuo que crea que EEUU va a sacrificar sus propios intereses a los de una lejana provincia del imperio, por más que su presidente sea amigo del César?

A. Lozano


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Demostrar la voluntad y la capacidad de Madrid para hacer frente con éxito a las ofensivas francesas ha sido el verdadero sentido del pulso sostenido a lo largo de 5 días en torno al islote de Perejil.