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AGOSTO 2002 |
Unificación Comunista de España
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Eta
asesina, Hay que detener, juzgar y encarcelar a los pistoleros, a quienes los encubren y a los responsables políticos de todo este horror. La solución al fascismo no vendrá de la ilegalización de ninguna fuerza política, sino del encausamiento y la condena de los máximos responsables del terror. Ha sido en Santa Pola, pero podía haber ocurrido en cualquiera de los centros turísticos que existen en el país. Ha segado la vida de una niña de seis años y de un hombre de 57, pero nos podía haber tocado a cualquiera de nosotros. La perversa determinación de ETA no conoce límites: sembrar el terror buscando causar el mayor daño y dolor posibles. Es la naturaleza negra del fascismo. Ninguna persona de bien, sea cual sea su credo político, ideológico o religioso, puede dejar de sentir la más completa repugnancia moral ante estos hechos. Nadie dotado de un mínimo de conciencia puede dejar de manifestar su total indignación ante ellos. Todos tenemos la obligación de salir a la calle a manifestarlo. Pero hay momentos en que las condenas ya no sirven ante tanto horror acumulado. Y este es uno de ellos. Basta ya de que el odio y la muerte se sigan adueñando de las calles de Euskadi para, desde allí, extenderse como un cáncer maligno al resto de España. Es el momento de decir en voz alta lo que mucha gente siente, piensa y dice en voz baja: si ETA sigue existiendo, si ETA puede seguir esparciendo la muerte es porque no está sola en su empeño criminal, porque tiene poderosos padrinos que la protegen y la utilizan para sus propios fines. Y el primero de ellos es el presidente del PNV, Arzallus, y la línea nazifascista que ha impuesto sobre el conjunto del nacionalismo vasco. Que juzguen a Arzallus Entre la inmensa mayoría del pueblo español existe la íntima convicción moral y la profunda certeza política de que nada de lo que hoy ocurre en Euskadi sería posible sin la activa participación de Arzallus y su línea. Y tiene que responder ante la justicia por ello. El odio hacia España y todo lo español que destilan sus declaraciones y que se transmite desde los medios de comunicación, las instituciones y los centros de enseñanza como el caldo de cultivo imprescindible para que generaciones de jóvenes vascos recorran el siniestro camino que conduce de la kale borroka al tiro en la nuca y el coche bomba. Sus fanáticas e incendiarias proclamas racistas, sus continuos insultos y descalificaciones dirigidos a crear un permanente clima de incitación al enfrentamiento entre los vascos y de éstos con España, su incesante justificación de ETA, un día atribuyéndolo «al carácter de los vascos», al otro recordando que comparte sus objetivos, el de más allá aconsejando a sus pistoleros que no abandonen las armas «mientras quede un preso en las cárceles». ¿Acaso no es un hecho que la correspondencia entre sus declaraciones y las acciones inmediatamente posteriores de la banda terrorista es tan evidente para todos, que gritar la consigna de «Arzallus apunta, ETA dispara» se ha convertido ya en un clamor popular? Quien marca el ritmo de la política vasca, quien establece su rumbo, quien señala los objetivos y las etapas es Arzallus y no ETA. ¿Quién recoge y reparte las nueces sino? Si hubo tregua fue porque Arzallus valoró que las movilizaciones tras el asesinato de Miguel Angel Blanco podían dar la puntilla final a ETA, debilitando así su proyecto. Y les ofreció el balón de oxígeno del acuerdo de Lizarra. Pacto que rompió, incumpliendo lo firmado con ETA, en el momento que la banda estaba recuperada y podía «seguir moviendo el árbol», para que él recogiera los frutos políticos de la limpieza étnica e ideológica. El único proyecto real, serio y consistente que existe hoy en Euskadi para fragmentarla del resto de España es el que encabeza Arzallus. Y en su estrategia, el terror impuesto por ETA es un complemento necesario para avanzar en sus objetivos. Por eso la alienta con sus declaraciones, la alimenta con las generosas subvenciones que las instituciones vascas dan a su entorno, la protege en los momentos de debilidad, la justifica tras el «conflicto político» y la utiliza según las necesidades y las resistencias que encuentra su proyecto. Y por eso tiene que responder ante los tribunales. Y la justicia tiene que investigar, documentar y demostrar el carácter delictivo de las abrumadoras evidencias que lo acusan. Quizás Milosevic no supo nunca ni manejar un arma, quizás jamás se encuentre ningún documento de su puño y letra ordenando las matanzas de Srebrenica, Sarajevo o las fosas comunes de Kosovo. Pero no importa. Porque todos sabemos que es responsable de crímenes contra la humanidad por su incitación al odio étnico, por las infames maquinaciones e intrigas que urdió desde su cargo de máxima responsabilidad política, por el terror que sembraron los cuerpos paramilitares mantenidos con su aliento y protección. Exactamente lo mismo que Arzallus. ¿Por qué lo que sirve para uno no habría de servir para el otro? Los huevos de la serpiente del fascismo en Euskadi no desaparecerán mientras no apuntemos a su cabeza, mientras Arzallus no sea inculpado ante la justicia, investigada su participación y castigada su responsabilidad. ¡Ya está bien de tanta impunidad para los máximos responsables políticos del terror nazifascista! ¡Que se cree ya una «Comisión de la verdad», formada por hombres justos e independientes, para investigar hasta el final la siniestra red de complicidades en el horror de la limpieza étnico-ideológica que sufre Euskadi! ¡Que sus conclusiones se lleven ante la justicia por los familiares de las víctimas! Que tengan la completa seguridad de que, de la misma forma que ocurrió en Chile o Argentina, su causa encontrará la ayuda desinteresada de los sectores progresistas de la justicia, la solidaridad activa de nuestro pueblo y el generoso apoyo de todas las personas de bien del planeta entero. ¡Basta ya de impunidad! ¡ETA asesina! ¡¡Arzallus responsable! |
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