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AGOSTO 2002 |
Unificación Comunista de España
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Balcanización y alteración del mapa europeo El sistema de relaciones políticas y militares de la Europa de hoy es herencia y continuación directa de un diseño, el del Plan Marshall, pensado y ejecutado para preservar y reforzar el dominio yanqui sobre Europa. Toda la cadena de alianzas y dependencias vigentes en Europa en los últimos 50 años no tiene otro objetivo que asegurar Çla influencia decisivaÈ norteamericana y Çoscurecer las asimetrías de poderÈ entre EEUU y sus socios (pero también vasallos) europeos. Cualquier potencia que aspire a articular bajo su proyecto y su hegemonía a Europa, se ve obligada, necesariamente, a romper este estado de cosas, a alterar este mapa político. La línea agresiva y aventurera del sector bávaro de «germanizar Europa» está lanzada a romper el mapa político europeo, a provocar desgarros, a hacer jirones el actual orden para conquistar la hegemonía A partir de la caída de la URSS y su reunificación, Alemania pasa de ser un país dividido y ocupado militarmente, sin voz y sin política propia en la escena mundial, a enarbolar abiertamente su condición de primera potencia europea, reivindicando para sí el papel de núcleo vital de Europa, tanto en lo económico como en lo político, y a desplegar activamente el proyecto de una construcción europea liderada por ella y cada vez más autónoma de EE UU. En este proceso aparecen dos líneas claramente diferenciadas en el seno mismo de la clase dominante alemana. De un lado, la línea, políticamente representada por Kohl, de «europeizar Alemania» avanzando en ese objetivo a un ritmo pausado, sin grandes sobresaltos ni rupturas forzadas. Dando pasos tan medidos como sólidos e irreversibles. Haciendo concesiones al resto de las burguesías monopolistas a las que se trata de atraer al proyecto hegemonista alemán. Por el otro, la línea de «germanizar Europa», la del sector bávaro, caracterizada por la impaciencia, la agresividad y el aventurerismo. Lanzada a romper el mapa político europeo a la menor oportunidad que se le presente, que busca provocar desgarros, hacer jirones el actual orden allí donde existen condiciones para hacerlo, no importa las consecuencias que ello tenga si, a cambio, le permite conducir el alineamiento básico de un mayor número de países o regiones de Europa hacia su conversión en nuevas zonas de preponderancia alemana. Germanizar Europa: La Europa de los pueblos Pero, por su misma naturaleza, la línea de «europeizar Alemania» implica un largo camino en el que los avances, aunque firmes, son muy lentos. En el que se adquiere influencia económica sobre los países más débiles, pero no se consigue cambiar sus alineamientos básicos ni romper o debilitar significativamente la vinculación orgánica que sus Estados tienen con el hegemonismo yanqui. Y es en oposición a ella que se desarrolla otra línea mucho más agresiva, deseosa de obtener resultados inmediatos, que no se resigna a subordinar el interés nacional alemán al interés común europeo ni, mucho menos, a mantener durante un tiempo indeterminado, pero previsiblemente muy largo, el actual statu quo del orden político europeo bajo hegemonía yanqui. Es la línea que, reconociendo la independencia de Croacia y Eslovenia, provoca la fractura yugoslava. Es la línea que maniobra para la desmembración de Checoslovaquia y coquetea abiertamente con el irredentismo de los Sudetes. La que sostiene política y diplomáticamente la ascensión de Haider en la región austriaca fronteriza con Baviera y su posterior expansión hacia Viena. La línea que exige a Schršder que imponga en Niza un reordenamiento del poder interno en la Unión Europea que asegure el desplazamiento de su eje de construcción, y a Alemania el control absoluto, hacia Europa Centrooriental. Una línea que ha desempolvado el viejo proyecto de Hitler de la ÇEuropa de los pueblosÈ, basada en la división y desmembramiento de los Estados nacionales en comunidades ÇnaturalesÈ, homogéneas étnica, lingŸística y culturalmente. Una línea bajo cuyo manto tienden hoy a alinearse las fuerzas nacionalistas más reaccionarias de Europa, entre ellas la línea nazi-fascista de Arzallus, y que está en el origen de la explosiva reaparición, con una fuerza y virulencia desconocidas en las últimas décadas, del racismo, la xenofobia, la persecución étnica, el enfrentamiento civil y los desgarros y fracturas nacionales. Políticamente articulada en torno a la CSU (la Unión Social Cristiana de Baviera), núcleo histórico de los sectores más ultrareaccionarios de la derecha alemana, el sector bávaro de la burguesía monopolista alemana quiere un nuevo diseño del mapa de Europa, lo quiere ya y está decidido a imponerlo de grado o por fuerza, apoyándose y haciendo eclosionar los latentes conflictos nacionales, étnicos o lingŸísticos que recorren el complejo mapa europeo. Es en esta fractura, que implica violentos desgarros, donde este sector busca y alienta las fuerzas capaces de encabezar nuevos Estados que, desde su nacimiento, estén ya vinculados orgánicamente al nuevo orden gérmanico de Çla Europa de los pueblosÈ y no al viejo orden yanqui de la Guerra Fría. A. Beloki |
Articulada en torno a la CSU de Stoiber (la Uni—n Social Cristiana de Baviera), nœcleo ultrareaccionario de la derecha alemana, el sector b‡varo de la burgues’a monopolista alemana quiere un nuevo dise–o de Europa, lo quiere ya y est‡ decidido a imponerlo, apoy‡ndose y haciendo eclosionar los latentes conflictos nacionales, Žtnicos o lingŸ’sticos que recorren el complejo mapa europeo. |