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AGOSTO 2002 |
Unificación Comunista de España
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Si el Gobierno francés quisiera terminaba con ETA A día de hoy, el país vasco-francés sigue siendo el «santuario» de ETA: el refugio que encuentran sus pistoleros cada vez que tienen que huir de España; el lugar desde donde la dirección de ETA elabora y dicta sus siniestros planes; el mercado donde se negocia, se recauda y se blanquea el dinero extorsionado a empresarios y profesionales; la plaza pública en la que dirigentes de Jarrai o de Gestoras perseguidos por la justicia española jalean la kale borroka, la desobediencia civil o el tiro en la nuca. ¿De verdad cree alguien que no esté afectado por la deshonestidad o por un agudo ataque de cretinismo político que todo esto podría hacerse en contra de la voluntad del gobierno francés? Para contestar a esta pregunta, nada mejor que recurrir a uno de los mayores expertos en ETA, Xabier Arzallus: «Entonces se echarían también a la policía francesa encima.
El papel de Francia en la permanencia del terrorismo etarra no es nuevo, viene de antiguo, de muy antiguo. Si ya en el siglo XIX apoyaban al carlismo y azuzaron las guerras civiles que éste promovió con el objetivo, declarado por uno de sus embajadores, de que «cuanto más suba el carlismo, más bajará el precio de las minas de Almadén»; desde los años 70 Francia viene jugando con «aumentar» o «disminuir» la presión sobre el mundo de ETA en el País Vasco-francés dependiendo de las resistencias que el gobierno español de turno oponga a sus exigencias políticas o económicas. Para nadie es un secreto que durante los años de gobierno de González, cada gran operación de la policía francesa contra ETA era seguida por la firma de suculentos contratos billonarios de sus principales monopolios con el Estado español. Y es que uno de los anclajes imprescindibles que permiten la grandeur de Francia en Europa está en el mantenimiento de un statu quo por el que España está condenada a ser el vecino atrasado, débil y dominado, sometido permanentemente a su injerencia, intervención y desestabilización. Y en el mantenimiento de este statu quo, la sangrienta capacidad desestabilizadora de ETA es un capital demasiado valioso en el frío cálculo de los gobiernos franceses como para derrocharlo en nombre de unas ficticias relaciones de buena vecindad. A. Beloki |
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