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Diciembre 2002 |
Unificación Comunista de España
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NACIONAL 20
años de la llegada de los socialistas a la Moncloa Según una dirigente socialista, expresando el sentir que hoy se vive en el PSOE, "José Luis Rodríguez Zapatero está generando la misma ilusión colectiva que logró Felipe González". La publicación de encuestas que indican un avance electoral del PSOE y Zapatero, tras el último debate parlamentario y la celebración del 20 aniversario de la llegada de los socialistas al gobierno, han contribuido a crear un ambiente de "ilusión". Hasta los barones más desconfiados con Zapatero, y el mismo González, le aplauden ahora. Durante meses las tomas de posición de Zapatero, cerrando filas con el gobierno de Aznar en temas como el Pacto antiterrorista o la crisis de Perejil, le han enfrentado con las posiciones de los núcleos felipistas y al mismo González, que llegó a descalificarlo públicamente, por su falta de "proyecto y programa". Sin embargo, la celebración del 20 aniversario del triunfo de González, "donde el debate sobre los errores pasados se ha convertido en una defensa a ultranza de aquel tiempo", en palabras de Nicolás Redondo, ha vuelto a ensombrecer de nubarrones el cielo de la proclamada renovación del PSOE. El espíritu de Vistalegre La reciente celebración de la plaza de toros de Vistalegre en Madrid, ante 25.000 personas, se convirtió en una "expresión de reconocimiento y afecto" al ex-presidente González y sus gobiernos. Zapatero desplegó un encendido elogio "a la labor de González. La derecha ha intentado borrar todo lo que hiciste... Nuestra tarea se interrumpió por errores y por las malas artes de la derecha". El "gracias Felipe" de Zapatero, es contestado por el "me equivoqué contigo, José Luis" de González. Estaremos ante una nueva negra perspectiva respecto al PSOE, si lo que algunos medios, como El País, han llamado "el espíritu de Vistalegre" es la expresión de la claudicación de Zapatero ante las presiones de los poderes mediáticos de Polanco. O la expresión de que el aparato felipista es capaz de imponerse. O de la utilización oportunista del aniversario, para echar tierra sobre el balance autocrítico y los errores del pasado, anunciado por Zapatero al principio de su mandato. En cualquiera de los tres casos o de los tres a la vez, sin ajustar cuentas con los 14 años de Gobierno González y romper amarras con el, no es posible recuperar al PSOE como fuerza para un proyecto antihegemonista, nacional y popular, desligado de los proyectos de los imperialismos y la oligarquía financiera. Si un país que olvida su pasado está condenado a repetirlo, un partido que oculta sus errores está condenado a multiplicarlos. No basta con reconocer que los hubo, como se limitó a hacer Zapatero en el mitin de Vistalegre, "Nuestra tarea se interrumpió por errores y por las malas artes de la derecha". Sino que es preciso entrar a denunciar qué errores y su naturaleza. Traición y desencanto La ilusión que despertó en la sociedad española, sobre todo en la clase obrera y las clases populares, el cambio prometido por González, apoyado por 10 millones de votos, se transformó en cabreo y desencanto. Porque se prometió un "cambio para todos, para los descamisados, más justo y solidario", y se convirtió en un gobierno de la OTAN, las multinacionales y el gran capital, truncando las esperanzas populares y de los sectores progresistas y de la izquierda. Primero entregando el país a los proyectos del hegemonismo norteamericano, metiendo a España en la OTAN y en la maquinaria militar yanqui con la renovación del tratado y la continuidad de las bases americanas. Luego, subordinando nuestro país a los poderes emergentes en Europa, convirtiéndose en la punta de lanza de los proyectos del eje germano-francés, base de la línea nazifascista encabezada por Arzallus en el País Vasco. En tercer lugar, llevando a cabo una política antiobrera y antipopular, impulsando un modelo de reconversión industrial y "modernización" del país de acuerdo con los intereses de los grupos monopolistas y la oligarquía financiera. Durante sus catorce años de Gobierno el país sufrió una reconversión salvaje, dictada por Bruselas, que hipotecó nuestra capacidad de desarrollo industrial estratégico. Los trabajadores sufrieron despidos masivos, se inició la precarización del mercado de trabajo. González cogió el gobierno del país con una tasa de paro del 16'48 %, en el 82, y lo dejó en el 22'9 %, en el 95. Hizo los mayores recortes sociales de toda la transición democrática: reducción de las coberturas sociales en los derechos de jubilación, cobertura del desempleo, medicamentazo, etc. La brutalidad de su política social le llevó a la total confrontación con el movimiento obrero y los sindicatos que convocaron cuatro Huelgas Generales, 85, 88, 92 y 94, y las Huelgas Generales de Asturias, Galicia, País Vasco y Cantabria. Y todo ello en medio de un sistema generalizado de corrupción y la "cultura del pelotazo". Así como el amparo y la implicación directa de las altas jerarquías del partido socialista y del Gobierno en el terrorismo de Estado, los GAL. Echar tierra sobre todo ello, limitar los errores a "algunos aprovechados" y reivindicar a González y sus gobiernos, "elogiar todo lo que hiciste", ¿es ese el espíritu de Vistalegre? Lo peor estaría por venir Si eso es así, lo peor estaría por venir. Para la izquierda y los intereses populares, lo malo no sería que el PSOE no ganara las próximas elecciones, lo peor sería que volviera a repetirse lo del 82, y la ilusión se transformara en el segundo desencanto. A nadie le debe importar apoyar decididamente las posiciones de Zapatero justas que rompen con la línea González: el cierre de filas frente al terrorismo, la denuncia de la provocación de Perejil, o el apoyo a las movilizaciones sindicales. A pesar de sus vacilaciones e inconsecuencias, como la falta de apoyo incondicional a la dirección de Redondo Terreros al frente del PSE. Pero la campaña de "agradecimiento y elogio" a la etapa de los gobiernos de González, enterrando cualquier valoración crítica-autocrítica, sólo puede alimentar la sombra de otro 82. Otro "de entrada No", mientras se aspira a gobernar, para transformarlo en "ahora Sí", una vez instalados en el Gobierno. Zapatero cometería una grave equivocación si piensa que, con el paso del tiempo, lo mejor es arrinconar las promesas autocríticas de hace dos años sobre la etapa de gobierno felipista. Tres preguntas a Zapatero Desde que Felipe González perdió las elecciones, cada vez que hay un dirigente socialista que promete un cambio de orientación, se desbordan las expectativas tanto en el PSOE como en mucha gente identificada con la izquierda. Ocurrió con Borrell, ahogado por el aparato felipista y los medios de Polanco. Y ahora vuelve a ocurrir con Zapatero. Por eso, las preguntas sobre el futuro de el nuevo cambio que han prometido son mucho más que inquietudes, son duras exigencias a Zapatero. Zapatero ha prometido recuperar las raíces socialistas y defender a los más desfavorecidos. ¿Quiere decir que el PSOE volverá a ser un partido que defienda los intereses obreros y populares? ¿Quiere decir que romperá con la política de servicio a la banca, los monopolios y las multinacionales de la etapa de González? Como ha dicho Nicolás Redondo en una reciente entrevista, "en el campo de los valores de la izquierda, es donde los estragos de los gobiernos de Felipe González han sido más profundos". ¿Contribuirá Zapatero a recuperar el PSOE como una fuerza independiente del hegemonismo yanqui o alemán, saldando las deudas contraídas en la etapa de González, metiéndonos en la OTAN, dejando las bases americanas o subordinando los intereses del país a las exigencias de Bruselas? ¿Tomará el PSOE una posición claramente antihegemonista contra la política de guerra de EEUU? Y en cuanto a Euskadi, ¿va a mantener consecuentemente la denuncia del nacionalismo étnico y la línea nazifascista de Arzallus, comprometiéndose a impulsar la rebelión democrática y apoyar sin vacilaciones a los sectores del Partido Socialista de Euskadi más radicalmente antifascistas? Una cosa está clara, sin romper con la línea que impuso González en el PSOE es imposible ninguna renovación. La recuperación del PSOE como una fuerza que sirva a nuestro país y nuestro pueblo pasa por ahí. N. I. Artículos relacionados: |
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