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| Diciembre 2002 | Unificación Comunista de España |
| NACIONAL Se reduce la intención de voto al PP Cuando los vientos de derechización soplan desde poderosos ventiladores, las tendencias antipopulares del gobierno de Aznar han saltado como un resorte. Ha bastado que la temperatura ambiente aumentase varios grados (a nivel internacional con el avance de la línea más dura de Washington, e internamente con el golpe de mano de los sectores más agresivos de la oligarquía, nucleados en torno al BSCH) para que por debajo de la fachada de derecha moderna hayan sacado la cabeza los rasgos que siempre han caracterizado a una oligarquía a la que representa, casi carnalmente, el PP. La reducción, hasta el empate virtual en algunos casos, entre el PP y el PSOE en las encuestas de intención de voto ha sorprendido a todos abriendo, según los intereses de cada cual, múltiples preguntas. ¿Son los méritos de Zapatero los que le han llevado a arañar las diferencias, o son los deméritos propios los que están provocando la relativa pérdida de apoyo del PP? ¿Está la causa en la disputa por la sucesión en el seno del PP? La respuesta hay que buscarla en las decisiones que han inundado los últimos meses de gobierno de Aznar, preñadas todas ellas de las rancias pero casi consustanciales tendencias propias de la derecha oligárquica española. El incondicional apoyo al camino belicista impuesto por Bush, ofreciendo las bases españolas como plataforma de despegue para el ataque a Irak o firmando unas bochornosas condiciones en la renovación del acuerdo de defensa con EEUU, evidencian que todavía la oligarquía española es incapaz de encabezar un proyecto propio sin refugiarse bajo la protección de la potencia de turno. La brecha abierta entre la sumisión del gobierno y el 80% de la población, que en todas las encuestas se manifiesta en contra de cualquier tipo de apoyo a Washington, es un primer elemento significativo. El ataque, brutal y unilateral, a las condiciones de vida y trabajo de muchos trabajadores que supone el decretazo, y el apolillado desprecio de clase exhibido ante la huelga general han hecho saltar una paz social especialmente cuidada durante años. El intento de reconducción posterior no ha minimizado los efectos. Otros elementos (como la tijera clasista que suponen la LOU o la ley de calidad, o el recorte de libertades que esconde la ley de partidos) han acabado por sacar a relucir, en aspectos especialmente sensibles para el pueblo trabajador, las aristas más reaccionarias del actual gobierno. Tal y como han planteado círculos muy cercanos a Aznar, «estamos ante un panorama político nuevo, más exigente». El PP había disfrutado de una insólita situación que permitía su mayoría absoluta en una país de izquierdas. Los aciertos propios y las debilidades ajenas, propiciadas por los catorce años de gobierno de González prepararon el camino. La firmeza del PP ante el avance del nazifascismo en Euskadi, junto a la resistencia ante el proyecto que conducía a la desintegración y disolución de España en una Europa hegemonizada por Berlín, propició que el PP alcanzará incluso un determinado grado de liderazgo social impensable hace años. En comparación con el pasado, la gestión económica del PP ha dado cierto grado de verdad al manido lema de «España va bien», alcanzando un crecimiento económico real y continuado. Y cuidando especialmente el mantenimiento de la paz social, privilegiando los ritmos de las reformas a la negociación con los sindicatos. Pero ha bastado que la temperatura ambiente aumentase varios grados (a nivel internacional con el avance de la línea más dura de Washington, e internamente con el golpe de mano de los sectores más agresivos de la oligarquía, nucleados en torno al BSCH) para que por debajo de la fachada de derecha moderna hayan sacado la cabeza los rasgos que siempre han caracterizado a una oligarquía a la que representa, casi carnalmente, el PP. En una situación donde los vientos de derechización soplan desde poderosos ventiladores, las tendencias antipopulares que anidan en el gobierno de Aznar se han sentido con la fuerza suficiente para manifestarse con mayor libertad. La lista de ataques a los intereses fundamentales del pueblo trabajador se ha multiplicado, declarando suprimible todo lo que no sea rentable, aunque afecte a terrenos tan sensibles como la educación o la sanidad. La propuesta de reforma laboral ya conocida como decretazo aumenta las facultades del capital y anuncia las condiciones a las que pretende someter este gobierno a la mano de obra. Ha sido suficiente que empezaran a aparecer todos estos elementos para que significativos sectores hayan dado la espalda al gobierno de Aznar, reconociendo en él intereses ajenos y quebrando la plácida estabilidad de que ha gozado durante los últimos años. Por otra parte el triunfo de la huelga general, redimensionado por las concesiones ofrecidas por el gobierno, ha instalado por primera vez la sensación de que se puede derrotar al gobierno. Tan sólo la falta de una alternativa que pueda otorgar representatividad política a las aspiraciones populares evita la explosión de la contradicción entre un gobierno que ha sacado a la luz su cara más proligárquica y una mayoría social progresista que apuesta por otro camino. Francesc Ten Artículos relacionados: |
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