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Diciembre 2002 |
Unificación Comunista de España
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NACIONAL La
sucesión de Aznar El ascenso de las fuerzas más duras en EEUU y el retroceso del eje franco alemán en la UE crean las condiciones para que en el seno del sector hoy dominante de la oligarquía se bifurquen también dos formas a la hora de materializar su proyecto La disputa por la sucesión de Aznar en el seno del PP acapara titulares y atención. Pero, a diferencia de las valoraciones mayoritarias, no se trata únicamente de una cuestión de liderazgo personal, sino que existen matices políticos suficientemente diferenciados en su contenido como para ser tenidos en cuenta. Al margen de los posibles candidatos, se perfilan dos bloques encabezados respectivamente por Rodrigo Rato y Mayor Oreja. La trayectoria política de ambos nos proporciona las pistas necesarias. Es conocido que la aprobación del decretazo tuvo su impulso político en el entorno del ministro de Economía. La burda forma en que fue planteado rompía el consenso mantenido con los sindicatos durante todo el periodo. Las prisas por proporcionar a la gran patronal un elemento que multiplicase sus beneficios condujo a una tramitación acelerada que pulverizaba la imagen «dialogante y centrista» trabajada durante años por el gobierno. Es en la política económica, responsabilidad directa del área de Rato, integrante de una de las familias de la oligarquía, donde el PP ha evidenciado de forma más aguda no sólo sus mejores servicios a los grandes monopolios, sino también las medidas más antipopulares. No es casual que Rodrigo Rato mantenga privilegiadas relaciones con Washington, gozando de un amplio reconocimiento entre los círculos más restringidos del poder financiero norteamericano. El último periodo político de Mayor Oreja está marcado por la decisión de presentarse como candidato a lehendakari, situándose como cabeza visible, in situ, de la posición de firmeza ejercida por el PP en el frente de Euskadi. Situar como eje la oposición al nacionalismo étnico le ha llevado a proponer una política de frente con el PSE y las organizaciones sociales como Basta Ya o Foro de Ermua. Evidentemente no existe ninguna diferencia en lo sustancial: el alineamiento con EEUU en el plano internacional, la resistencia ante los intentos de Berlín por ejercer un mayor control sobre España a través de incidir en las contradicciones de la organización nacional española, y una política económica favorable a los monopolios y la gran patronal. Sin embargo, las diferencias revisten importancia. Debajo de la política de Rato se encuentra la voluntad de aprovechar la situación internacional de ofensiva de los sectores más duros de Washington para dar un salto en la implantación en España de un modelo económico y social «a la americana». Un camino que ponga los principales recursos del país en la consolidación de los monopolios españoles como Telefónica o Repsol; acelerando las reformas laborales que construyan «patronos de hierro y obreros de goma»; y sometiendo al criterio de que lo que no es rentable sobra áreas especialmente sensibles como la educación o la sanidad. Un camino que genera el rechazo frontal de un país con una mayoría social progresista. La política que ha encabezado Mayor Oreja supone, a pesar de su evidente vinculación a EEUU, la primera vez que desde los sectores dominantes de la oligarquía se lanza una oposición frontal al proyecto más peligroso del imperialismo para España. Esto es lo que ha permitido al PP granjearse un determinado grado de respeto y liderazgo social impensable para la derecha, y que también ha estado determinando en gran medida el empeño del PP por llevar una política que pueda unir en esta batalla bajo su dirección a determinados sectores sociales que en otras circunstancias nunca irían de su mano. La apertura de un periodo caracterizado por el ascenso de las fuerzas más duras en EEUU y el retroceso de los proyectos del polo hegemonista alemán crean las condiciones para que en el seno del sector hoy dominante de la oligarquía se bifurquen también dos formas a la hora de materializar su proyecto. Estos son los movimientos de fondo que se están manifestando a través de la batalla por la sucesión de Aznar. Lo que impide que todavía hoy no exista un candidato definido. Movimientos que también afectan a las condiciones y la orientación, en la medida de enfrentarse a una u otra forma, para levantar una alternativa en España. Francesc Ten Artículos relacionados: |
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