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Diciembre 2002 |
Unificación Comunista de España
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ANÁLISIS Un paso adelante, dos atrás "Las revoluciones proletarias (...) se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo desde el principio, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la ilimitada inmensidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas gritan: Hic Rhodus, hic salta! ¡Aquí está Rodas, salta aquí!" Carlos Marx. El 18 Brumario de Luis Bonaparte Hay ocasiones en que no es posible dar un paso adelante sin, previamente, dar dos pasos atrás. Esto es lo que, de alguna manera, está ocurriendo hoy con la revolución mundial. A diferencia de lo que ocurría hasta hace poco más de una década, donde el marxismo era reconocido en el movimiento obrero y revolucionario de todo el planeta como la guía teórica e ideológica imprescindible en torno a la cual debía construirse cualquier alternativa de lucha contra el capitalismo, hoy, los mismos fundamentos de la teoría marxista, sus piedras angulares, sus nódulos básicos más imprescindibles son virulentamente atacados y puestos en cuestión, no ya desde fuera, sino desde dentro mismo de las organizaciones de izquierdas, progresistas o revolucionarias. Unas nuevas condiciones Por eso, mientras la batalla, en el terreno ideológico y teórico, hasta hace sólo una década consistía en defender y desarrollar el contenido revolucionario del marxismo frente a quienes, encabezados por la URSS, lo subvertían y castraban, convirtiéndolo en un instrumento de sojuzgamiento, dominio y explotación; en la actualidad es necesario volver a dar la batalla en sus mismos orígenes. Desenterrar y volver a utilizar las herramientas ideológicas, filosóficas y científicas que Marx y Engels tuvieron que usar en el siglo XIX para dotar al proletariado de conciencia de su misión histórica y de los medios para llevarla adelante, las que Lenin y el Partido bolchevique se vieron obligados a desplegar para proporcionar al proletariado el instrumento de combate que necesitaba para derrocar el poder de una burguesía que había alcanzado una fase superior en su organización como clase dominante: el imperialismo. ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué es necesario hoy dar dos pasos atrás para poder dar un paso adelante? La burguesía mundial, como hace también el proletariado, aprende de su experiencia como clase, saca enseñanzas de su práctica en la lucha de clases. Y la práctica y la experiencia de la burguesía a lo largo de todo el siglo XX les ha enseñado que el marxismo y los Partidos Comunistas han sido los únicos adversarios serios con que se han encontrado; los únicos que, uniendo bajo su dirección a la clase obrera y a las clases populares, han amenazado de verdad su poder, su sistema de dominación mundial. Y esto es lo que se trata de evitar a toda costa. Lo que no pueden tolerar la burguesía, el imperialismo y el hegemonismo es que el proletariado se organice de forma independiente, construya su propio partido y parta de su propia teoría revolucionaria. Que este partido sea una organización unida, compacta y disciplinada. Que mantenga su cohesión ideológica e incremente constantemente sus filas. Que se dote de medios propios para difundir entre la clase obrera y las masas populares su política y sus alternativas. Y por eso lanzan ataques desenfrenados contra todo ello. La lucha por la ideología, la teoría y la organización de clase revolucionaria y al servicio del pueblo es la cuestión más decisiva para enfrentarse al poder de la burguesía y el hegemonismo. éste es plenamente consciente de que su principal condición de supervivencia radica en impedirlo a toda costa. Si los principios y capacidad de acción del partido proletario se diluyen en medio de una "ensalada surtida" donde hay de todo menos principios revolucionarios, entonces la burguesía y el hegemonismo podrán descansar tranquilos. La incapacidad práctica del único oponente que amenaza su existencia estará garantizada. Por ello los ataques más virulentos se concentran en las tesis y fustes esenciales de la teoría revolucionaria que, llevadas a la práctica convierten al proletariado y su partido en el instrumento fatídico capaz de echar por tierra su dominio. Una vez que, tras la voladura controlada del régimen socialfascista soviético, la burguesía mundial decretara la "muerte del comunismo", ahora tratan por todos los medios de evitar que su "fantasma" penetre nuevamente en la conciencia de los sectores más revolucionarios y combativos del planeta. Y para ello concentran sus ataques en lo que constituyen las verdaderas piedras angulares que forman el punto de partida sin el cual es imposible soñar siquiera con la liberación de los explotados y oprimidos. Práctica y conciencia El primer ataque frontal está dirigido a los mismos fundamentos materiales que hicieron necesaria e inevitable la aparición de la propia teoría revolucionaria, el arma más poderosa de la que jamás se han dotado los explotados y oprimidos para acabar con el poder de los explotadores. Un ataque para el que es necesario, previamente, ocultar y enmarañar hasta hacer desaparecer una de las verdades científicas más básicas y simples establecidas por el marxismo, pero que al mismo tiempo constituye la premisa sin la cual no es posible la organización independiente del proletariado como clase y, por tanto, la viabilidad práctica de luchar por sus intereses objetivos: la clase obrera, abandonada a sí misma, no genera otra cosa que reformismo. La conciencia de sus intereses como clase, le viene desde fuera, desde la teoría revolucionaria. A diferencia de la burguesía, que surge en el seno de la sociedad feudal llevando consigo su propio modo de producción, el capitalismo, el proletariado vive y desarrolla su práctica dentro del modo de producción capitalista, no trae consigo ningún otro modo de producción propio y diferenciado, es parte del modo de producción capitalista. Esta característica que por otro lado es consustancial a todas las clases explotadas de la historia, todas ellas existieron en tanto que parte de un modo de producción que no dominaban y que, en ese sentido, no les era propio, sino que ellos eran propios al modo de producción hace que la práctica directa del proletariado esté sujeta, reducida, constreñida a los límites que marca el modo de producción capitalista. Y por ello, la conciencia que le genera esta práctica nunca saldrá del marco establecido por las relaciones de producción burguesas. Podrá espontáneamente aspirar y efectivamente aspira por mejorarlas, podrá luchar y efectivamente lucha por conquistar una relación menos injusta entre el trabajo asalariado y el capital; pero su propia colocación y existencia en el modo de producción capitalista impide materialmente que llegue espontáneamente a cuestionarlo, mucho menos a levantar una alternativa frente a él. La lucha de la clase obrera y de los distintos sectores oprimidos, frente a las ideas dominantes en la actualidad en el seno de los movimientos de "resistencia al capital", no genera por sí misma más que espontaneísmo un enfrentamiento radical pero ciego, similar por su naturaleza al de las primitivas luchas de los obreros destruyendo las máquinas y reformismo una lucha por transformaciones asimilables por la burguesía en tanto que no cuestionan los cimientos sobre los que se asienta su poder; pero no una práctica revolucionaria organizada para cambiar el mundo de base, para conquistar un futuro de libertad y felicidad para la humanidad entera. Sin embargo, esta verdad científica tan simple es hoy atacada frontalmente en el seno mismo de las organizaciones de izquierda, progresistas y revolucionarias donde se amplifican y glorifican las limitadas luchas de solidaridad con el excluido, se exagera la fantasía de una misión que no va más allá de la resistencia, de la fe en la inevitable crisis del sistema o en la oposición irreductible al desarrollo de la producción, dándoles la categoría de luchas de las que saldrá un nuevo mundo, cuando la realidad es que tan siquiera son capaces de hacer tambalearse al viejo. A. Berengu er Artículos relacionados: |
Hoy, los mismos fundamentos de la teoría marxista, sus piedras angulares, sus nódulos básicos más imprescindibles son virulentamente atacados y puestos en cuestión, no ya desde fuera, sino desde dentro mismo de las organizaciones de izquierdas, progresistas o revolucionarias
Una vez que, tras la voladura controlada del régimen socialfascista soviético, la burguesía mundial decretara la "muerte del comunismo", ahora tratan por todos los medios de evitar que su "fantasma" penetre nuevamente en la conciencia de los sectores más revolucionarios y combativos del planeta
La práctica y la experiencia de la burguesía a lo largo de todo el siglo XX les ha enseñado que el marxismo y los Partidos Comunistas han sido los únicos competidores serios con que se han encontrado; los únicos que, uniendo bajo su dirección a la clase obrera y a las clases populares, han amenazado de verdad su poder, su sistema de dominación mundial. |