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Diciembre 2002 |
Unificación Comunista de España
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EDITORIAL Nunca
mais «Estamos ante la mayor catástrofe ecológica que ha tenido España. Puede que el Gobierno haya llegado tarde y nos hayamos equivocado». Aznar, por fin reconoce, un mes después, la gravedad del hundimiento del Prestige. Pero Aznar, como gran parte de los medios de comunicación y políticos de la oposición, desvían la atención de la verdadera tragedia. Con ser gravísimos los daños ecológicos, la auténtica tragedia está en las consecuencias para la vida de la gente, en la catástrofe humana y social: miles de familias trabajadoras que han visto hundidos sus anhelos y esperanzas, abocados al paro y la emigración, despojados de sus medios de vida y degradados a mendigar subsidios de miseria. Más de 2.500 puestos de trabajo directos perdidos; 90 millones de euros sólo en pesca y marisco,... una riqueza natural y popular que tardará hasta 15 años en regenerarse. Por eso, a medida que pasan los días crece la indignación popular contra los culpables de esta tragedia. Queda más patente la indignante e indigna actuación del Gobierno y la voracidad de las grandes multinacionales del petróleo que juegan con la vida y el destino de la gente y del planeta. La falta de escrúpulos de las petroleras a la hora de transportar el petróleo y la indolencia de un Gobierno, más pendiente de defender los intereses de los grandes capitales monopolistas que de las clases populares, se han encadenado en el caso del Prestige para traer una marea negra de ruina, desesperación y amargura a las costas de Galicia. El hundimiento del Prestige ha dejado al descubierto la verdadera trama criminal que se oculta detrás de las multinacionales del petróleo y la complicidad de los gobiernos con los intereses de estos monopolios. Más de 3.500 surcan los mares transportando el oro negro. Uno de cada tres, casi 1.200, son como el Prestige, auténticas bombas negras: no reúnen condiciones de seguridad; navegan con tripulaciones precarias insuficientemente preparadas; bajo las banderas de conveniencia de países como Liberia, Panamá, Bahamas o Malta, empresas fantasma o armadores griegos se ocultan los auténticos y «respetables» hombres de negocios dueños del petróleo, banqueros, casas reales como la inglesa, financieros, etc. Pero también la naturaleza de clase de un gobierno, el del PP, y unos gobernantes que si pusieran tanto interés en defender a la gente como ponen en cuidar las multinacionales, se podría haber hundido el petrolero pero nunca generar un catástrofe semejante. La sarta de errores y despropósitos del gobierno de Aznar y la Xunta Galega que preside Fraga, el intento de negar o minimizar la catástrofe, la racanería y la resistencia a poner todos los medios, incluso el ejército, al servicio de la defensa de los intereses populares, ha desvelado el carácter parasitario de un Estado que sólo se mueve para defender los intereses monopolistas o hegemonistas. ¡Tanta lentitud para poner el ejército a detener la marea negra y cuánta diligencia para ofrecer tropas a Bush! ¡Cuántos recortes cuando se trata de destinar recursos a poner medios para proteger los intereses populares, y qué pocos escrúpulos para autorizar las subidas del precio de la gasolinas o regalar dos billones de pesetas a la eléctricas! Pero sí hay alguien que está a la altura de las circunstancias, dando lo mejor de sí mismo, el pueblo de las nacionalidades y regiones de España. Los propios gallegos se han lanzado a la costa para defender con sus propias manos, casi sin medios, la riqueza que el maldito oro negro les roba. Y con ellos, miles de voluntarios llegados de toda España. También sin medios. También con sus manos. También indignados. El espíritu solidario que subyace en los catalanes, vascos, castellanos, andaluces, murcianos, extremeños, asturianos,..., como tantas veces en nuestra historia, ha vuelto a saltar ante la tragedia de uno de nosotros. ¿Para qué un Estado y unos gobernantes que sólo se cuidan de que funcionen los mecanismos de explotación y cuando se les necesita no están? Como el 20-J, la gente en la calle vuelve a poner de manifiesto que en la sociedad española las clases populares están pidiendo a gritos una alternativa capaz de poner los recursos del país al servicio de la mayoría de la población. La necesidad de organizar una alternativa de izquierdas popular, antimonopolista y antihegemonista está en el fondo de la Huelga General del 20-J y está en el grito de ¡Nunca Mais! que hoy resuena en Galicia. |
El hundimiento del Prestige ha dejado al descubierto la verdadera trama criminal que se oculta detrás de las multinacionales del petróleo y la complicidad de los gobiernos con los intereses de estos monopolios. |