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Diciembre 2002 |
Unificación Comunista de España
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PERFIL
Kissinger y Andreotti Hay biografías políticas a través de las cuales se puede reconstuir el recorrido de un moderno infierno dantesco. Se puede seguir en ellas la geografía del terror, los modos y maneras con los que los centros de poder reconducen las aguas hacia el redil de la normalidad establecida. Kissinger y Andreotti son dos ejemplos paradigmáticos. Cada uno a su nivel: el primero en el centro del imperio, el otro en una de las principales provincias del exterior. Un mismo empeño, pero diferentes colocaciones que originan diferente trato: mientras Kissinger se exhibe a cara descubierta cubierto tras el parapeto de Washington, Andreotti, una vez que sus servicios ya no son necearios, debe hacer frente a los tribunales Dos nombres y un mismo infierno. El que, por debajo y sometiendo a los mecanismos democráticos, edifica diques para que los hechos transcurran sólo según marca la teología del imperio. Kissinger: El experto en onces de septiembres Puede resultar extraño. Pero al fin y al cabo Kissinger es el hombre perfecto para el cargo: tiene experiencia en onces de septiembre. ¿Qué opinaría usted de una comisión para investigar los asesinatos múltiples encabezada por Jack el Destripador? ¿Depositaría alguna confianza en un tribunal contra los crímenes de la dictadura chilena presidido por Pinochet? Algo parecido está ocurriendo en EEUU. Henry Kissinger (muñidor de golpes, comadrona de dictadores, experto planificador de masacres) ha sido reclamado por Bush para presidir una comisión que investigará los atentados del 11-S. Puede resultar extraño. Pero al fin y al cabo es el hombre perfecto para el cargo: tiene experiencia en onces de septiembres. Pocas semanas después de que Salvador Allende fuera elegido presidente, el entonces secretario de Estado norteamericano sentenció: «no veo razón para permitir que un país se haga marxista simplemente porque su pueblo es irresponsable». Meses más tarde, el 11 de septiembre de 1973, Pinochet ejecutaba la amenaza de Kissinger. Para Bush, «el doctor Kissinger y yo compartimos los mismos compromisos. Kissinger aportará su amplia experiencia, su lucidez y su buen juicio para esta importante tarea». ¿Cuáles son esos compromisos? ¿A qué experiencia se refiere Bush? ¿Son los que ha provocado que varios juzgados de Hispanoamérica hayan inculpado a Kissinger por «cooperación necesaria» en la creación de la Operación Cóndor, red terrorista que agrupaba las dictaduras de Argentina, Paraguay, Chile y Brasil? ¿Tienen algo que ver con la demanda acogida por una corte de Columbia que, basándose en documentos desclasificados por el propio gobierno estadounidense, apunta a Kissinger como promotor del golpe militar de Pinochet, atribuyéndole co-responsabilidad en los asesinatos posteriores? ¿Están relacionados con la investigación del juez Baltasar Garzón sobre el papel de Kissinger en la ocupación Indonesia de Timor Oriental? Analizando este tema sin pasión es normal que un gobierno que no acepta ningún tipo de justicia mundial, que ha amenazado con usar la fuerza contra el Tribunal Penal Internacional, recurra a quien encadena querellas criminales en varios países como instigador de genocidios políticos. Por sus crímenes los conoceréis. Bush y Kissinger están hermanados con sangre ajena, la figura del ex secretario de Estado se recorta persistentemente detrás de las principales masacres perpetradas por el hegemonismo norteamericano en las últimas décadas. Ahora Kissinger vuelve, para aportar «su lucidez y buen juicio» como presidente de una comisión que debe aconsejar al gobierno sobre posibles mejoras en la coordinación de los servicios de espionaje y otras compentencias del recien creado Departamento de Seguridad Interior. Dentro de una ley que engloba las actividades del espionaje estadounidense en el año 2002, y que permitirá un aumento sin precedentes en los presupuestos de la CIA y el FBI. La habilidad de Kissinger como estratega del horror puede resultar muy valiosa en un momento donde la ofensiva del Pentágono y el complejo militar industrial parece no querer respetar ningún límite. Efectivamente, más allá de las diferencias, Kissinger y Bush están unidos por los mismos compromisos. Bush no es más que la máscara zafia del poder, mientras que Kissinger es mucho más distinguido. Bush sólo es capaz de balbucear consignas simples, pero el doctor Kissinger es capaz de elaborar una compleja estrategia que haga avanzar, a golpes de terror, los dominios imperiales. El retorno de Kissinger ha hecho que miles de fosas comunes se remuevan. ¿Cuántas más está preparando ahora? Andreotti: El demonio a las puertas del Vaticano Es cierta la acusación de asociación mafiosa que pende sobre Andreotti en varios tribunales. Pero lo que se esconde es que el socio criminal es Washington Belcebú. Con este sobrenombre era conocido Andreotti entre determinados intelectuales de izquierdas italianos. Y realmente, no existe otro representante más completo de la diabólica tela de araña que aprisionó Italia durante cincuenta años, marcados por el contrabando político, la corrupción, el terrorismo, la participación de la mafia, la alargada sombra del Vaticano... Andreotti, en cada uno de estos episodios, siempre ha formado parte del problema. Ahora, un tribunal de apelación acaba de condenarlo como inductor del asesinato de un periodista por parte de la mafia. Y unas pocas pero cualificadas voces, desde Berlusconi a la Santa Sede, han salido en su defensa. ¿Qué tiene Andreotti para suscitar un apoyo tan cerrado del poder transalpino? ¿Qué se esconde detrás de Andreotti? En el puzzle de revelaciones que ligan a Andreotti con todas y cada una de las cavernas falta una pieza. La esencial. Tiremos para encontrarla del hilo de la última sentencia. Según todas las evidencias, la mafia asesinó a petición de Andreotti a Carmine Pecorelli. Este periodista había investigado uno de los episodios más turbios de la reciente historia italiana: el asesinato de Aldo Moro. El entonces líder democristiano preconizaba un entendimiento histórico con el PCI. Pecorelli poseía pruebas que evidenciaban la participación activa de Andreotti para obstaculizar cualquier alternativa que evitara el desenlace trágico. Y aquí tropezamos con el elemento que da sentido a la vida política de Andreotti, el que nos habla de la intervención de EEUU por reconducir hacia sus intereses la vida política italiana. Primero organizando un fraude masivo en las elecciones del 48, ganadas abrumadoramente por los comunistas. Construyendo una ingeniería política en torno a la Democracia Cristiana, fundada por Andreotti, para evitar que el PCI, sistemáticamente el partido más votado, accediera al gobierno. Forzando coaliciones antinaturales y conveniencias políticas que abrieron el paso a una corrupción sin límites. Engendrando la Red Gladio, una intrincada telaraña con centro en los servicios secretos norteamericanos que ocupaba todos los aparatos del Estado italiano. Concediendo a la mafia un papel en el mismo centro del Estado, y utilizando el terrorismo como un medio de sabotaje y desestabilización. Una intrincada red de conexiones destinada a torcer la voluntad de toda una nación. Aldo Moro se atrevió a desafiar la regla de oro: el PCI no puede entrar en el gobierno. Y la maquinaria se puso en funcionamiento. Andreotti lo minó políticamente y unas turbias Brigadas Rojas, sospechosamente empeñadas en que todas sus acciones acabaran favoreciendo la estrategia norteamericana, lo ejecutaron. Es cierta la acusación de asociación mafiosa que pende sobre Andreotti en varios tribunales. Pero lo que se esconde es que el socio criminal es Washington. Sólo desde la presencia estadounidense en Italia es explicable la trayectoria política de Andreotti... y el desconcierto de algunos ante la sentencia que lo inculpa. Se puede desmantelar un sistema caduco una vez que, tras la desaparición de la URSS, ha perdido su papel. Se puede eliminar a algunos mafiosos, o a elementos que como Craxi decidieron ir demasiado por libre. Pero indagar en Andreotti significa tocar demasiadas conexiones. Es mejor pasar una alfombra de hierro sobre los años de plomo. Para que nunca se sepa lo que hizo EEUU en Italia. Para que no se conozca lo que están haciendo ahora... no sólo en Italia. Joan Arnau |
Puede resultar extraño. Pero al fin y al cabo Kissinger es el hombre perfecto para el cargo: tiene experiencia en «onces de septiembre». |