SUMARIO

Diciembre 2002

Unificación Comunista de España
 

NACIONAL - Euskadi

Declaraciones de Marcos sobre Euskadi
¿Payasos grotescos o pensamiento jibarizado?

¿Por qué lo que los propios zapatistas ni practican ni permitirían jamás que se practicara en su nombre, se da como bueno para España y para el pueblo español? Según el subcomandante Marcos, el juez Baltasar Garzón practica el terrorismo de Estado y es, además, «un payaso grotesco» que «ha declarado ilegal la lucha política en el País Vasco», con lo que ha demostrado «su verdadera vocación fascista al negarle al pueblo vasco el derecho de luchar políticamente por una causa que es legítima».

Semanas atrás, el periódico mexicano La Jornada publicaba una extensa carta del subcomandante Marcos, líder de los insurgentes zapatistas de Chiapas, en el que, entre otras cosas, deslizaba una implícita valoración de la situación de Euskadi. En ella, Marcos, tras afirmar «acá han estado los hermanos del País Vasco y se han portado con dignidad, que es como de por sí se portan los vascos», arremetía con durísimas descalificaciones contra el juez Baltasar Garzón, acusándolo de practicar el terrorismo de Estado, de ser «un payaso grotesco» que «ha declarado ilegal la lucha política en el País Vasco», con lo que ha demostrado, según Marcos, «su verdadera vocación fascista al negarle al pueblo vasco el derecho de luchar políticamente por una causa que es legítima». Al tiempo que vertía algunos otros insultos sobre destacados miembros de la clase política española –Aznar, «al que su nombre lo indica, sólo le falta rebuznar»; el «estreñido del reyecito Juan Carlos»,...–, de la lectura de la carta se desprende que, para el subcomandante Marcos, lo que ocurre en Euskadi es que hay unos «rebeldes», se entiende que Batasuna y ETA, que llevan a cabo una lucha política legítima, mientras los otros, a cuya cabeza estaría el juez Garzón, utilizan métodos fascistas y terrorismo de Estado para impedirlo.

¿Estamos ante un problema de desconocimiento? ¿Es la carta fruto, simplemente, del buen trabajo de desinformación de los «hermanos vascos», o de no haber leído las informaciones y consultado los textos que debería para opinar sobre este tema?

Aunque es posible que algo de cierto haya de ello, dejarlo en este terreno sería tan superficial y frívolo, cuanto menos, como las propias valoraciones del subcomandante Marcos. Y mucho más cuando, en la misma carta, el autor reconoce, unas líneas después, que «para terroristas más que nada lo que nos falta es vocación y no medios».

Y aquí es, precisamente, donde aparece el meollo del problema. ¿Estarían de acuerdo Marcos, los zapatistas y las comunidades indígenas de Chiapas que en su nombre se asesinara de dos tiros en la nuca a concejales del PDR, o del PRI tanto da, en, pongamos por caso, Jalisco, Guadalajara o San Cristóbal de las Casas por «formar parte del Estado que oprime a los indígenas»? ¿O que coches bombas destrozaran la vida de niños, ancianos, mujeres y trabajadores en el Distrito Federal, pero eso sí, en bien de la causa de la liberación de los pueblos indígenas? ¿O que en nombre del EZLN se amenazara de muerte, se agrediera, se insultara o se quemaran las propiedades de, por ejemplo, los profesores de la UNAM que mantienen opiniones distintas a las de los zapatistas?

No era necesario que en la misma carta, el subcomandante Marcos adelantara la respuesta – «no es esa nuestra vocación»– pues si por algo el EZLN se ha ganado el respeto y el reconocimiento de mucha gente progresista y revolucionaria del planeta es precisamente por practicar unos principios opuestos al fascismo del tiro en la nuca y el coche bomba.

Pero entonces, ¿por qué lo que los propios zapatistas ni practican ni permitirían jamás que se practicara en su nombre, se da como bueno para España y para el pueblo español? Responder a fondo esta pregunta, requeriría bastante más espacio que el de un simple artículo. Sí que hay que apuntar, sin embargo, algunas de las razones.

El pensamiento de la izquierda en España –pensamiento que tiende a exportarse a Iberoamérica– tiene una deuda pendiente con nuestra propia historia. Casi nunca ha tenido en cuenta que la intervención de las potencias imperialistas ha constituido en los dos últimos siglos la fuente principal de la opresión y explotación que sufre nuestro pueblo.

Aquí, para luchar contra el oscurantismo se ha perseguido al cura, pero nunca se ha cuestionado el poder del Vaticano sobre nosotros; en la lucha contra la explotación se ha ido contra el gran industrial o contra el pequeño patrono local, pero olvidándose de los grandes capitales franceses e ingleses en el siglo pasado o de las multinacionales americanas o alemanas de ahora; contra la represión se ha combatido al guardia civil, al general africanista o al legionario, olvidando el papel de las fuerzas de intervención extranjera, de las bases militares yanquis o del mando norteamericano de la OTAN sobre el ejército español. Lo mismo que se ha apreciado el carácter antifranquista de la lucha de ETA, sin reparar que la fragmentación de España era el sueño apetecido por los principales explotadores de nuestro pueblo.

Una auténtica asignatura pendiente para la izquierda que jamás ha tenido en cuenta que vivimos en la época del imperialismo, donde el capitalismo se ha internacionalizado de tal forma que los principales dueños de los países de segundo o tercer orden, como el nuestro, no son los oligarcas locales, sino los grandes capitales mundiales, las grandes potencias imperialistas que dominan económica, política y militarmente lo que sucede dentro de nuestras fronteras. Pero la izquierda en nuestro país ha sido incapaz de comprender que detrás del reaccionario poder local se escondía el verdadero amo que decide el destino del país: el imperialismo.

La radicalidad con que se ha enfrentado a los poderes locales corre en paralelo con la ceguera ante los poderes imperiales y sus delegados. Es este pensamiento el que ha llevado a gran parte de la izquierda española a valorar a ETA por su pasado antifranquista, por su discurso antisistema, por su estética radical. El núcleo de este pensamiento es el que está en el origen del discurso de Marcos.

A. Beloki


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¿Estarían de acuerdo Marcos, los zapatistas y las comunidades indígenas de Chiapas que en su nombre se asesinara de dos tiros en la nuca a concejales del PDR, o del PRI por «formar parte del Estado que oprime a los indígenas»? No era necesario que en la misma carta, el subcomandante Marcos adelantara la respuesta – «no es esa nuestra vocación»– pues si por algo el EZLN se ha ganado el respeto y el reconocimiento de mucha gente progresista y revolucionaria del planeta es precisamente por practicar unos principios opuestos al fascismo del tiro en la nuca y el coche bomba.