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Diciembre 2002 |
Unificación Comunista de España
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MOVIMIENTO OBRERO El diablo sobre ruedas Los monopolios del sector automovilístico están exigiendo y aplicando ya en muchos países, entre ellos el nuestro, una mayor flexibilización del mercado laboral porque según dicen, la mundialización de la economía, introduce la amenaza de la competitividad mundial y por «miedo ha perder puestos de trabajo», dan un golpe de tuerca más a los trabajadores supliendo parte de sus plantillas de trabajadores cualificados por contratados temporales. Y esto en los hechos significa que de un sector con más de cien mil trabajadores fijos, un tercio de ellos, 27.000, irán a engrosar las filas del paro. Estamos hablando de un sector que en los últimos diez años ha suministrado el 31% de las exportaciones manufacturadas y que representa el 10% del empleo en España, si contamos todas las empresas subsidiarias y el empleo indirecto que generan. Donde dos tercios de la producción automovilística mundial se concentra tan solo en seis países, y donde España ocupa el quinto lugar con el 5«4% de la producción. Hablamos también de un sector donde los trabajadores reciben los mejores salarios, el porcentaje de afiliación a los sindicatos es mayor y donde tienen otras muchas prestaciones de las que otros trabajadores carecen. A esta ofensiva de los monopolios los sindicatos respondieron con una huelga en junio que fue seguida por el 95 % de los trabajadores parando por completo las plantas de producción. A este problema se enfrentan también los trabajadores europeos, como han dejado de manifiesto las huelgas y movilizaciones masivas llevadas a cabo por los trabajadores de la Wolskwagen en Alemania o los de la Fiat en Italia. La voracidad de los monopolios no tiene límites. Después de haber machacado a la clase obrera durante estos últimos años con reformas laborales, reconversiones industriales, paro y marginación, convirtiendo al trabajador en mercancía cada vez más barata al que extraer hasta la última gota de plusvalía para después cambiarlo por otro, ahora le ha tocado el turno a ese sector de la clase obrera que se había creído los cantos de sirena del reformismo y la socialdemocracia, la aristocracia obrera. Mientras duraron los años dorados del Estado del Bienestar y la falsa ilusión de un cierto desahogo, y algunas mejoras en sus condiciones de vida renunciaron a sus objetivos de clase, la lucha contra la explotación. Una vez caído el Muro de Berlín, y sin el enemigo a combatir, se ha abierto la veda y los monopolios ya no necesitan dopar a la clase obrera para mantenerlos alejados de cualquier tentativa revolucionaria, ya pueden hacer y deshacer a su antojo. Y mucho han contribuido los sindicatos para llegar a esta situación, con sus teorías sobre la desaparición de la clase obrera por culpa del avance científico-técnico o el famoso reparto de la riqueza que acabó convirtiéndose en el reparto del empleo, de las migajas, y por lo tanto abandonando a su suerte a los trabajadores en manos de los monopolios, y negándoles sus irrenunciables intereses de clase. Qué respuesta van ha dar los popes de la socialdemocracia y del sindicalismo de salón y pacto a todos esos miles de trabajadores honrados, que pensaban que nunca les iba ha tocar a ellos, como en el poema de Bertolt Brecht, y contribuyendo a que el poder de los grandes monopolios sea cada más gigantesco, y que se hayan ido perdiendo sistemáticamente, una tras otra, la mayoría de las conquistas de tantos años de lucha obrera. La socialdemocracia ha cumplido su papel de desmovilizador permanente de los trabajadores haciéndolos tragar con las pequeñas prebendas que les daban los monopolios y ahora estos trabajadores van a pagar con creces los servicios prestados, pactar con el diablo tiene estas cosas, te da algún pequeño placer para luego, a cambio, arrancarte las entrañas. Santiago Rubio |
Los monopolios ya no necesitan subvencionar o dopar a la clase obrera, ha llegado la hora del destajo. La socialdemocracia ha cumplido su papel |