![]() |
![]() |
|
|
Diciembre 2002 |
Unificación Comunista de España
|
|
SOCIEDAD - Sanidad Bio-Bac: Es inmoral que no se apoyen e investiguen iniciativas que de forma barata y no tóxica podrían tener efectos beneficiosos sobre enfermedades como el cáncer El asalto que recientemente protagonizaron cuatro familiares de enfermos de cáncer al laboratorio donde se hallaba precintada su medicación (Bio-Bac) ha levantado una cierta duda sobre la moralidad que encierra la prohibición de ésta. La polémica entorno al Bio-Bac arranca con la reciente detención de 23 personas, entre médicos, biólogos, abogados, etc por su comercialización «ilegal» y el cierre de las instalaciones en las que se producía. A diferencia de Bayer, sin embargo, que admitió la muerte de cientos de enfermos en todo el mundo por su hipocolesterolemiante «lipobay», la única falta de Bio-Bac es no cumplir con los rigores administrativos que exige su comercialización. ¿Por qué no se cerró y encausó a Bayer y sí a los que producen y venden Bio-Bac? La enfermedad es el coto privado de los gigantes laboratorios farmacéuticos como Bayer, que monopolizan en la actualidad la investigación y los tratamientos médicos para buena parte de la población mundial. Es un coto exclusivo. Su guardián, el ministerio de Sanidad, no ha hecho más que expulsar a un intruso, a un «sin papeles». Nos obligan a tomar la salud por asalto. Bio-Bac es un preparado de proteinas bacterianas que supuestamente ejerce una acción inmunomoduladora y regenerativa sobre el organismo. La fórmula la ideó un farmacéutico cordobés, Fernando Chacón, en los años cincuenta. La llamaba «autovacuna de enzimas vivientes contra el cáncer». La historia de este fármaco empieza con la negativa de su inventor a vender la patente a una multinacional farmacéutica por su temor, o certeza, de que la fórmula no alcanzaría a llegar al mercado, ya que el invento le iba a mermar el «negocio contra el cáncer» a los otros laboratorios. Por tres veces consecutivas, desde 1967 hasta 1992, el ministerio de sanidad ha prohibido sin argumentos de peso la realización de ensayos clínicos, pruebas necesarias para solicitar el registro del medicamento. ¿Era un fármaco desconocido? Ni mucho menos. Su existencia y propiedades se difundían en congresos de medicinas alternativas y figura en relaciones de «terapias alternativas contra el cáncer no comprobadas». Su venta se hacía, lógicamente, a través de internet y por correo. Entre sus consumidores podemos encontrar a Santiago Sánchez-Harguindey, ex secretario de Estado del gobierno de Adolfo Suárez, padre del jefe de cardiología del hospital La Paz de Madrid, el que organizó el asalto al laboratorio. Entre sus defensores podemos encontrar a la presidenta del colegio de médicos de Madrid afirmando que «el Bio-Bac no es una estafa, otra cosa es que no tenga los papeles en regla». La propia ministra de Sanidad ha afirmado que es inocuo. A pesar de que en España nunca consiguió el permiso administrativo para su comercialización, sí lo hizo en Bélgica y Alemania y actualmente se estaba expandiendo su uso en Arabia Saudí, donde estaba registrada la marca. Durante el cierre del laboratorio, la Guardia Civil requisó treinta mil envases del producto. Tras la muerte de un paciente de leucemia tras la imposibilidad de acceder al medicamento, los enfermos madrileños robaron cinco mil frascos del laboratorio precintado para repartirlos entre los afectados. «El cáncer no entiende de burocracia» fue su respuesta al ser sorprendidos por la policía. Tolerancia cero al fraude. Se debe practicar la tolerancia cero y el castigo severo a quien aproveche el sufrimiento de un enfermo para vender un producto. Por supuesto. Pero no debemos perder de vista que es la monopolización de la propia medicina la que crea las condiciones para que cundan todo tipo de fraudes. Mientras la investigación se orienta, monopolizada por los gigantes farmacéuticos, a obtener productos superventas que garanticen un beneficio de miles millones de dólares anuales, en las consultas se sigue deshauciando a los enfermos ante la ineficacia de los productos actuales de forma parecida a hace treinta años. Esta situación abre la puerta a que otros se aprovechen de la desesperación de los enfermos y sus familias para enriquecerse a su costa. En el fondo hacen fuera de la ley lo que las grandes farmacéuticas hacen legalmente. Lo que es absolutamente inmoral es que no se apoyen e investiguen iniciativas que de forma barata y no tóxica podrían tener efectos beneficiosos sobre enfermedades como el cáncer. ¿Podría ser el caso de Bio-Bac? Detrás de excluirlas del «mercado sanitario», de la legalidad monopolista, late la lógica criminal del máximo beneficio de los propietarios del coto. Más información: http://www.bio-bac.com/presenta_biobac_spa_base.htm J. Martínez |
|