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Diciembre 2002 |
Unificación Comunista de España
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CULTURA Kamtchatka Harry no se llama Harry. Es Pablo, un niño de 10 años que no acaba de entender por qué, pocos días después del golpe de la Junta Militar, su padre ha hecho cambiar de nombre a toda su familia, por qué debe abandonar el colegio y refugiarse en una casa de campo, por qué no puede llamar por teléfono ni ver a sus amigos de Buenos Aires. Éste es el original punto de partida que Kamtchatka nos ofrece, la percepción del horror de la dictadura desde la mirada inocente y prepleja de un niño, y que Piñeyro respeta durante toda la película apoyado en un excelente guión. El horror no se muestra, apenas unas imágenes de los milicos deteniendo a un grupo de personas, la explicitación de la dictadura tan sólo se trasluce en una fugaz presencia de Videla en televisión, o en la angustia y la rabia contenida de la mirada de los adultos. Pero es un omnipresente telón de fondo que da sentido a cada uno de los elementos de la película. La historia tiene el pretendido tono naif que corresponde a la edad del emisor, a la visión del mundo y las preocupaciones y deseos de un niño. Pero los receptores, los espectadores, tenemos las claves, la información de lo que está sucediendo, para adoptar otra mirada. Piñeyro maneja hábilmente este choque, donde no es posible contemplar los juegos y aficiones de Harry sin sentirse golpeados por la alusión ímplicita al terror que está padeciendo Argentina en esos instantes. La aparición de Videla y los milicos se encadena con la serie preferida de Harry, Los invasores, seres de otro planeta que vienen a destruir el mundo, y frente a los que se levanta una resistencia. La repentina afición de Harry por Houdini, «no es mago, sino escapista», especializado en ponerse a salvo de las situaciones más peligrosas. El afán por salvar a los sapos que se ahogan en la piscina, o jugarselo todo por ir a ver a su mejor amigo a Buenos Aires. Cada uno de esos elementos, que por sí mismos son parte insustancial de la vida de un niño, se convierten en referentes del terror exterior, de la voluntad de resistir a la barbarie. Es de esta contradicción, de convertir a una cosa en su contrario al aplicarle una mirada diferente, de donde Kamtchatka extrae la fuerza emocional que se va acumulando impercetiblemente a lo largo de toda la historia y que nos golpea en un final cuya pérdida irreparable, individual y por ello capaz de encarnar verazmente una pérdida colectiva, está subrayada con la versión musical que Paco Ibáñez hizo del poema de Goytisolo «Palabras para Julia». Harry no acaba de entender pero intuye, «¿también se llevan a los abogados?». Y al final acaba comprendiendo lo esencial, representado en Kamtchatka, una remota región de Siberia convertida en país imaginario en un juego de mesa donde unos ejércitos deben conquistar el mayor número de países. Kamtchatka es el lugar que los invasores no pueden tomar, el lugar desde donde resistir el terror y la barbarie, la posición moral de todos los que entregaron su vida en el combate al fascismo y a los que esta película rinde homenaje. Es importante no olvidar los horrores del pasado para que no se puedan reproducir en el presente. Kamtchatka aporta su contribución a esta tarea imprescindible. Sobre todo cuando los invasores son simpre y reiteradamente los mismos. Siempre vestidos con barras y estrellas. Kissinger detrás de la Junta y Kissinger como mediador de grandes monopolios norteamericanos en la vampirización, eufemísticamente llamada crisis, argentina. La Escuela de las Américas amparando a Videla y el Fondo Monetario, internacional pero de propiedad estadounidense, como ejecutor del saqueo actual. Muchos entregaron su vida, muchos niños abandonaron su nombre, pero hoy Videla está ante los tribunales mientras que la memoria de los que le hicieron frente es un ejemplo hermoso. ¿Quién ha ganado realmente al final de la partida? ¿Quién acabará triunfando hoy? Al final de la serie, los invasores son derrotados. Joan Arnau |
Es importante no olvidar los horrores del pasado para que no se reproduzcan hoy. Sobre todo cuando los invasores son reiteradamente los mismos. |