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Diciembre 2003 |
Unificación Comunista de España
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NACIONAL - Selección de prensa - actualidad Las amenazas del eje franco
alemán: ¿Por qué el Frankfurter Allgeimeine, tradicional órgano de expresión de la burguesía germana, celebra indisimuladamente que Cataluña haya entrado en «aguas nacionalistas turbulentas»? ¿Quién agita el río y qué pretende pescar? Cuando las posiciones dominantes sólo alcanzan a ver en el Plan Ibarretxe o en la explosión soberanista en Cataluña la expresión de un conflicto histórico entre el centro y la periferia, estos tres artículos establecen un nexo entre la agitación en España y los proyectos de dominio imperialistas sobre nuestro país.
La posibilidad de una «balcanización a la española» que avance a través del nuevo clima político expandido tras las elecciones catalanas, y no ya principalmente mediante un burdo nacionalismo étnico, parece estar presentando su programa. El germen de la balcanización ibérica «Tras las elecciones autonómicas, la Cataluña porfiada y segura de sí misma, que bajo el presidente Pujol siempre ha sido también prudente, ha caído en aguas nacionalistas turbulentas. El hombre que tiene la llave para la formación de gobierno, el ultra catalanista Carod-Rovira, quiere que la región más rica de España se vuelva independiente «como Luxemburgo». En eso, los separatistas vascos consideran que esto es una idea «excelente». Ya han recomendado una coalición nacionalista. Una coalición de este tipo llevaría el germen de la balcanización ibérica. Al foco de crisis permanente en el País Vasco se sumaría un segundo frente catalán». (Frankfurter Allgemeine Zeitung, Berlín) Cuando desde la burguesía alemana se utiliza la palabra «balcanización», en los pueblos de Europa se genera un escalofrío. Las ambiciones germanas hacia los Balcanes, considerados por Berlín un área de expansión natural, sometiéndolos a una periódica fragmentación y enfrentamiento interno, han dado paso a brutales agresiones. En 1914, la voluntad expansionista germana incendió la región y al planeta entero, engendrando la primera guerra mundial imperialista, un horror de más de diez millones de cadáveres. Setenta años después, los Balcanes volvieron a ser la primera etapa de una renovada intención hegemónica germana sobre Europa. Nadie puede ocultar que el precipitado reconocimiento alemán de Croacia o Eslovenia fue una de las espoletas de la tragedia. Alemania azuzó la fragmentación de Yugoslavia, deseosa de que los nuevos Estados, incrustados en lo que la burguesía alemana siempre ha considerado como su espacio de expansión natural, pasaran a ser meros satélites de Berlín. Si los órganos de expresión de la burguesía germana nos arrojan el «germen de la balcanización ibérica» es una amenaza directa para España. Desde aquí debemos valorar el contenido alborozo con que el Frankfurter Allgeime recibe el nuevo mapa político catalán, donde desde Maragall a Mas o Carod Rovira, a diferentes niveles, han colocado en primer plano la reforma del Estatuto, conciliando o apoyando abiertamente el Plan Ibarretxe. Abrir un nuevo frente en Cataluña, que se una al abierto en Euskadi por Arzallus, significa generar una situación donde la unidad e integridad nacional estén permanentemente cuestionadas. Estamos ante la reedición del viejo sueño imperial, que desde tiempos de los carlistas, ancestros de los Arzallus actuales, han intentado fracturar la unidad como medio para asentar su domino sobre España. La posibilidad de una «balcanización a la española» que avance a través del nuevo clima político expandido tras las elecciones catalanas, y no ya principalmente mediante un burdo nacionalismo étnico, parece estar presentando su programa. Una sombra sobre el futuro «Los buenos resultados obtenidos por un partido partidario de la independencia en las elecciones autonómicas de la rica región de Cataluña (España) podrían arrojar una sombra sobre el futuro político de Europa y sobre una de sus economías más vibrantes. El resultado de las elecciones demuestra que está aumentando el sentimiento nacionalista en Cataluña en un momento en que la región vasca, zona muy industrializada del norte de España, está dando los primeros pasos hacia la independencia. También se produce en unos momentos en que la Unión Europea está intentando elaborar una nueva Constitución, mientras acepta a diez nuevos miembros en su redil. Las elecciones catalanas subrayan el continuo tirón del separatismo regional en Europa, incluso en algunos de sus Estados más ricos. Para muchos españoles, el discurso contra Madrid de los partidos pro independentistas en Cataluña y en la región vasca evoca los recuerdos del caos que anunció el estallido de la Guerra Civil española en 1936. Aunque nadie espera que se repita una guerra que dejó cientos de miles de muertos, muchos creen que animar los sentimientos nacionalistas es peligroso». The Wall Street Journal, Washington ¿Es un exceso que se compare la situación creada por el Plan Ibarretxe y las elecciones catalanas con «el caos que precedió a la guerra civil»? Debemos valorar quien lanza estas advertencias, sólo aparentemente exageradas. El Wall Street Journal es una de las más cualificadas plataformas de los sectores duros de la burguesía norteamericana, los mismos que constituyen el respaldo de la administración Bush y han estrechado los lazos con los sectores dominantes de la oligarquía española. No podemos reducir a un dato anecdótico que sectores tan bien informados por su estrecha cercanía al poder, tan vinculados a la oligarquía, con la que inevitablemente comparten información y valoraciones, detecte en la situación española ese nivel de gravedad. Y es especialmente significativo que el periódico norteamericano ligue las ofensivas de ruptura en España con «el auge del separatismo regional en Europa», y con los avances del eje francoalemán por establecer un nuevo orden de poder continental, que tiene en la nueva Constitución su rúbrica. Si el desafío lo sostienen Ibarretxe y Carod Rovira las posibilidades de éxito son nulas, pero si quien está detrás son centros de poder como París y Berlín la seriedad del ataque es cualitativamente diferente. Las palabras del Wall Street Journal sólo pueden entenderse desde la preocupación de la burguesía norteamericana y la misma oligarquía española ante el grado de agudización y virulencia de las agresiones del eje francoalemán en su voluntad por fracturar nuestro país. El rodillo germano francés (É) El presidente del Gobierno ha enjuiciado esta semana con severidad la voladura del pacto de estabilidad de la UE. Mucho nos tememos que tiene razón, y que nos perdonen los simplistas que reducen al aún líder del PP a la condición de guiñol televisivo. El pacto en cuestión, que contempla exigencias presupuestarias y hasta fuertes multas para aquellos países que se endeuden por encima del 3% de su PIB, nació en 1997 fruto de las exigencias de Alemania y Francia. Los dos países impusieron ajustes y sacrificios a quienes pretendieran ingresar en el club del euro, con la mirada puesta en las economías latinas. Pero ahora resulta que quienes se erigen en motores de la integración europea violan su pacto porque son incapaces de cumplirlo. Quienes reprochan la unilateralidad de Bush, practican una arrogante bilateralidad, dando un mal ejemplo a sus 13 socios actuales y a los 10 que se incorporarán a la UE en mayo. Lo inquietante de estas actitudes hegemónicas es que lejos de unir dividan aún más a una Europa que ya está lo suficientemente confusa ante una compleja y en ocasiones ininteligible maquinaria comunitaria. Alfredo Abián, director adjunto de La Vanguardia, 28-11-2003 Es inusual que en los grandes medios españoles se caracterice la política germano francesa como hegemonista, comparándola con el denunciado unilateralismo global de Bush. Y no ha sido en ninguno de los periódicos supuestamente progresistas, sino en La Vanguardia, órgano decano de un sector de la alta burguesía catalana. Cuando la mayor parte de la izquierda se empeña en censurar como «intransigentes» las posiciones que se oponen a París y Berlín, son paradójicamente los portavoces de una clase ligada al poder quienes denuncian a quienes han decidido implantar un nuevo absolutismo en el continente. Que la alta burguesía catalana, tradicionalmente comedida y calculadora, se pronuncie en estos términos es un síntoma del grado de agudización de la batalla (avivada con los últimos acontecimientos, desde la ruptura del pacto de estabilidad a la renegociación del reparto de poder en la UE, que han desnudado la voluntad hegemonista del eje francoalemán) y de la escalada de agresiones sobre España de París y Berlín. Y es especialmente importante que la reacción haya llegado precisamente en Cataluña, el nuevo frente abierto en la ofensiva de ruptura y balcanización de España. Joan Arnau |
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