SUMARIO

Diciembre 2003

Unificación Comunista de España
 

NACIONAL

Los peligros de la situación actual

«Nuestro país se enfrenta a la situación más peligrosa que ha vivido en los últimos 200 años. En todo este tiempo, nunca como ahora había estado en la agenda del imperialismo la desmembración de España como objetivo inminente».

1.- Nuestro país se enfrenta a la situación más peligrosa que ha vivido en los últimos 200 años.
En todo este tiempo, nunca como ahora había estado en la agenda del imperialismo la desmembración de España como objetivo inminente. En las últimas décadas hemos conocido disputas interimperialistas que han llegado incluso a poner en peligro la democracia y las libertades, pero nunca, ni en los momentos más álgidos del enfrentamiento entre EEUU y la URSS la fragmentación de España estuvo en la agenda política de ninguna de las superpotencias como un objetivo inmediato. Cada vez más factores y acontecimientos de la lucha de clases –nacional e internacional– trabajan activa y aceleradamente en esta dirección.

2.- El creciente empantanamiento de Washington en Irak está agudizando la contradicciones interimperialistas, provocando en todas las regiones del planeta una febril agitación imperialista.
El acelerado reordenamiento de las fuerzas políticas y de clase al que asistimos estos días en Europa es una de sus manifestaciones. Un reordenamiento en el que el eje franco-alemán –ante el estancamiento momentáneo de EEUU– ha tomado la iniciativa lanzando una feroz ofensiva cuyo objetivo inmediato es la creación de un «nuevo orden europeo»; orden basado en que dos potencias –Alemania y Francia– mandan y el resto obedecen, o, de lo contrario deben atenerse a las consecuencias. Como decía recientemente el analista Hermann Terstch: «A nadie puede extrañar (É) que España y Polonia, y no sólo ellos, teman que el nuevo reparto de poder que se sacó de la chistera Giscard de la Convención nos lleve poco menos que a un orden similar al surgido del Congreso de Viena de 1815 por el cual los grandes, ahora dos, mandan y los demás tragan». Es necesario recordar ahora que una de las consecuencias de ese orden creado por el Congreso de Viena fue la invasión y la ocupación de España por las tropas francesas, los 100.000 hijos de San Luis, para sofocar la insurrección liberal de Riego.

3.- Las disputas y amenazas en torno a la nueva Constitución europea o la reciente ruptura del pacto de estabilidad por Francia y Alemania no son sino el reflejo de esta nueva situación en la que París y Berlín pretenden asentar la supremacía de su poder político sobre el resto de la UE.
Hasta sectores tradicionalmente proclives al eje comienzan a manifestar su alarma ante ella. Que el director adjunto de La Vanguardia –órgano habitual de la alta burguesía catalana y de los sectores de la oligarquía tradicionalmente vinculados a Cataluña– titulara días atrás su carta «El rodillo germano-francés» es suficientemente significativo de la agudización de las contradicciones que esta alteración del mapa del poder político europeo supone y la cada vez mayor desconfianza que provoca el eje franco-alemán entre sus socios: «Alemania y Francia (É) que se erigen en motores de la integración europea violan su pacto porque son incapaces de cumplirlo. Quienes reprochan la unilateralidad de Bush, practican una arrogante bilateralidad (É) Lo inquietante de estas actitudes hegemónicas es que lejos de unir dividen aún más a una Europa que ya está lo suficientemente confusa (É)»

4.- En su frenética carrera para recuperar el terreno perdido ante Washington y sus aliados tras el 11-S, París y Berlín han redoblado la agresividad de sus ataques contra los países que se oponen a sus proyectos.
Al tiempo que intentan compensar sus propias debilidades internas con la despótica imposición de su intereses y sus proyectos sobre la Unión Europea, sobre sus instituciones, sobre los mecanismos de control y sobre el nuevo corpus jurídico-político que debe aprobarse con la ampliación. A este fin, no sólo aspiran a establecer un nuevo reparto de poder en Europa en que ellos obtengan la supremacía absoluta, sino que lo hacen ensañándose con los países que más se han destacado por oponerse a sus ambiciones hegemónicas y a los que menosprecian por considerarlos más débiles que ellos, utilizando métodos implacables para mantenerlos bajo su dominio. En las últimas semanas asistimos a una feroz persecución sobre Polonia y –ante todo– contra España, a las que París y Berlín han convertido en blanco preferente de sus ataques.

5.- La agudización de las contradicciones entre Washington y el eje franco-alemán trae como resultado una extrema intensificación de la disputa interimperialista sobre España.

Los resultados de las elecciones catalanes han hecho aflorar el calado real y la inminencia de la amenaza de fragmentación de España. Tras ellas ha salido a la luz un nuevo escenario que hasta ahora permanecía mucho más velado. La radicalización de los nacionalismos se extrema y el reto se convierte en frontal: la insistente demanda de ruptura de la Constitución por la vía de los hechos consumados ya no puede ocultar –ni lo pretende– su interés por quebrar también la unidad de España.

Pero además, ahora no solamente desde un proyecto nazifascista como el de Arzallus –lo que hasta hoy suponía el flanco más débil del proyecto francoalemán– sino desde un proyecto que aspira unir tras de sí no sólo a la burguesía de las nacionalidades históricas sino a grandes sectores de la izquierda en toda España.

La multiplicación de los factores de antagonismo y el ahondamiento de las líneas de fractura que este nuevo escenario provoca ha sido advertido de inmediato en todo el mundo. La balcanización de España ha empezado a ser una imagen profusamente utilizada por los principales medios de comunicación internacionales. «El hombre que tiene la llave para la formación de gobierno, el ultra catalanista Carod Rovira, quiere que la región más rica de España se vuelva independiente Ôcomo LuxemburgoÕ.

En eso, los nacionalistas vascos consideran que esto es una idea ÔexcelenteÕ Ya han recomendado una coalición nacionalista. Una coalición de este tipo llevaría el germen de la balcanización ibérica. Al foco de crisis permanente en el País Vasco se sumaría un segundo frente catalán» decía, días después de las elecciones catalanas, el diario alemán Franfurkter Allgemaine Zeitung.

Por su parte, The Wall Street Journal adviertía que «para muchos españoles, el discurso contra Madrid de los partidos pro independentistas en Cataluña y en la región vasca evoca recuerdos del caos que anunció el estallido de la Guerra Civil española en 1936. Auqnue nadie espera que se repita una guerra que dejó cientos de miles de muertos, muchos creen que animar los sentimientos nacionalistas es peligroso» . Al margen de que se pueda considerar más o menos afortunada la imagen de la Guerra Civil, lo verdaderamente importante es cómo los órganos de expresión de las oligarquías financieras –la alemana y la estadounidense– con intereses de dominio sobre nosotros han advertido de inmediato la rápida agudización de las contradicciones en España y el peligroso camino de antagonismo y balcanización que encierran.

6.- Los resultados de las elecciones catalanas han puesto de manifiesto la solidez y amplitud de las bases de apoyo con que el hegemonismo franco-alemán cuenta en España, así como los abundantes resortes de intervención política interna de que dispone.

Si en mayo de 2002, a raíz de la crisis de Perejil advertimos de hasta donde estaba dispuesto a llegar Chirac para mantener a España sometida a su área de influencia, azuzando a Marruecos contra nosotros aun a riesgo de provocar un conflicto militar abierto, año y medio después los ataques se han agudizado produciéndose un doble desplazamiento.

Por un lado París y Berlín se han quitado la careta y maniobran abiertamente en Europa contra Aznar y los intereses españoles, buscando aislarnos y debilitarnos al máximo en el frente externo. Para lo cual no han dudado en recurrir a las presiones con los fondos ni a las amenazas de «desempaquetar los instrumentos (financieros) de tortura que se aplicarán a los españoles cuando llegue el momento». Trabajando activamente por desestabilizar al PP y propiciando abiertamente la elección de «un gobierno socialista amigo de Europa y dispuesto a dialogar».

Por el otro, ampliando el frente interno de acoso, convirtiendo a Cataluña en un nuevo foco de desestabilización, al tiempo que se aceleran los planes para «esconder en el armario» (como ya hicieron en las autonómicas de 2001) a los Arzallus y Eguibar a fin de mostrar un perfil menos agresivo y favorecer una amplia coalición de «todos contra la derecha, todos contra Aznar». En esta clave hay que entender también el relevo de Beiras en el BNG y la toma del control absoluto del Bloque por parte de la UPG, el otrora partido prosoviético hoy reconvertido en acérrimo partidario del proyecto alemán de la Europa de los pueblos.

Con ello, comienza a dibujarse el contorno –difuso todavía para la mayoría pero nítido para sus promotores– de la división, el falso esquema que apunta a una nueva conformación de las «dos España». Una periférica, proeuropea, liberal, rica, tolerante. La otra castellana, mesetaria, centralista, rígida, intolerante, proamericana,É Un caldo de cultivo idóneo para la fragmentación.

7.- Mientras CiU y PSC-PSOE se pelean por quién va a formar gobierno con ERC, Carod Rovira eleva cada día el listón de su abierto alineamiento con el eje franco-alemán y su apuesta por la fragmentación de España.

Después de mostrarse entusiasmado por la felicitación de Ibarretxe y decir que desea una Cataluña como Luxemburgo, y al mismo tiempo que Zapatero habla de leer con «inteligencia histórica los resultados catalanes» para justificar las posibles concesiones de Maragall a Esquerra, Carod vuelve a la carga afirmando que «claro que nos queremos ir de España, lo que no sé es que hacemos todavía en una España así». Y cuando el PP pone la defensa de la Constitución y el rechazo al plan Ibarretxe como condición para firmar un pacto unitario en la Asamblea de la Federación de Municipios y Provincias –aunque sea con evidente precipitación y notable falta de mano izquierda–, se encuentra inmediatamente aislado por todos, en lo que podría considerarse como un primer ensayo, una primera escenificación de lo que puede llegar a ocurrir tras la generales de marzo si el PP no logra una mayoría suficiente: la renuncia de la izquierda a mantener cuestiones fundamentales para la defensa de la libertad y la unidad de España con tal de alcanzar el gobierno.

La deriva de estos sectores mayoritarios en las cúpulas de las fuerzas de izquierda hacia el alineamiento con las posiciones y el proyecto del eje franco-alemán está llegando así a un punto de no retorno, si no se activan rápida y eficazmente las fuerzas que en su seno proponen otra línea de firmeza en la defensa de la unidad de España.

8.- Esta deriva de la izquierda no es algo casual, momentáneo o fruto simplemente del oportunismo. Está anclada en la pertinaz labor de 15 años de gobierno de Felipe González.

Un gobierno que si en una primera etapa nos colocó de peones militares de Washington con la entrada en la OTAN, en una segunda etapa abrió las puertas y preparó eficazmente los mecanismo económicos y políticos –pero también sociales, ideológicos o culturales– a través de los cuales el eje franco-alemán puede hoy intervenir tan abierta y virulentamente sobre nosotros.

Nunca en la historia contemporánea de nuestro país como durante esos 15 años se había trabajado tanto por extirpar la memoria y la conciencia de nuestros intereses nacionales, presentando como el máximo ideal de modernización y progreso el diluir nuestra identidad nacional en una supuesta identidad europea. Nunca se trabajó tanto por debilitar la unidad entre el pueblo de las distintas nacionalidades y regiones de España ni la cohesión entre ellas.

Los resultados de esta nefasta política los estamos viendo estos días. Los afrancesados del siglo XIX abrieron las puertas de España a los ejércitos napoleónicos bajo el argumento de traer la la ilustración y el progreso. Los nuevos afrancesados de este siglo –capitaneados por Felipe Godoy– no conciben ni proponen otro destino para España que el de entregarla atada de pies y manos –si no despezada– a la Europa del eje franco-alemán.

9.- Ignorar o minimizar el inminente peligro para la unidad de España al que nos enfrentamos es hoy el mayor de los errores posibles.

Las fuerzas del hegemonismo franco-alemán van a tratar de desviar nuestra atención sobre sus objetivos últimos. Presentando su ofensiva y sus ataques como fruto de la natural confrontación entre los que quieren una Europa autónoma y una Europa tutelada por Washington; entre los defensores de la pluralidad y los partidarios del centralismo y la uniformidad; entre la derecha y la izquierda.

Nadie debe llamarse a engaño sobre sus intenciones. La inminencia y el calado del peligro han creado una situación parádojica, aunque no nueva en nuestra historia reciente: mientras la clase dominante, la oligarquía financiera, está adoptando una posición en lo principal patriótica frente a la fragmentación de España, grandes sectores de las clases populares dirigidas por las cúpulas afrancesadas de los partidos mayoritarios de la izquierda se encuentran ideológica y políticamente desarmados y, por lo tanto, indefensos ante esta amenaza.

El extendido clima de opinión de que no pasa nada, de que, más o menos, todo va a seguir igual y de que aunque aumenten las tensiones éstas se van a desarrollar y resolver siguiendo un cauce más o menos normal, es una idea nefasta que paraliza la necesaria respuesta. El desarrollo de los acontecimientos pone cada vez más en primer plano la necesidad de articular un amplio frente patriótico para la defensa de la unidad y la integridad de nuestro país. Un frente amplio en el que, al igual que ocurre en Euskadi con el nazifascismo, es necesario unir a todas las fuerzas sociales y políticas que están en contra de la desmembración de España, incluido el PP y las fuerzas políticas y sociales de la derecha.

A medida que aumentan las amenazas del hegemonismo franco-alemán y se intensifica su intervención, convirtiéndose en la contradicción de primer plano, la línea de demarcación principal no puede colocarse ya de ninguna manera entre la derecha y la izquierda, sino entre las fuerzas alineadas con el eje y las opuestas a sus planes. Unir a todas las fuerzas susceptibles de ser unidas en la lucha contra los planes del hegemonismo franco-alemán; crear un amplio frente patriótico para la defensa de la unidad de España ha pasado a ser la tarea principal y más urgente del momento.

Beatríz Munoz (directora)


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