SUMARIO

Diciembre 2003

Unificación Comunista de España
 

NACIONAL - Catalunya

ERC pone como condición para el pacto un nuevo concierto económico:

Desequilibrio fiscal:

Turbias intenciones y posturas ficticias

«Ese afán por que hasta lúltim cntim pagado por los contribuyentes catalanes sea gastado en Cataluña es propio de la más rancia y avara burguesía catalana escanyapobres».

«El déficit fiscal de Catalunya con el Estado español nos empobrece». Este es el argumento bajo el que arranca la campaña «El desequilibri» («El desequilibrio», promovida en el entorno de ERC), con la publicación de un manifiesto el pasado 27 de noviembre en uno de los periódicos de mayor tirada en Cataluña. Según ese manifiesto, «el desequilibrio está limitando el crecimiento económico catalán y afecta especialmente a los sectores más desfavorecidos de la sociedad catalana», además de que «no ha servido para que las regiones menos ricas de España se acerquen a Europa, sino para que principalmente Madrid crezca de manera espectacular». ¿Cabe enmarcar este manifiesto dentro de las reclamaciones y las reivindicaciones justas que una nacionalidad hace al conjunto de su país o no? ¿A quién y a qué sirve levantar la bandera de un «déficit fiscal»? ¿Por qué cuestionar la existencia de un «déficit fiscal» y no, por ejemplo, la falta de transparencia en la gestión de los recursos que sí gestionan, tanto la Generalitat (es decir, CiU hasta la fecha) como el área Metropolitana de Barcelona (principalmente el PSC, pero también ERC), dos auténticas mega-corporaciones institucionales de gestión económica, política y social, que revierte directamente en las condiciones de vida cotidianas de todos los ciudadanos de Cataluña?

El hecho de que una nacionalidad o región tenga un déficit fiscal en relación con el resto de nacionalidades y regiones de su propio país no debería alarmar a nadie. Otra cosa muy distinta es que se mejore el sistema de financiación de las autonomías, lo cual será necesario, pero no es lo mismo. Parece, por lo tanto, que el objetivo no es ése, sino el de crear desesperadamente entre la opinión pública catalana un clima favorable a esa idea tan original de Carod-Rovira que quiere ver convertida a Cataluña en otra Luxemburgo. Si Pujol alguna vez suspiró porque a Cataluña se la tratara como a Lituania, si Mas –todo es empeorable– se desvive porque los deportistas catalanes compitan bajo la bandera de Andorra, si Arzallus quiere que la Unión Europea trate a Euskadi «como Eslovenia o Croacia», ahora Carod y ERC, bajo la bandera del déficit fiscal parece que quieren convertirnos en otro «gran ducado carolingio» del sur.

¿No era ERC de izquierdas? El argumento del déficit fiscal es un argumento de la derecha. La reclamación del «déficit fiscal», tal y como está planteada por estos sectores, es ridícula. Sólo podría ser asumida por algún sector «agresivo» de la derecha. Sería algo así como si los que pagan más impuestos (y los pagan porque tiene más recursos, más propiedades, más ingresos, o ganan sueldos más altos, tienen una capacidad mayor de consumo y en definitiva, gozan de un mayor nivel de vida y todo lo que eso supone) se asociaran y reclamaran que es necesario que los impuestos que ellos pagan se gastasen únicamente en ellos mismos y sus familias.

Las clases trabajadoras y los sectores más desfavorecidos se verían abocados a una situación aún más desesperada al no tener ni siquiera la «compensación» que pudiera ofrecer un determinado nivel de protección social, financiado, lógicamente y como tiene que ser, de forma desigual. A la afirmación «el déficit fiscal de Cataluña nos empobrece» hay que oponer la de que el déficit fiscal de Cataluña es una consecuencia de la existencia de un «déficit de fondo» en toda sociedad. Son las desigualdades generadas por el hecho de que mientras la riqueza se genera socialmente (el ciudadano «de a pie», de Cataluña y del resto de España), hay quienes se apropian privadamente de ella (los que detentan el poder económico, los muy, muy ricos, los que de verdad deciden, los propietarios y representantes de los grandes monopolios en Cataluña y en el resto de España).

Ese afán por que hasta lúltim cntim (el último céntimo) pagado por los contribuyentes catalanes sea gastado en Cataluña es propio de una rancia y avara burguesía catalana escanyapobres que, según ella, lleva un siglo haciéndonos el favor a los trabajadores de pagarnos un sueldo (por favor, ya que tanta propaganda se ha hecho tras su reciente fallecimiento, reléase al poeta catalán y comunista Miquel Martí i Pol).

A principios de siglo, a la clase obrera textil catalana, hace menos, a los trabajadores venidos del resto de España en la década de los 50 y 60, y ahora mismo, a los sudamericanos y norteafricanos de una nueva inmigración. La base intrínsecamente insolidaria, injusta y mezquina en que están basadas las reclamaciones del déficit fiscal serían ridículas sino se dieran otras dos circunstancias que le dan otro carácter. Una, que en España gobierna la derecha de Aznar; y la otra, que los promotores de la campaña «desequilibri» no son inocentes, se dan la mano (y no se molestan en ocultarlo) con el plan Ibarretxe.

Las turbias intenciones

¿Qué defiende ERC? Que el gobierno de Aznar es más bien obtuso a la hora de percibir la sensibilidad de una España plural, constituida por un pueblo rico, diverso y heterogéneo en sus propias raíces y su propia formación histórica es un hecho. Sin embargo, ni Aznar es España, ni España es Aznar. El maquillaje nacionalista frente a una derecha española uniformadora que se le ha querido dar a la campaña del «déficit fiscal», enfrentando Cataluña con Madrid, e identificando a Madrid (como el centro de poder en España) con España es altamente venenoso, aparte de mentira.

Si la Generalitat tiene que negociar una nueva y distinta financiación, que lo haga. Pero de ahí a sembrar el enfrentamiento y la división entre el pueblo de las nacionalidades, entre los catalanes y el resto, con lo del déficit fiscal ya estamos hablando de otra cosa muy distinta, más acorde con el «estado libre asociado» que Ibarretxe pretende para Euzkadi.

Y por eso son turbias las intenciones. Los argumentos, unidos a las declaraciones que ERC hace sobre el plan Ibarretxe, anuncian un proyecto político que trabaja abiertamente por la fragmentación de España al que, sin embargo, tratan de revestir con argumentos y banderas que lo hagan más digerible por la sociedad catalana. Por eso intentan crear por todos los medios posibles una corriente de opinión favorable a la desmembración de España: con el argumento «nacionalista» de la Cataluña empobrecida por Madrid y con la promesa de mejores prestaciones sociales.

Tratan de aprovechar el rechazo a la gestión, tanto de CiU (en la Generalitat), como del PSC (en la poderosa área Metropolitana de Barcelona, donde no hay que olvidar que gobierna en coalición con ERC en muchos sitios) manifestada en los resultados electorales. Al «déficit fiscal» se le atribuyen demasiados males. Afirmar que «empobrece» a las clases trabajadoras porque no les deja manejar más dinero que ellos utilizarían en aumentar el grado de bienestar es una impostura («una postura ficticia»). Tal vez crean que la gente no se va a preguntar: «entonces, ¿qué han hecho con el que sí disponían?».

¿Qué hace un chico como tú en un sitio como éste?

Pero si el argumento del déficit fiscal de Cataluña les parece tan incontrovertible a Carod y ERC, llevémoslo entonces hasta sus últimas consecuencias, apliquemos esa misma lógica en todos los terrenos. Por ejemplo, que La Caixa, la tercera entidad financiera de España y una de la que tiene más oficinas repartidas por toda la geografía nacional, se vea obligada a invertir sus multimillonarios beneficios en aquellas comunidades de donde las obtiene. Que se aplique la misma lógica a Gas Natural, a Aguas de Barcelona, a Roca, a.

Y todavía más. Ya que las ventas al mercado del resto de España constituyen la parte del león de los beneficios de las empresas catalanas, ¿por qué no propone Carod que se quede y se reinvierta allí esa abundante parte de los beneficios? Levantar la bandera del agravio y la insolidaridad entre unas nacionalidades y regiones y otras no ha sido nunca una política de la izquierda. Por eso sorprende todavía mucho más que entre los firmantes del Manifiesto «El desquilibri» aparezcan los secretarios generales de CCOO y UGT de Cataluña. ¿Qué están defendiendo? ¿Que la clase obrera española abandone sus principios de unidad y solidaridad para caer en la charca del nacionalismo burgués?

Pere Macià


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«El déficit fiscal de Catalunya con el Estado español nos empobrece». Este es el argumento bajo el que arranca la campaña «El desequilibri» de Carod Rovira. Intentan crear una corriente de opinión favorable a la desmembración de España con el argumento «nacionalista» de la Cataluña empobrecida por Madrid.