SUMARIO

Diciembre 2003

Unificación Comunista de España
 

EDITORIAL INTERNACIONAL

La ofensiva del eje francoalemán:
Un nuevo orden europeo

«La Çnueva EuropaČ consiste en que París y Berlín mandan, los demás obedecen, y los que no acepten deben atenerse a las consecuencias».

Al denunciar las presiones ejercidas por Berlín, un diplomático europeo expresaba que «Alemania actuó como EEUU en el Consejo de Seguridad cuando se votaron las resoluciones sobre Irak». Igual que la guerra de Kosovo, ejecutada por EEUU al margen de la autorización de la ONU, fue la primera manifestación de un golpe global que se manifestó tras el 11-S, la ruptura del pacto de estabilidad, imponiendo los intereses francoalemanes por encima de la legalidad, supone el episodio inaugural de un «nuevo orden» continental.

Una «nueva Europa» se está fraguando, donde Francia y Alemania acapararían en exclusiva el poder de decisión, rubricado con el nuevo reparto de votos previsto en la Constitución, y dispondrían de capacidad para saltarse las normas y leyes cuando les convenga. Más allá de las acusaciones, ciertas pero superficiales, de doble rasero a favor de los dos grandes, asistimos a un reordenamiento histórico de la estructura de mando en Europa, que paradójicamente ha sido posible gracias a lo ocurrido en Irak.

La ofensiva norteamericana tras el 11-S se reflejó en Europa a través de un nuevo eje de poder (Londres-Madrid-Roma), que tomó la iniciativa provocando la paralización de los planes de Berlín y París. Pero el estancamiento cada vez más agudo de Washington en Bagdad, obligándole a concentrar en su resolución las fuerzas que antes podía dedicar contra sus rivales en Europa, ha posibilitado un furioso contraataque de Alemania y Francia.

Históricamente, la burguesía germana ha dispuesto de ágiles reflejos para aprovechar todos los momentos de debilidad norteamericanos, y dar en esos instantes saltos en su proyecto de dominio sobre Europa, que una vez ejecutados no admitían marcha atrás. Así ocurrió tras la caída del Muro de Berlín, propiciando la anhelada absorción de la Alemania Oriental, o la partición de Checoslovaquia y Yugoslavia. Y más tarde en Niza, donde Schršeder dio un zarpazo al mismo tiempo que la burguesía norteamericana estaba ocupada en torcer la democracia estadounidense para colocar a Bush en la Casa Blanca.

Pero ahora, la madurez del proyecto hegemonista francoalemán sobre Europa pare disponer de capacidad para dar un avance cualitativo. Enterrando definitivamente el carácter fundacional de la Unión Europea como alianza entre las burguesías europeas, para convertirlo en un bloque con un capitán que manda y oficiales, suboficiales y grumetes que obedecen. La Constitución europea es la carta magna del nuevo absolutismo continental. A través de la revisión de los acuerdos de Niza los países grandes, especialmente Francia y Alemania, disponen de facilidades para formar mayorías, mientras que a los pequeños o medianos, por ejemplo España o Polonia, les resultará casi imposible articular minorías de bloqueo. Se cambia la necesidad de un consenso amplio por la posibilidad de someter mediante medios políticos. Una tendencia agudizada por la intención de reducir los miembros de la Comisión, gobierno europeo de la que muchos países quedarán fuera.

De la misma manera que EEUU impone sus intereses con o sin la ONU, el eje francoalemán se dispone a hacer valer sus intereses con las normas e instituciones europeas o por encima de ellas. Varios portavoces germano-franceses han manifestado que, si la próxima CIG (Conferencia Inter Gubernamental) no acata el reparto de poder previsto en la Constitución, se formará un «núcleo duro» en torno a los dos países más poderosos que avanzará en solitario, imponiendo en los hechos su voluntad al resto. Y este auténtico golpe francoalemán, autoerigiéndose en directorio absolutista, está generando una aguda lucha que necesariamente dará paso a un reordenamiento de los países, clases y fuerzas políticas, capaz de generar cambios profundos y traumáticos.

Inglaterra se sabe segura, gracias a su fuerza militar y su papel como segundo de Washington. Italia está evitando el enfrentamiento, intentando con su proverbial ambigźedad estar al mismo tiempo con EEUU y aspirando a entrar en el nuevo núcleo duro europeo, proponiendo que se amplíe a todos los países fundadores de la UE. Pero lo que da carácter al reordenamiento es que los díscolos del nuevo orden francoalemán deben atenerse a las consecuencias. Esta presión, cada vez mayor, ha quebrado la resistencia de Portugal (que todavía está pagando las multas que ahora han eludido los grandes) o Grecia (cuyo primer ministro recibió un telefonazo de Schršeder para asegurar su voto favorable a las tesis germanas). Y lo que provoca que España y Polonia sean los elegidos para dar un escarmiento ejemplar. Ambos, que son considerados por Francia y Alemania parte natural de su área de influencia, han osado oponerse y deben pagar por ello, siendo sometidos a presiones y ataques continuos.

La renovada voluntad hegemonista francoalemana es una amenaza para todos los pueblos de Europa. Kosovo precedió a Afganistán e Irak. ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar Schršeder y Chirac?


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