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Diciembre 2003 |
Unificación Comunista de España
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INTERNACIONAL Las
reacciones en España ante los ataques de París y Berlín: «Los dos bandos son los que se enfrentan a los proyectos hegemonistas de París y Berlín y los que pregonan abiertamente el vasallaje».
Recluirse en esquemas preconcebidos, donde por ejemplo un empresario siempre es más reaccionario que un dirigente de la izquierda, conduce muchas veces a tergiversar la realidad. Las reacciones en España a la concesión del reactor de fusión (ITER) a la localidad francesa de Caradache, retirándoselo a la catalana Vandellós, son un buen ejemplo. El presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Turismo de Tarragona, Xavier Artal, se ha atrevido a alzar la voz para denunciar que «la presión del eje francoalemán ha decidido que debía ir a Francia». Para Artal «no se trata de una decisión objetiva. Los que tenían más fuerza y capacidad de presión política la han hecho valer. Queda demostrada, una vez más, la hostilidad de Francia hacia los intereses españoles». Una posición que contrasta con la de algunos dirigentes de la izquierda, que han tomado partido por el agresor, echándole las culpas a la víctima. Zapatero no sólo no ha alzado su voz frente a las presiones francoalemanas, sino que ha atribuido la relegación de Vandellós al «aislamiento en Europa de Aznar, que nos aleja de nuestros aliados naturales, Francia y Alemania». Por su parte, Llamazares se ha atrevido a exclamar que «esto es lo que nos pasa por ir diciéndole a Alemania y Francia lo que tienen que hacer», en una clara alusión a la firmeza de Aznar en Europa. Son dos posiciones ante el hegemonismo local de París y Berlín, y consecuentemente dos caminos para el país. El presidente de la Cámara de Comercio ha peleado para que España acoja un proyecto científico e industrial de primera línea (la creación de una energía limpia e inagotable), que supone para Tarragona, Cataluña y España creación de riqueza y empleo. Y para conseguirlo no duda en denunciar y enfrentarse a las presiones germanas y galas, empeñadas en impedir cualquier elemento de desarrollo para España, manteniéndola débil y sin capacidad para salir de su área de influencia imperial. Y frente a esto, buena parte de la dirección del PSOE e IU se han lanzado a una delirante apología de la sumisión. De las palabras de Xavier Artal se concluye que sólo podemos alcanzar un desarrollo pleno liberándonos del dominio del hegemonismo francoalemán. Mientras que Zapatero y Llamazares ahondan en una posición que editorializaba recientemente El País, tradicional portavoz de los intereses galos y germanos en España: «la ley del embudo a favor de los dos países más poderosos de la Unión Europea (É) obliga a replantearse muchas cosas; también en el terreno político, ahora que se discute el peso de cada país en la UE ampliada. Alemania y Francia suponen el 60% de la economía europea (É) caben dos posiciones contrapuestas. Una realista (É) y otra dogmática, consistente en extremar los reproches y ahondar en la explicación, fácil pero inexacta en el fondo, del doble rasero y el mal ejemplo de los grandes (É) No hay que olvidar que España puede cuadrar ingresos y gastos en buena medida mediante la aportación de fondos de la UE procedentes de contribuyentes netos como Alemania». El mensaje es nítido: frente al eje francoalemán no hay futuro, aceptando su vasallaje podemos recibir recompensas, dentro del lugar que se nos asigne en el nuevo reparto de poder europeo. Una postura que, además de merecer ser calificada como un moderno petainismo, es falsa. ¿Qué beneficios obtuvimos de 14 años de gobiernos de González aceptando una tras otra y sin rechistar las imposiciones europeas? ¿No fue gracias a esa sumisión que se arrancaron cepas, mataron vacas o desmantelaron astilleros, industrias y flotas pesqueras? Quizá es que los nuevos afrancesados defienden que renunciemos a albergar reactores nucleares y nos conformemos con algún parque temático. Cuanto más crecen las agresiones del eje francoalemán sobre España, más necesario es superar una división entre izquierda y derecha que nos confunde sobre quienes son los sumisos. Cada día más radicalmente, la diferencia está entre quienes están dispuestos a enfrentarse a los proyectos de dominio sobre España de París y Berlín, y los que pregonan abiertamente el vasallaje, hasta el punto de aceptar la desmembración del país. Jon Arza |
Llamazares ha ido todavía máslejos que Zapatero y se ha atrevido a exclamar (en referencia a la exclusión de Vandellós como sede del reactor ITER) que «esto es lo que nos pasa por ir diciéndole a Alemania y Francia lo que tienen que hacer» |