INTERNACIONAL

Ola de atentados en Arabia Saudí
La vuelta del hijo pródigo

“Una organización como Al Quaeda, tal como nos la pinta Washington, es a todas luces incapaz por sí sola de planificar y ejecutar operaciones de cirujía política como el 11-M”

Es imposible contemplar la creciente ola de atentados en Arabia Saudí sin recordar el refrán «cría cuervos y te sacarán los ojos». Si no pocos medios sacaron a la luz la relación entre Osama Bin Laden y la familia Bush tras los atentados del 11-S, hoy acuden a la memoria sus privilegiadas relaciones con la dinastía reinante Al Saud.

Una apuesta ambiciosa

«Todo se decide en Bagdad». Es posible que esta premonitaria advertencia que llevamos meses anunciando desde estas páginas se convierta, en los próximos meses, en «todo se decide en Riad». El empantanamiento de EEUU en Irak se ha convertido, en manos de un sector de la burguesía monopolista yanqui, en munición de gran calibre contra la fracción representada por Rumsfeld, Cheney y compañía.. Es probable que, salvo que ocurra algún acontecimiento extraordinario, Bush desaloje la Casa Blanca en 2005. Para entonces, la Casa Real saudí tendrá que haber decidido si renueva el pacto Americano-Saudí, propone su renegociación o su cancelación.

Se rumorea que tras la ola de atentados sufrida por Arabia Saudí se esconde la intención de Osama Bin Laden de torpedear la renovación de dicho pacto y, de paso, provocar un aumento del precio del crudo «por encima de la barrera psicológica de los 100 dólares».

No existe «Spectra». Otorgar a una organización como Al Quaeda, por muy muchimillonario que sea su líder, la capacidad cuasi omnipotente de la «Spectra» de Ian Fleming (James Bond) puede servir de guión para una serie de televisión por cable pero no aguanta ningún análisis serio.

En primer lugar, porque es impensable que una organización asesorada por la CIA, los servicios secretos pakistaníes y saudíes y financiada por Riad durante más de diez años no sufra un mínimo nivel de intervención que les permita, como mínimo, seguir sus pasos, conocer sus intenciones e incluso anticiparse a sus movimientos. En segundo lugar, porque es sencillamente imposible, por mucho que desde diversos bandos se quiera mitificar la figura del saudí, que una organización de este tipo pueda aunar, bajo el manto de un fundamentalismo religioso rechazado por la mayoría de los musulmanes, a personajes tan dispares como príncipes árabes, profesionales jordanos, sirios o libaneses, militares egipcios, talibanes afganos y parias marroquíes o tunecinos para organizar y ejecutar con éxito operaciones de cirujía política como los atentados del 11-S, el 11-M, los de Turquía (Estambul), Bali (Indonesia) y ahora Arabia Saudí; y todo ello sin que nadie los detecte –o los impida–.

Renovar el Pacto

Detrás de la renovación del Pacto Americano-Saudí existe una auténtica encrucijada, y al margen de cómo se resuelva esta coyuntura, lo que se está poniendo de manifiesto es el resurgimiento, bajo otras formas, de las tendencias pan-arabistas históricas existentes contra el expolio económico, el dominio político y el control militar de las potencias imperialistas occidentales.

Bajo la dinámica de los «bloques», encabezada por países como Egipto o Jordania, este movimiento se vió estrangulado en los años 70 por los regímenes conservadores (Arabia Saudí, Marruecos, Indonesia,...),o reconducidos bajo la intervención soviética (Libia, Argelia, Siria,...).
El derrumbe soviético provocó paradójicamente en Oriente Medio una profunda debilidad del hegemonismo estadounidense y el ascenso de una corriente reaccionaria, feudal y anti-occidental que Washington mismo a contribuyó a impulsar y que se está conviertiendo en la alternativa ideológico-política de una burguesía panislámica emergente, sin representación política definida todavía (y con enormes contradicciones internas) pero dispuesta a recuperar y disfrutar de las inmensas riquezas que les son negadas por el hegemonismo de EEUU, por Occidente y por un puñado de príncipes corruptos.

TBA

Las cláusulas secretas del Pacto Americano-Saudí (1945-2005)

El Pacto de Quincy, entre EEUU y Arabia Saudí, firmado en 1945, explira en 2005. Contiene 5 cláusulas secretas. Arabia Saudí no se ha pronunciado todavía sobre su renovación.
1.- La estabilidad de Arabia Saudí forma parte de los intereses vitales de EEUU. Arabia se compromete a garantizar el aprovisionamiento energético a cambio de la protección incondicional contra cualquier amenaza exterior. Arabia Saudí concede el monopolio de la explotación del petróleo a ARAMCO (Rockefeller) por 60 años. En 2005, Arabia recuperará pozos, instalaciones y material.
2.- EEUU cogestionará la política exterior de Arabia Saudí, y la compañía ARAMCO garantizará su asistencia jurídica y militar.
3.- Asociación económica, comercial y financiera casi exclusiva.
4.- EEUU no intervendrá en la política interna de Arabia Saudí (régimen, derechos humanos,e tc.).
5.- Resolución pactada sobre la cuestión palestina. A cambio de aceptar el apoyo incondicional de Washington al Estado de Israel, Arabia Saudí tiene carta blanca para impulsar y financiar a los movimientos islamistas en el mundo.

Tras la renovación –o no– del Pacto Americano-Saudí se esconde una auténtica encrucijada para los intereses geoestratégicos de EEUU y el ascenso de una corriente panarabista en Oriente Medio.