EDITORIAL NACIONAL

¿Pacto social o acuerdo nacional?

“Hay que impedir que conviertan el Acuerdo en un pacto social de los monopolios contra los trabajadores, es necesario que este sea un auténtico Acuerdo nacional por la creación de riqueza y empleo”

El Acuerdo firmado por Zapatero, los sindicatos y la patronal para mejorar la competitividad de las empresas y la calidad del empleo es, de entrada, una buena declaración de intenciones. Se proponen reducir la temporalidad, abordar políticas activas de empleo y cambiar el modelo productivo. Pasar de un modelo basado en la precariedad laboral y salarial a otro que se base en una mano de obra más cualificada y el aumento de la innovación, la investigación y el desarrollo, I+D+i. ¿Puede haber alguien que no esté de acuerdo con esos objetivos generales, buenos para el país y buenos para los trabajadores?

Sin embargo las declaraciones de las partes implicadas más que aumentar la confianza inducen a la preocupación; por la cantidad de puertas abiertas que el Acuerdo Social deja para flexibilizar aún más el mercado laboral e introducir ajustes en las prestaciones sociales; mientras que aún no conocemos nada sobre las medidas para desarrollar todo lo referente a la innovación, Investigación y Desarrollo, y formación.
Así como en la vuelta de los soldados, los sectores patrióticos del gobierno tomaron la iniciativa, aquí son los representantes de las multinacionales y los partidarios de que España siga el modelo franco-alemán de seguir reduciendo el “estado del Bienestar” los que parecen haber tomado la delantera.

Máxime cuando la competencia desatada entre los diferentes grupos monopolistas por la ocupación de los mercados del Este está acelerando las reformas. El gobierno alemán anuncia la rebaja de las prestaciones por desempleo de 32 a 12 meses, el francés aprueba la implantación del copago sanitario, un euro por cada visita al médico, y los principales sindicatos firman convenios en las grandes empresas (Siemens, Bosh, Daimler Chrysler, Philips…) para enterrar la jornada de 35 horas, que pasa a ser de 40 por el mismo salario, renunciar a días de vacaciones o a la paga extra de Navidad.

Los representantes de los grupos monopolistas y las multinacionales están tomando como base de partida las recomendaciones de la OCDE para flexibilizar el mercado laboral exigiendo: el despido libre más barato, convenios empresa por empresa, mayor jornada laboral por el mismo salario, ajustes en las prestaciones sociales, especialmente en las pensiones y la sanidad.

El gobierno de Zapatero, con el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera, al frente, y los sindicatos han entrado en el juego de que para evitar la deslocalización y adaptarse a los nuevos tiempos hay que flexibilizar aún más el mercado laboral y ajustar las prestaciones sociales, “para hacer corresponder lo que se cotiza con lo que percibe” (Caldera).
Pero flexibilizar más el mercado laboral es lo que intentó Aznar con el famoso “decretazo”. El peligro de que las medidas fundamentales para cambiar el modelo político, formación e I+D+i se estanquen, mientras las reformas para flexibilizar se desarrollan aceleradamente en las mesas de negociaciones que gobierno, sindicatos y patronal van a iniciar en septiembre, en una amenaza real. Es más, demasiado real como para no tomarla muy en serio; ya que eso significaría no sólo que no se cambia el modelo económico basado en la precariedad laboral y salarial, ofreciendo una prórroga de este modelo de superexplotación; sino que se relegan todas aquellas medidas que favorecen el desarrollo de la economía nacional productiva, en beneficio de las multinacionales y la dependencia económica dentro de la Unión Europea.

A cambio de que “deslocalicen menos” y mantengan aquí sus inversiones, se ofrece: despido libre más barato, una jornada laboral a la carta por el mismo o menor salario, recortes sociales. En definitiva cuatro años más para que los grupos monopolistas hagan sus ajustes a costa de mantener y profundizar un modelo que todos dicen que hay que cambiar. Cuando se entra en la lógica de la “flexibilización” las declaraciones como las del secretario general de la UGT Cándido Méndez, “No firmaremos ningún acuerdo para trabajar más y ganar menos”, por muy firmes que parezcan pierden todo su significado.

Frente a quienes siguiendo la locomotora de las multinacionales alemanas pretenden dar prioridad a las reformas laborales y sociales, es preciso exigir al gobierno, los sindicatos y fuerzas antihegemonistas que se ponga el acento en aplicar medidas urgentes y contundentes para hacer realidad la inversión en I+D+i y formación.

Frente a quienes quieren que este Acuerdo se convierta en un pacto social clásico para que la clase obrera y el pueblo trabajador paguen los ajustes de las multinacionales, es necesario que este sea un auténtico Acuerdo nacional por la creación de riqueza y empleo, con participación en la gestión de quienes la producen, los trabajadores.

Trasladar el centro de atención de las reformas de la flexibilización del mercado laboral a los cambios fundamentales para cambiar el modelo económico es vital para los trabajadores y para nuestro país. Por un lado, porque si en Alemania reducir el Estado del Bienestar es malo para los trabajdores, aquí cada reducción es ya traumática. Y por otro, porque nos estamos jugando el que nuestro país pueda tener una economía productiva moderna propia, base principal de la creación de riqueza y empleo.

Llevar a cabo un desarrollo del Acuerdo firmado por Zapatero con los sindicatos y la patronal, favorable a los intereses obreros, populares y nacionales exige voluntad política por parte del gobierno y de los dirigentes sindicales. Pero sobre todo la movilización de todos los sectores populares, de las bases de afiliados de los sindicatos, de la mayoría social de izquierdas y progresista con un doble objetivo: impedir que el Acuerdo se transforme en un pacto social de los monopolios contra los trabajadores y la economía nacional; y conseguir que se desarrolle como un Acuerdo nacional por la creación de riqueza y empleo que:
-Potencie la economía productiva, ayudando a la reconversión integral de las empresas nacionales, incrementando sutancialmente los recursos destinados a innovación e I+D.
-Cambie la relación con las multinacionales, desde la perspectiva de que su instalación signifique una creación de riqueza a largo plazo, mediante acuerdos para la transferencia de tecnología a nuestro país, la integración de las líneas de montaje con la investigación, la innovación y el diseño.
-Y establezca nuevas relaciones laborales, basadas en la participación de los trabajadores en la gestión de las empresas y en la distribución de la riqueza que se genera, como principal incentivo, junto con la I+D, para multiplicar la productividad.