NACIONAL ¿«Afrancesar»
la política extgerior de España? ¡No, gracias!: |
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| «Gobierno
de antropófagos». Ésa es la imagen gráfica
con la que se puede definir la naturaleza del gobierno surgido de las
urnas el 14-M. Un gabinete compuesto por representantes de intereses enfrentados;
una combinación explosiva que recorre desde sectores patrióticos
de la oligarquía española aupados por el apoyo popular frente
al gobierno de Aznar, hasta lo más venenoso de la vinculación
orgánica con el Eje franco-alemán, pasando por defensores
del más puro liberalismo económico y, lo que es sin duda
peor, ejemplares típicos de «parásitos oportunistas»
tan abundantes en el reino animal y el político. Con una correlación
en permanente equilibrio catastrófico entre ellos que, por su propia
naturaleza no puede durar más tiempo. «Volver al corazón de Europa» Bajo el objetivo de construir Europa se enfrentan diferentes concepciones de lo que debe ser Europa. Frente a una Europa democrática, progresista y de ciudadanos libres, que anhelan la mayoría de países, se opone una Europa como polo hegemonista emergente, como club de las burguesías monopolistas europeas más fuertes que buscan someter a los países europeos a sus designios para dar un salto en la disputa con EEUU por la hegemonía mundial. ¿Qué es el corazón de Europa? Para el Sr. Moratinos es sin duda la segunda opción: someter a España, y contribuir al sometimiento de los restantes países europeos a los designios del Eje franco-alemán. Y en su cometido particular, someter la política exterior española a los planes de Francia en el Magreb y de Alemania en Europa del Este, asumiendo como propios los planes hegemonistas sobre Europa. La «construcción europea» El Sr. Moratinos afirma que «la construcción europea siempre ha partido del motor franco-alemán». Hombre, decía Marx que la violencia era la partera de la Hisotria. En ese sentido, sería más apropiado decir que todas las grandes convulsiones, guerras, masacres y genocidios que han ido conformando el actual mapa europeo han partido bien de Francia, bien de Alemania –al menos en los últimos 200 años–. Las invasiones napoleónicas de España, Portugal, Alemania, Prusia, Italia, Polonia, Rusia,... y las alemanas de Austria, Francia, la Iª Guerra Mundial, la IIª Guerra Mundial... En una cosa tiene razón el Sr. Moratinos: en que la historia europea habría sido otra de no haber sufrido el empeño de las burguesías monopolistas francesa y alemana por «construir Europa». «Afrancesar la política española en el Magreb» Alabar la política francesa en el Magreb es repugnante. La política de la burguesía monopolista francesa ha consistido en expoliar hasta extremos inhumanos y perversos las riquezas y las vidas de África. Desde la guerra de exterminio en Argelia, –hasta la CIA y las dictaduras sudamericanas contrataron «expertos» franceses para enseñar técnicas de lucha «antiguerrillera» y de tortura–, hasta el sostén de regímenes corruptos y dictatoriales, que son los que más «grandeur» le han reportado en el Continente vecino. Sin nombrar, más allá del Magreb, el exterminio de naciones enteras, enfrentándolas unas a otras, como en los Grandes Lagos, para carroñear los despojos (y los diamantes y minerales estratégicos). Sólo en contadas ocasiones otras potencias imperialistas han desatado atrocidades como las que, sistemáticamente, ha venido castigando la civilizada Francia a África. Un hombre de Estado El Sr. Moratinos, diplomático de carrera, es sin duda un «hombre de Estado». Lo que no se sabe a ciencia cierta es de cuál. Director Jefe de la Coordinación de Europa Occidental del Ministerio de Asuntos Exteriores con Franco, ha estado destinado en las representaciones diplomáticas en Yugoslavia y Marruecos antes de ser nombrado subdirector general de política exterior para África y Oriente Medio. Embajador de España en israel con el PP (1996) y enviado Especial de la Unión Europea para el proceso de paz en Oriente hasta el año pasado. Un hombre al que el Palacio de Santa Cruz, sede de la diplomacia española, le viene pequeño. Aunque sin duda debe tener ya su nombre rotualdo en un despachito del Quai d’Orsay. TBA |
El Sr. Moratinos tiene a gala ser un «afrancesado». También Francia, paradójicamente, tuvo sus «afrancesados». Se llamaban «colaboracionistas» con el Gobierno de Vichy, y son la vergüenza de su país.
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