NACIONAL

XXXVI Congreso del PSOE:
Una izquierda desarmada

Es chocante que se considere extinguida la sociedad de explotadores y explotados” cuando estamos asistiendo en España, con dos millones de inmigrantes, a un ejemplo masivo de la más pura explotación capitalista.

La ponencia marco del 36 Congreso del PSOE ha sido presentada “como un referente para esa mayoría de ciudadanos que en España se identifica con los principios y valores de la izquierda”, a la que se propone no sólo movilizar para que vote al Partido Socialista, sino para que se agrupe entorno al PSOE como la alternativa de “una nueva izquierda”.
Pero ¿qué propone la ponencia marco del 36 Congreso cómo línea para una nueva izquierda? Y en todo caso ¿cuál ha de ser la alternativa y el horizonte para la nueva izquierda?

Ni una sola vez se menciona el problema de quién explota las riquezas del planeta. Si tuviéramos que guiarnos por lo que dicen, para la nueva izquierda propuesta por el PSOE no existe ni el imperialismo ni el hegemonismo.

“A principios del siglo XXI, la explotación tradicional ya no es el principal factor de desigualdad e injusticia, sino que ha sido sustituido por todo otro tipo de formas de exclusión social que nuestra sociedad genera.” (Ponencia)

La ponencia marco del PSOE pretende presentar como una posición moderna lo que no es sino una vieja cantinela que la socialdemocracia viene recitando desde hace casi un siglo, tachar de “tradicional”, es decir de “anticuada” la tesis marxista sobre la explotación capitalista. En la ponencia se habla de “revisar y actualizar muchos de los análisis tradicionales de la izquierda” pero se dice lo de siempre.

No existe la “explotación tradicional”, sino que cada época histórica viene determinada por un modo de producción, una división en clases inherentes a ese modo de producción y una forma de explotación. La explotación esclavista en la antigua Roma, la explotación feudal en la Edad Media y la explotación capitalista en la sociedad capitalista.

Pero ¿qué es la explotación capitalista?

La plusvalía es la forma particular en que se da la explotación capitalista en el capitalismo. El obrero vende su fuerza de trabajo de acuerdo con su valor (valor que viene determinado por las necesidades básicas del obrero y su familia, por las necesidades culturales y el nivel de especialización). Sin embargo, a lo largo de la jornada de trabajo, el obrero crea un valor que está mucho más allá del valor de su fuerza de trabajo. La diferencia entre lo que el propietario de los medios de producción paga al obrero y el valor de lo que éste produce es la plusvalía. La formación de la plusvalía y su apropiación por el capitalista es el origen de la reproducción y acumulación del capital. La revolución científico técnica no hace sino superar las limitaciones físicas, políticas, culturales… de la fuerza de trabajo obrera para multiplicar la productividad, es decir la plusvalía, o sea la explotación.

Con el aumento incesante de la explotación capitalista asistimos en la sociedad capitalista a lo que Marx dice en El Manifiesto Comunista: “La burguesía ha aglomerado la población, centralizado los medios de producción y concentrado la producción en manos de unos pocos”. ¿No es esto precisamente, la concentración de la riqueza cada vez en menos manos (se fusionan los bancos, los grupos monopolistas) lo que demuestra cada informe económico tanto a nivel nacional como a escala mundial? ¿Entonces cómo se puede decir que no estamos en “la sociedad de explotadores y explotados”?

“La sociedad de explotadores y explotados ha ido dando paso a una sociedad de integrados y excluidos, en la que estos carecen de derechos básicos y de perspectivas consistentes de una vida razonablemente más digna.” (Ponencia)

Resulta cuanto menos chocante que se considere extinguida “la sociedad de explotadores y explotados” cuando estamos asistiendo en España, con la incorporación de casi dos millones de inmigrantes, a un ejemplo masivo de la más pura explotación capitalista.

Los “excluidos” no lo son porque sí, sino por ser parte de los explotados, de los que no tienen más que su fuerza de trabajo para vender, y por lo tanto, por el lugar que ocupan en la producción y la participación en la distribución de la riqueza.

¿Acaso consideran los ponentes del Partido Socialista que Botín, los altos ejecutivos de los monopolios, Zapatero, un obrero del metal y un inmigrante bien colocado son de la misma “clase de los integrados”? No señores, Botín y los monopolistas pertenecen a una clase diferente, con intereses diferentes y contrarios; son dueños de los medios de producción y, por lo tanto, se apropian de la mayor parte de la riqueza que se genera. Los obreros e inmigrantes, integrados o no, con buenos o malos salarios, con empleo fijo o temporal, no tienen acceso a la propiedad sobre los medios de producción, sólo poseen su fuerza de trabajo y perciben una pequeña parte de la riqueza que generan. Son las dos clases fundamentales de la sociedad capitalista, la de los explotadores (se apropian de la plusvalía) y la de los explotados (producen plusvalía).

La lucha contra la explotación y contra cualquier tipo de opresión es el pilar fundamental de la izquierda, de la “vieja” o de la nueva izquierda. Negarlo, ocultar la naturaleza explotadora de la sociedad en la que vivimos, sólo puede servir a los explotadores, a quienes tienen interés en que se oculte para perpetuarla. Por eso el objetivo histórico de la izquierda no es otro que el acabar con la explotación capitalista; y no como se dice en la ponencia del 36 Congreso: “La utopía realizable de la izquierda es este momento histórico es la construcción de una sociedad integrada e incluyente”.

Los mayores explotadores del planeta

Pero si la ponencia del 36 Congreso considera anticuado hablar de explotadores y explotados en nuestro país, el problema de los explotadores en el mundo, ya ni lo menciona. Ni una sola vez se menciona el problema de quién explota las riquezas del planeta. Si tuviéramos que guiarnos por lo que dicen, para la nueva izquierda propuesta por el PSOE no existe ni el imperialismo ni el hegemonismo. ¿También están superados?

Vivimos la época del imperialismo y del hegemonismo. Los Estados Unidos se han convertido en la única superpotencia a escala global, y junto con un puñado de grandes potencias imperialistas, las del G-8, Alemania, Francia, Reino Unido, Japón, Italia, Canadá… se disputan la explotación del planeta, acentuando cada vez más la diferencia entra pobres y ricos, entre explotadores y explotados.

“Volver a creer en el proyecto europeo y situar a España en el centro de la Unión Europea”. (Ponencia)

No es de extrañar que desde esa posición la ponencia del 36 Congreso del Partido Socialista presente una visión idílica de la Unión Europea. Tampoco aquí hay intereses enfrentados entre los proyectos de las dos grandes potencias del eje franco-alemán y el resto de países europeos. Tampoco aquí se parte de que están en juego dos proyectos para Europa, un proyecto hegemonista emergente, que puede convertir a la Unión Europea en un polo hegemonista para disputar la hegemonía a Estados Unidos y ampliar la explotación de los países y pueblos del resto del mundo. O una Unión Europea que se desarrolle como la unión solidaria de los países europeos al servicio de la paz, la democracia y el bienestar de los pueblos y países de Europa, y del resto de países del mundo. Una izquierda antihegemonista, contra el imperislismo y las superpotencias, ha de ser el segundo pilar fundamental de la izquierda de nuestros días.

La ponencia del 36 Congreso del Partido Socialista, lejos de ser una alternativa de línea para una “nueva izquierda”, lo que contribuye es a desarmar ideológicamente al propio partido socialista, y por lo tanto a la izquierda, con una edición aumentada de las “tradicionales” posiciones de la socialdemocracia.

M. Murcia

Zapatero habla del “socialismo de los ciudadanos”, pero no ha ido más allá de las recetas socialdemócratas que desarman ideológicamente considerando “superadas” las tesis sobre la explotación y el imperialismo.