CULTURA

100 años de Neruda
Como un torrente

“Un poeta más cerca de la muerte que de la filosofía, más cerca del dolor que de la inteligencia, más cerca de la sangre que de la tinta”
(Lorca refiriéndose a Neruda)

Dos kilómetros de poesías. Ese es el homenaje que la ciudad chilena de Valparaíso ha dedicado a Pablo Neruda en el centenario de su nacimiento. Un homenaje simbólico acertado a una voz que fue el torrente más prolífica de la poesía del siglo XX.
Junto a García Lorca es el poeta de lengua castellana más traducido, editado y leído en todo el mundo, lo que testimonia su dimensión como poeta universal. Una voz que ha expandido nuestra lengua por los cinco continentes. Un poeta de la América auténtica, que no es la de Wall Stree ni la de los “blancos del oro”.

Ricardo Eliecer Neftalí Reyes nació en la aldea sureña de Parral (Chile) el 12 de junio de 1904. Alos 4 años, tras la muerte de su madre, mudó su ciudad natal por la aún más meridional de Temuco. Y por esa suerte de azares benéficos que fueron modelando su existencia, allí dio con una naturaleza virgen, explosiva y maravillosa; con la voz poética de Gabriela Mistral, la otra gran poeta chilena; y con la literatura como refugio contra la soledad. Así hasta que en 1920 se marcha a vivir “la bohemia” a Santiago, la capital, decidido ya a cumplir su secreta vocación poética.

Para evitar la “censura” y los conflictos paternos, el poeta adolescente se rebautizó como Pablo Neruda, y de la desazón, la nostalgia y la melancolía del adolescente que vive el éxtasis y las angustia de los primeros amores irán naciendo los versos de “Cuadernos de Temuco” (póstumo), “Crepusculario” (1923) y sobre todo “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” (1924), versos iniciáticos que leen todavía los jóvenes enamorados de medio mundo con la misma fruición y el mismo temblor que suscitaron hace 80 años, cuando comenzaron a cimentar el universo poético de Neruda y su siempre bien ganada popularidad.

En estos libros, iniciales pero fundamentales, el joven Neruda se mece aún en el universo rítmico y metafórico de la poética modernista de principios de siglo, incorporada a las literaturas hispánicas por Rubén Darío y plenamente consumada ya por Juan Ramón Jiménez en España. Pero Neruda da ya desde el principio un paso adelante. Y así, las conquistas métricas, rítmicas y sintácticas del modernismo Neruda las pone al servicio de nuevos temas, más diversos, más vastos, más impuros, alejados de las rigideces y rigorismos del canon modernista, abriendo paso así a una poética plenamente contemporánea.

DE ORIENTE A ESPAÑA: LAS RESIDENCIAS DE NERUDA

Otro golpe de azar llevará a Neruda a encontrar los escenarios y las experiencias de su plena madurez poética. A partir de 1927 y hasta 1932 Neruda inicia un periplo oriental como cónsul de Chile que le llevará, sucesivamente , a Rangún, Colombo, Singapur y Yakarta. Son años de confrontación con culturas y universos distintos, donde madura la experiencia vital confrontada a la amargura de la soledad, la desesperanza y la muerte. De allí regresará Neruda con los versos que compondrán la primera edición de su libro “Residencia en la tierra”, que muchos consideran su verdadera obra capital, allí donde están sus versos más hondos.

Tres años después, Neruda añadiría a ese libro -editado ya en España- una segunda parte. Pero entre una y otra han ocurrido hechos sustanciales para el devenir poético de Neruda. El primero es, de nuevo, un encuentro azaros el del poeta chileno con Federico García Lorca que está de gira en Buenos Aires en 1933. Entre los dos poetas se arma de inmediato una íntima complicidad, que derivará en plena amistad en los años siguientes, cuando Neruda marche como cónsul a España. Federico influyó no sólo personal sino poéticamente en Neruda. Seguramente el granadino debió leerle a Neruda durante su estancia en Argentina “Poeta en Nueva York” (todavía inédito), porque es notoria su influencia en la temática y el lenguaje de la segunda parte de “Residencia en la tierra”, donde Neruda utiliza recursos típicos del surrealismo.

Los versos de “Residencia en la tierra” traducen un estadio de crisis vital, de hastío y desolación de obsesión por la muerte y colérica repulsa de los valores burgueses, que llevó a Federico a afirmar que Neruda era “un poeta más cerca de la muerte que de la filosofía, más cerca del dolor que de la inteligencia, más cerca de la sangre que de la tinta”; pero este tributo, más allá de lo coyuntural, muestra una gran comprensión sobre la verdadera esencia poética de Neruda, quien a su vez consideraba a Federico, con gran tino, como “un resumen de las edades de España”.
La confraternización entre los dos poetas más universales de la lengua castellana del siglo XX se truncó dramáticamente con el asesinato de Lorca en 1936. Aún pocos días antes del drama, el 12 ó 13 de julio, Lorca convocó a Neruda a su casa de Atocha para leerle los “Sonetos del amor oscuro”. La muerte de Lorca, el asalto fascista a la República española, la guerra, radicalizaron a Neruda y multiplicaron su compromiso con el pueblo español. Su papel en la convocatoria y celebración del Congreso de Intelectuales Antifascistas fue muy destacado. Al final de la guerra, logró rescatar a miles de refugiados republicanos del sur de Francia, el mismo día que estallaba la segunda guerra mundial.

A mediados de los años cuarenta ingresa en el Partido Comunista chileno, una militancia que mantendrá orgullosamente hasta el día de su muerte. Fruto de esos años de lucha y militancia antifascista es su libro “Tercera Residencia”, donde se incluye su emotivo “España en el corazón”.

POETA DE AMÉRICA

Tras el trágico final de la guerra española, Neruda regresa en 1939 a Chile y allí compra su famosa casa de Isla Negra, con el propósito de “retirarse y dedicarse únicamente a escribir”. Pero en 1940 ya está de nuevo como cónsul en Méjico, desde donde viaja con frecuencia a Guatemala para reunirse con Miguel Angel Asturias. En 1943 vuelve de nuevo a Chile y en 1945 inicia su “carrera política” como senador. En estos años de presencia e íntima relación con la América hispana crece y madura el proyecto que llenará sus próximos años y marcará un nuevo giro en su poesía.

Su materialización es el gran poema épico titulado “Canto general” (1950), vasto y desmesurado proyecto de interpretación de la realidad física e histórida del complejo continente americano. Neruda se vuelca en la construcción de una epopeya barroca de dimensiones colosales, en la que “la tierra”, feraz y feroz, se concibe como madre genesíaca de un mundo sometido a las implacables leyes de la vida. Neruda recorre en una desmesurada selva poética el camino quebrado de la historia americana y reivindica su tarea colectiva.

En este inmenso fresco de América, donde la naturaleza se manifiesta en toda su pletórica mitología, Neruda recrea y funda un nuevo concepto del continente, muy lejano, opuesto al de la “América norteamericana”, a la América de Wilson y Roosevelt, a la América de Wall Street, la United Fruit y “el patio trasero”. Una América, quizá idealizada, quizá malinterpretada, quizá con demasiado peso de “lo primigenio” y la “exuberancia geográfica”, pero en todo caso un trasunto poético de la América vital, solidaria y que busca librarse de la opresión y lograr la justicia.

Con el paso de los años Neruda fue volcando cada vez más su poesía al servicio de su compromiso político, tratando de encontrar una voz que llegara directamente al pueblo hablando de las cosas más sencillas, más simples, más cotidianas, más necesarias.

Tras numerosos exilios y retornos, en 1970 retira su candidatura a la presidencia de Chile para favorecer el triunfo de Salvador Allende. El golpe pinochetista le sorprendió enfermo y airado en su casa de Isla Negra. No sobrevivió a esta segunda “visita” del fascismo, esta vez no en Madrid sino en su Chile.

Aunque hace ya más de 30 años de su muerte, la poesía de Neruda sigue absolutamente viva, y generación tras generación se renueva la vigencia de sus versos, desde su melancólico “Puedo escribir los versos más tristes esta noche” hasta su furioso “Venid a ver la sangre por las calles”.

J. Albacete

Tras numerosos exilios y retornos, en 1970 retira su candidatura a la presidencia de Chile para favorecer el triunfo de Salvador Allende.