NACIONAL Zapatero
aprueba una nueva Directiva de Defensa Nacional “Aunque es un avance, la nueva directiva de Defensa no asegura que nuestro país vaya a ser neutral oun factor de paz en el mundo” |
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| El día 2 de noviembre, Zapatero aprobó una nueva Directiva de Defensa Nacional (DDN) que sustituye la que el año 2000 instauró Aznar. Los cuatro ejes, a propuesta de José Bono, serían: convertir la política de Defensa en una cuestión de Estado pactada entre las principales fuerzas políticas, enmarcar en cualquier caso la actuación del Ejército español dentro de la legalidad internacional, someter cualquier participación militar española en el extranjero a la consulta del Parlamento, y unas medidas de modernización de las Fuerzas Armadas a la nueva situación internacional, y de España. La nueva DDN es consecuencia
del giro que en política de Defensa y alianzas internacionales
ha imprimido el gobierno de Zapatero. Un giro que recoge, en parte, las
aspiraciones del movimiento antihegemonista y por la paz que se levantó
en España contra la política de Aznar de hipotecar la neutralidad
española a la línea belicista de Bush. El primer aspecto positivo de la nueva DDN es que está inspirada en una propuesta del ministro de Defensa, José Bono, uno de los ministros más claramente defensores de la neutralidad y la independencia de España frente a cualquier imposición de cualquier «socio» a ambos lados del Atlántico, al tiempo que un ferviente defensor de la unidad, cohesión y solidaridad nacionales desde el respeto de una España plural. Un ministro que ha demostrado, tanto en la enérgica defensa de la voluntad popular, como el regreso de las tropas en Irak, como de sensibilidad social y sentido de la responsabilidad, como en el caso del accidente del Yak-42, que es uno de los mayores activos del gobierno y uno de sus ministros más respetados y mejor valorados. Entrando en detalle, los principales aspectos positivos, aunque todavía insuficientes, se refieren al acatamiento de la legalidad internacional y a no actuar al margen de la ONU; así como a un mayor control democrático sobre los mecanismos de decisión, que obligarían a consultar al parlamento antes de aprobar cualquier operación en el extranjero. Insuficientes porque no se prohibe la posibilidad de actuar «sin mandato expreso de la ONU», ni de ceder el uso de bases militares extranjeras para operaciones al margen de esta organización internacional. Insuficientes porque no se exige el debate y la ratificación del Parlamento (Congreso y Senado), sino sólo su consulta. Insuficiente, en fin, porque permite operaciones «multilaterales» siempre que cuenten «con un claro amparo internacional». Una jerga demasiado cercana a las agresiones de la OTAN a Yugoslavia, la dudosa participación de España en Haití o la inadmisible presencia de tropas españolas en Afganistán. España debe ser un factor de paz en el mundo e impulsar una política de neutralidad activa e independiente. Sus tradicionales lazos con el mundo islámico, con el norte de África y Oriente Medio, y muy especialmente con el mundo iberoamericano nos obligan a ello. El eufemismo del «multilateralismo» no debe servir de coartada para justificar las agresiones consensuadas a terceros países, incluso a países amigos y pueblos hermanos. Y desde luego no con la participación sino con la denuncia activa de España. Pues la anterior directiva de Aznar proponía «contribuir a las misiones de ayuda humanitaria y operaciones de paz y de gestión de crisis que realicen las organizaciones internacionales y europeas a las que España pertenece». Con estos mimbres se hizo la fotografía de las Azores y España, como Mambrú, se fue a la guerra, por mucho que lo niegue Esperanza Aguirre. ¿Ocurrirá lo mismo ahora si a las potencias agresoras se suma Francia, Alemania o Rusia? TBA |
La nueva Directriz de Defensa Nacional: positiva pero confusa e insuficiente. ¿Por qué permanecen en Afganistán? ¿Volverán a Irak?
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