NACIONAL Carta abierta a los nacionalistas de izquierdas “¿Cómo puede una persona de izquierdas apoyar, justificar, o siquiera comprender a un representante de la reacción como Arzallus, cuyo pensamiento es una mezcla de delirios étnicos sabinianos y carlismo franquista?” |
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| La presencia de Arzallus o Setién en un ciclo de conferencias organizado en la universidad de Valencia por la Fundació Ausias March –que aglutina a sectores que se autodefinen dentro del nacionalismo progresista– es la manifestación de un virus peligroso. Que personajes tan reaccionarios como
estos, representantes del etnicismo nacional-católico más
integrista, puedan ser presentados como referentes, no puede ser catalogado
como otra cosa que una grave enfermedad, un cáncer que si no se
cura mata a organismos sanos. Por eso hemos querido dirigir una carta abierta a todos los nacionalistas progresistas, tratando esta contradicción desde las referencias de izquierdas que compartimos, y que son la premisa sin la cual es imposible ningún proyecto de progreso. Una línea de fuego con el fascismo Si os dirijo esta carta abierta a vosotros, que os situáis dentro del campo de la izquierda, es porque compartimos una buena cantidad de referencias de lucha, valores de progreso, y un bagaje de décadas de lucha común. Jamás nos dirigiríamos así a los representantes de la burguesía de Neguri o Montserrat, porque ellos están en otro terreno de clase. Por eso no podemos dejar pasar que dentro del campo del nacionalismo de izquierdas se imponga una deriva reaccionaria que envenena ideológica y políticamente a sectores progresistas. ¿Cómo puede una persona de izquierdas apoyar, justificar, o siquiera comprender a un representante de la reacción como Arzallus, cuyo pensamiento es una mezcla de delirios étnicos sabinianos y carlismo franquista? ¿Cómo puede alguien progresista considerarse “en el mismo barco” que Setién, uno de los exponentes más fundamentalistas de la Iglesia más ultraderechista, de las jerarquías que con el franquismo o con el fascismo étnico siempre están casadas con el poder? ¿Cómo puede una persona de izquierdas no reaccionar indignada ante el totalitarismo que se impone sobre el 90% de la población vasca? Con el fascismo hay una línea de demarcación de fuego, ante la que no cabe ningún matiz. Si permitís que otras consideraciones –la construcción nacional o cualquier otra cosa– diluyan la denuncia del fascismo, e incluso lleven a respaldar o justificar a las cabezas del fascismo, estaréis enterrando vuestro “ser” de izquierdas. En Euskadi criticar al poder, disentir del pensamiento único etnicista, conlleva ser amenazado, expulsado al exilio o ser asesinado por un tiro en la nuca. Las libertades y derechos democráticos básicos –expresión, reunión, manifestación…– están reducidos a su mínima expresión. Como en el franquismo, “meterse en política” es un riesgo, y lo mejor es “pasar inadvertido”, callarse las opiniones propias, para no correr el riesgo de ser señalado como “enemigo del pueblo vasco”. Esta es una realidad que ninguna persona de izquierdas, si no ha visto atrofiada su sensibilidad progresista, está obligada a denunciar y combatir. Un régimen totalitario que ha sido impuesto por una verdadera camarilla nazifascista –los Arzallus, Ibarretxe, Eguibar, Imaz…– apoyándose en el terror de ETA para que “unos arreen el árbol mientras otros recogen las nueces”, y auxiliada por la estructura omnipresente de la iglesia de los Setién, un verdadero pulmón artificial del fascismo desde los púlpitos. Arzallus, Ibarretxe o Setién no tienen nada que ver con la defensa de las libertades nacionales. Ellos han usurpado el nacionalismo, manipulando indignamente los sentimientos de mucha gente, para camuflar su fascismo. Han secuestrado a las bases del PNV para seguir manteniendo su poder. Nacionalistas de larga trayectoria como Emilio Guevara o Joseba Arregui han reaccionado con valentía, denunciando la verdadera naturaleza de esta camarilla nazifascista, rompiendo la falsa dicotomía entre nacionalistas y españolistas, y sustituyéndola por la división real: antifascistas y un pequeño puñado de fascistas. Vosotros, nacionalistas de izquierdas, debéis hacer lo mismo. No podéis conciliar ni un segundo más con el fascismo ni con los jerarcas del fascismo. Vuestro compromiso como gente de izquierdas os obliga a colocaros en primera línea de la lucha contra el fascismo, aunque este venga disfrazado como “defensor de la nación vasca”. Nosotros, como comunistas, nacimos denunciando a la URSS como un país socialfascista y socialimperialista, socialista de palabra y fascista en los hechos. Aunque intentara confundir disfrazándose bajo la bandera roja. La Euskadi de Neguri y la Catalunya de La Caixa ¿Qué Euskadi creéis que instauraría la camarilla de Arzallus? ¿Tendría algo que ver con la izquierda? ¿No sería una Euskadi donde buena parte de los trabajadores, los “maketos”, serían tratados como ciudadanos de segunda para mayor gloria y explotación de Neguri? ¿Qué Catalunya instauraría La Caixa? ¿No sería la Catalunya donde existe un abismo de diez años en la esperanza de vida entre los barrios más ricos y los más pobres? El lugar de todos los nacionalistas que se consideren de izquierdas está en la ERC de Companys, que en el 36 sacaba carteles donde se leía “fill, Madrid et necesita. Tot pel Madrid heróic”, y no con los círculos más reaccionarios de la burguesía catalana, que apoyaron el franquismo para defender sus propiedades frente a la revolución. Está con los verdaderos gudaris vascos, que lucharon y murieron por defender, codo con codo con el resto del pueblo español, la República, y no con la camarilla que se vendió en Santoña a las tropas de Franco y al imperialismo mussoliniano y hitleriano. Una de las raíces del problema está en la extensión de un pensamiento que induce a relegar la posición de izquierdas ante las “reivindicaciones nacionales”. Una deriva que conduce inevitablemente a las gentes de izquierdas a quedar supeditadas a la dirección de las burguesías locales. Los comunistas somos intransigentes contra cualquier tipo de opresión, incluida la opresión nacional. La oligarquía española, imponiendo las más de las veces una unidad reaccionaria, cuya máxima expresión fue el franquismo, ha impedido la plena expresión de las nacionalidades y regiones de España. Estamos por la plena expresión de la personalidad de las nacionalidades, incluido el derecho de autodeterminación. Pero vemos la realidad desde que en cada nación hay dos naciones: la de los explotados y la de los explotadores. Esta es la división que nos interesa al pueblo, y que ordena todo lo demás. Y es precisamente la que está borrada por la deriva de una buena parte de la izquierda hacia las tesis de las burguesías nacionalistas. ¿Cómo es posible que gente de izquierdas defienda el plan Ibarretxe? ¿Cómo es posible que se apoye o comprenda a un Carod Rovira que difunde amenazas insolidarias, comportándose como un Bossi cualquiera que defiende los intereses de la burguesía catalana? La única manera de romper con todo esto es partir de la división entre explotadores y explotados, entre pueblo trabajador y burguesía. Y no de un supuesto enfrentamiento entre la nación española y la nación vasca o catalana, que sólo conduce a que el pueblo quede sometido a las burguesías que encabezan cada bando. Dirigiendo la mirada hacia las clases, la realidad es una clase obrera unida, en unos mismos intereses y en más de un siglo de lucha común. Lo que aparece es un pueblo trabajador que se identifica desde Barcelona o Bilbao hasta Madrid o Cáceres. La unidad de la clase obrera
y el pueblo español ha sido la premisa de cualquier proyecto de
progreso. Enfrentada a los planes de explotación de las burguesías,
sean estas española, vasca o catalana. Patriotas gibraltareños El paradigma de la confusión consiste en considerar intrínsecamente progresista cualquier proyecto de fragmentación, aunque sea desde el etnicismo y la insolidaridad, y reaccionaria “per se” cualquier unidad, aunque sea la unidad de la clase obrera y el pueblo español. Un pensamiento que está ligado con la etiqueta progresista que se otorga a proyectos como la “Europa de los pueblos”, un diseño de división de Europa en pequeñas unidades étnicamente homogéneas, inspirado en los planes de Hitler para ordenar Europa bajo hegemonía germana, y que hoy sirve a las ambiciones de la burguesía de Berlín. Un proyecto entusiastamente recibido por la camarilla de Arzallus-Ibarretxe, y por Carod Rovira, siguiendo la tradición que, desde Sabino Arana, les impulsa a buscar el apoyo de cualquier potencia hegemonista para conquistar sus objetivos. Dicen perseguir la independencia de Euskadi o Catalunya, pero las quieren ver más sometidas a las grandes potencias imperialistas, a cambio de constituirse ellos como virreyes locales del imperio. Por eso, cualquier persona de izquierdas debe tratarlos como “patriotas gibraltareños”, que persiguen separar a Euskadi o Catalunya de España para convertirlas en colonias al servicio del imperio de turno. Joan Arnau |
¿Qué Euskadi creéis que instauraría la camarilla de Arzallus? ¿Tendría algo que ver con la izquierda? ¿No sería una Euskadi donde buena parte de los trabajadores, los “maketos”, serían tratados como ciudadanos de segunda para mayor gloria y explotación de Neguri?
El lugar de todos los nacionalistas que se consideren de izquierdas está en la ERC de Companys, que en el 36 se unió a la lucha de todo el pueblo español, y no con los círculos más reaccionarios de la burguesía catalana, que apoyaron el franquismo para defender sus propiedades frente a la revolución
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