NACIONAL

Cumbre de presidentes de Comunidades Autónomas
Ahora es el momento de fortalecer la unidad

“Normalizar la pluralidad, desarticular el victimismo y dislocar la exigencia de diálogo son claves importantes para avanzar en la unidad”

La imagen del presidente del Gobierno, flanqueado por los presidentes de Euskadi y Cataluña y junto a ellos los de todos los demás presidentes autonómicos, se ha calificado, y lo es, de foto histórica. Después de 25 años se ha compuesto una figura que podría o debería ser la de un futuro de entendimiento y cooperación en temas sustanciales que afectan a todos los ciudadanos. Pero es en el trasfondo del retrato donde se deciden las claves del futuro político de España.

Los acuerdos

Nadie duda en juzgar la iniciativa como un éxito directo de Zapatero, de su voluntad de entendimiento. Y es que en los tres puntos del orden del día propuesto no cabía el desacuerdo.

El primero, la institucionalización de la Conferencia, que se acordó celebrarla al menos 1 vez al año.

El segundo, un pacto sobre la financiación de la sanidad para cerrar antes del 2005 con el compromiso por parte del Gobierno de presentar en primavera una propuesta suficientemente consensuada.

Y el tercero la participación de las instituciones en la UE, concretado en la presencia de las comunidades en las delegaciones que acuden a las cumbres europeas y en la posibilidad de acceder al tribunal de Justicia de la UE.

Pero además de estos acuerdos, Zapatero consiguió que Maragall e Ibarretxe se comprometieran a presentar en una próxima Conferencia de Presidentes, sus propuestas de reformas de los Estatutos.
En cuanto a lo debatido, parece ser que el método elegido (5 minutos de intervención) se tradujo en monólogos sin debate ni réplica y en los que se incluyeron diferentes reivindicaciones de las comunidades.

Las claves

En el trasfondo de la imagen ofrecida por la Conferencia aparecen claves importantes, que utilizadas correctamente pueden suponer un fortalecimiento del país. Aunque esto va a depender de la voluntad del Gobierno de Zapatero y de su firmeza al utilizarlas.

– En primer lugar, fomentar y normalizar la pluralidad existente en la sociedad española trabaja a favor de fortalecer la unidad.
El hecho es que contamos con el país más descentralizado de Europa, en el que la capacidad de autogobierno de las autonomías afecta a cuestiones esenciales como Educación, Sanidad o Infraestructuras y en la que los presupuestos autonómicos suponen un monto superior al del Gobierno central.

No es cierto que la unidad de España esté enfrentada a su pluralidad. Ambas son inseparables. Sólo defendiendo el carácter plural de España es posible fortalecer la libre unidad de sus nacionalidades y regiones. Y a su vez, ha sido la unidad democrática la que nos ha permitido preservar la diversidad frente a los intentos de acabar con ella.

– En segundo lugar, permite desarticular el victimismo en el que se cobijan de forma recalcitrante las propuestas más peligrosas de fragmentación del país.

Un victimismo del que hacen gala personajes como Arzallus e Ibarretxe, hábiles en la subversión de la historia y que disfrutan especialmente presentándose como mártires de la derecha reaccionaria española.
No es cierto que la defensa de la unidad de España sea patrimonio de élites reaccionarias. Ni tampoco contraria a los intereses populares o a un pensamiento avanzado y progresista. Desde la primera Constitución surgida de las Cortes de Cádiz en 1812 –imposible sin la gesta popular contra la invasión francesa– hasta la recuperación de la democracia y la aprobación de la Constitución de 1978; desde Jovellanos hasta Unamuno, Machado o Lorca, ha sido el pueblo, frente a las élites que abdicaban de los intereses y la dignidad nacional, quien más ha contribuido a que el respeto y el reconocimiento a las nacionalidades sea parte inseparable de la imprescindible unidad para defender la independencia y conquistar la libertad.

– Y en tercer lugar disloca la exigencia de diálogo con la que se pretenden colar planes reaccionarios que atacan la libertad de los ciudadanos en toda España y especialmente en Euskadi.

Al gobierno del PP se le pudo presentar capciosamente como el responsable de la deriva nazi fascista del gobierno vasco. Bajo la excusa de combatir la falta de diálogo y la crispación característicos de la “derechona” se colaban como parte del frente progresista aquellos que se dedican a exacerbar las diferencias.

No es cierto que avivar las diferencias y enfrentarlas a lo que nos une sea sinónimo de libertad. Bajo banderas identitarias se esconden hoy en España los planes de un nacionalismo étnico excluyente, amparado en la barbarie de ETA. También quienes, desde una agitación demagógica, fomentan la insolidaridad y lanzan amenazantes ultimátums.

Las actitudes

La composición de la reunión colocaba en minoría al partido que dirige el Gobierno español.

Por el PSOE sólo 6 de los Presidentes, los de Cataluña, Andalucía, Aragón, Extremadura, Asturias y Castilla-La Mancha.

Por el PP 9; los Presidentes de Galicia, Madrid, Valencia, Murcia, Baleares, Castilla y León, La Rioja, Ceuta y Melilla.

Y 4 de otras formaciones, los Presidentes de Euskadi (PNV), Navarra (UPN), Cantabria (PRC) y Canarias (CC).

Los presidentes del PP, siguiendo el criterio de Fraga, adoptaron la actitud de fortalecer la imagen de unidad de la Conferencia, aunque en las posteriores ruedas de prensa sólo Fraga se mostró entusiasmado con la iniciativa, que reclamaba como propuesta suya hecha ya en 1992.
Por su parte, y pese a las diferencias existentes, Ibarra, Maragall y Chaves, coincidieron casi en las palabras al calificar la Conferencia como de un hito histórico que significaba la muerte de la visión centralista de España.

Respecto a Ibarretxe, aparte de sus declaraciones que merecen ser comentadas aparte, todos señalaron la corrección de su comportamiento

Ahora es el momento

El resultado de las elecciones del 11-M dibujó una correlación de fuerzas política que favorece el camino de fortalecer la libre unidad del pueblo de todas las nacionalidades de España. Hoy contamos con un gobierno que afirma su voluntad de fortalecer la unidad, difícilmente atacable con las mismas armas que se utilizaron contra el PP.

Pero lo decisivo está en la firmeza de la voluntad y/o la capacidad del Gobierno de Zapatero para hacer frente a los retos que amenazan la unidad y cohesión del país. Y a este respecto pueden resultar preocupantes las palabras de Zapatero en el inicio de su intervención: “Aquí hay algunas regiones, algunas nacionalidades y alguna nación, llamándose cada uno como se quiera llamar, pero todos con el proyecto común de los ciudadanos de este país.” ¿Un proyecto de ciudadanos, diluible en cualquier otra entidad por ejemplo europea, o un proyecto de unidad nacional que debe fortalecerse en beneficio de todos?

Hay que exigir al gobierno firmeza en la defensa de los intereses nacionales y populares en una situación en la que las ansias de las grandes potencias europeas, Francia y Alemania, amenazan nuestros intereses. Una España fragmentada o desarticulada favorece el dominio de potencias imperialistas más fuertes y actúa en contra de un desarrollo económico y político beneficioso para todos sus territorios y ciudadanos.

Ha llegado la hora de poner fin a las interesadas tergiversaciones de nuestra historia y aclarar definitivamente que la unidad de una España plural y progresista ha sido bandera de los intereses populares y de los intelectuales progresistas más destacados de nuestro país, Lorca, Machado, Picasso, ... junto a Pasionaria o Pablo Iglesias adoptaron una firme posición de defensa de la unidad y la independencia de España. Por su parte, el pueblo de todas las nacionalidades y regiones ha luchado unido en un frente común para arrancar con esfuerzo cada una de las libertades de las que disfrutamos.

Ahora que se abre una nueva etapa donde el desarrollo de la pluralidad no está enfrentada a la unidad, es el momento de exigir que se abandonen los planes del nacionalismo étnico y excluyente y las políticas que avivan las diferencias y fomentan la insolidaridad.

Fomentar la fragmentación o conciliar con ella en nombre de un supuesto progresismo no beneficia a la Europa “de los pueblos”, sino a la de las grandes potencias que aumentan su poder a costa de la desarticulación de los países o su fragmentación.

Ahora es el momento de exigir al Gobierno de Zapatero que se mantenga firme en la defensa de:

• Una unidad basada en la solidaridad, donde la pluralidad no vaya en contra de lo que nos une y cohesiona.

• La libertad en Euskadi frente al terrorismo y el nacionalismo étnico y sus planes.

NOTA:
Los textos que aparecen en cursiva pertenecen a dos manifiestos publicados en el diario EL PAIS. El primero, titulado “No es cierto” se publicó en fechas anteriores a las Elecciones parlamentarias españolas también en El Correo del pueblo vasco y en El Periódico de Cataluña. El segundo, titulado “Ahora es el momento” se publicó antes de las Elecciones europeas. Para conocer el texto completo de ambos manifiestos consultar la página web: www.noescierto.net o www.uce.es

N. I.