NACIONAL - Euskadi

Golpe a ETA y al Plan Ibarretxe:
Las cosas en su sitio

“ETA ha sido un pilar de su régimen y ahora quieren que sea la garantía de su plan”

Han bastado dos hechos significativos, el golpe a ETA y la Conferencia de Comunidades Autónomas convocada por Zapatero, para dejar al descubierto la auténtica naturaleza de los Ibarretxe y compañía en la dirección del PNV, del carácter de sus planes y sus auténticas intenciones. Ni se bajan del plan Ibarretxe, ni quieren la “derrota final” de ETA.

Sólo veinticuatro horas después de hacerse la foto con todos los presidentes autonómicos, Ibarretxe se despachaba a gusto anunciando que: “Ni él ni su gobierno permitirán que la Cumbre se convierta en la excusa para diluir Euskadi en el café para todos autonómico”. Y lanzando su enésima amenaza, al estilo de su maestro Arzallus: “El tren del futuro ya está en marcha, su objetivo es que la sociedad vasca decida y nadie lo va a impedir”.

Por si alguien tenía alguna duda, Ibarretxe lo ha vuelto a dejar bien claro: el nacionalismo étnico y excluyente no quiere ni oír hablar de solidaridad y cohesión nacional, sino de sus diferencias con los demás, y de “cosoberanía” y “coindependencia”, como antesala de la separación definitiva. La burguesía que representan está embarcada en un proyecto de separar a Euskadi de España para convertirla en lo que llaman “un Estado libre asociado”, eso sí amablemente según el lendakari, aunque su objetivo real es convertirlo en un peñón más de Bruselas.

Las dificultades para sacar adelante su plan, sobre todo por el rechazo en amplios sectores de la sociedad vasca, incluidos importantes sectores empresariales, no les ha hecho replanteárselo, ni menos peligrosos; sino sacar su cara más “jesuítica”, ocultar a Arzallus, y sumarse al “diálogo” como forma de aprovechar la situación para avanzar “sin que se note”.

¡Sigue, sigue!

Por otra parte, cuanto más se precipitan los golpes policiales y judiciales contra ETA y su mundo, más preocupados están Ibarretxe, Imaz y los suyos.

Sólo quienes no han querido ver el papel de ETA en la estrategia de la línea nazifascista encabezada por Arzallus (sólo sobre la base del terror de ETA han podido extender el fascismo cotidiano, y mantener su régimen de exclusión de “lo español”o la limpieza étnico-ideológica), se han sorprendido ante la contrariedad con la que los representantes del los tres partidos que forman el gobierno vasco, reaccionaron al golpe policial de la banda en Francia, proclamando que sólo con la vía policial no es posible acabar con la banda y exigiendo”prudencia” y “abrir un proceso de diálogo” para negociar el final de “la lucha armada”.

La vinculación del plan Ibarretxe al final de “la violencia de ETA”, es una parte sustancial de su táctica para imponerlo. La necesitan viva, no derrotada, para que se den las condiciones en las que puedan plantear el reto de ruptura constitucional que significa la convocatoria del referéndum sobre su plan. Por eso no quieren el final de ETA, y menos si es un final policial, porque habrían perdido un elemento fundamental de sus planes, presentar el plan secesionista como la única vía para la paz. ETA ha sido un pilar de su régimen y ahora quieren que sea la garantía de su plan.

No es casualidad que los dirigentes del gobierno tripartito vasco, los del PNV, EA y EB, se hayan apresurado a exigir que se disuelva el Pacto Antiterrorista firmado por PSOE y PP “por caduco”. Sólo pretenden desmantelar uno de los tres pilares con los que ha sido posible arrinconar al terrorismo etarra y la línea nazifascista del nacionalismo étnico y excluyente.

¡Basta ya!

De esos tres pilares: el político del pacto antiterrorista, el jurídico-policial y el de la rebelión democrática, este último es fundamental.

Tienen razón los seis etarras de la carta a la dirección de la banda, Pakito, Iñaki de Lemona, Pedrito de Andoaín, Makario, Koldo Aparicio y Kepa Solana, cuando reconocen su derrota policial y que están más débiles que nunca. Pero se equivocan porque su derrota (que aún no es completa y definitiva) no es sólo policial, sino por el aislamiento cada vez mayor de la banda y la pérdida de apoyo popular.

La batalla de Euskadi es contra el terrorismo y por la libertad; y por lo tanto no es sólo contra ETA, sino también contra el nacionalismo étnico y excluyente y sus planes. No basta con derrotarles judicial y policialmente, es preciso derrotarles política y socialmente. Por eso la rebelión ciudadana antifascista, encabezada por organizaciones como ¡Basta ya!, Foro de Ermua, asociaciones de Víctimas del Terrorismo, Fundaciones, etc., tienen, ahora más que nunca que jugar un papel fundamental en la batalla contra el plan Ibarretxe, y de cara a las próximas elecciones autonómicas en la perspectiva de derrotarles también en las urnas.

Sin la movilización social y la acción de la rebelión democrática, el nazifascismo, con su cara jesuíticamente amable, lleva las de ganar.


¿Cambiar de Estrategia?

«El gobierno vasco actual es la cúpula de un régimen levantado por el nacionalismo étnico y excluyente que lleva más de veinte años ejerciendo el poder en Euskadi»

El presidente de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren se acaba de descolgar pidiendo “un cambio de estrategia contra ETA”, acorde con las nuevas circunstancias para “acelerar la pacificación del País Vasco”.
Según Eguiguren no se puede “seguir viviendo del antiterrorismo de una época pasada”; sino que el gobierno debería “alumbrar una estrategia... a consensuar posteriormente con el PP y con el Gobierno vasco”.

Es cierto que ETA y la línea nazifascista encabezada por Arzallus, están debilitadas y en retroceso; pero de ahí a decir que es “una época pasada” hay un abismo de errores. De entrada, ninguno de los dos están definitivamente derrotados.

Es conocido el dicho de que cuando no se remata a la fiera, ésta en cuanto se recupera puede acabar contigo. ETA está sufriendo duros golpes policiales y judiciales, y socialmente está cada vez más asfixiada y aislada. Pero si se les deja volverán a respirar y matar. La recuperación de ETA, después del descabezamiento en Bidart, en el 92, no fue por su propia capacidad interna, sino por los apoyos exteriores. Por un lado la posibilidad de seguir teniendo el santuario francés; por otro las conversaciones con Arzallus que desembocarían en el Pacto de Lizarra y la tregua-trampa, que le permitieron oxigenarse, es decir recuperar su estructura, rearmarse y volver a matar.

Pero proponer una estrategia para “consensuar con el gobierno vasco” es un error aún de mayor calado estratégico. El gobierno vasco actual es la cúpula de un régimen que lleva más de veinte años ejerciendo el poder en Euskadi. Un régimen levantado por la línea nazifascista de Arzallus sobre la base de manejar el terror criminal de ETA. Un régimen que ha promovido la exclusión y la persecución de las ideas, las personas y los profesionales no adictos o que se le enfrentaban, que se sentían tan vascos como españoles; permitiendo, cuando no empujando, el exilio de más de 200.000 vascos al extranjero u otras zonas de España.

Por eso, considerar como “nacionalismo democrático” a la banda política que mantiene ese régimen en pie, y que encabeza un plan para dividir a los vascos y separar a Euskadi del resto de España, es en el mejor de los casos, un grave error. Con ellos no se puede consensuar nada, no son la solución sino el problema. Hay que prepararse para derrotarles política y socialmente.


Una “pluma sin sangre”

Mikel Antza, el dirigente de ETA detenido en Francia, es presentado por Deia, el diario oficioso del PNV, como “el principal ideólogo de ETA”; pero dado que “no ha participado en la ejecución directa de atentados”, el diario nacionalista acaba por definirlo como “una pluma sin sangre”.

No es que el periódico destile cinismo, es mucho peor, destila fascismo.
Antza es el responsable “ideólogo” del cambio de estrategia de ETA en los 90, cuando pasa de asesinar a miembros de la seguridad del Estados, guardias y policías, a “socializar el terror”, es decir al asesinato selectivo de concejales, cargos políticos del PSE y del PP y periodistas. Con la nueva estrategia se asesinarán decenas de concejales y políticos democráticos como Gregorio Ordóñez, Fernando Buesa, Ernest Lluch, Miguel Ángel Blanco, Joseba Pagazaurtundua, etc.; se coloca directamente bajo el terror a varios miles de personas amigos y familiares de los políticos amenazados, se desata el terrorismo callejero, la “kale borroca”, se amenaza a los periodistas y profesores...

Diseña la estrategia y da las ordenes de ejecución; pero salvando las distancias, como los Franco, Hitler, Milósevic o Pinochet, no hace el “trabajo” directamente.

¿Cuántos “plumas sin sangre” más hay entre los dirigentes del nacionalismo étnico y excluyente? Intelectuales orgánicos del crimen, como los Arzallus, los Setién, los Eguibar o los Otegui, que no aprietan los gatillos pero señalan a “los enemigos del pueblo vasco” que luego asesinarán, extorsionarán o perseguirán los pistoleros. Que no preparan los coches bomba pero dan argumentos a los que lo hacen, “porque estamos en una guerra con Madrid”, “que no nos deja decidir nuestro futuro”.

C. Bermeo

Ibarretxe saca su cara más “jesuítica”, se suma al “diálogo” como forma de aprovechar la situación para avanzar “sin que se note”.