NACIONAL - Economía La
Caixa toma el mando en Repsol, provocando la sustitución de Alberto
Cortina por Antonio Brufau: “Exigiendo la presidencia de Repsol, La Caixa demuestra que ya no se conforma sólo con participar del festín monopolista mientras otros tienen la dirección sobre la gestión del capital” |
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| Alfonso Cortina
estaba seguro de poder continuar al frente de Repsol-YPF: “¿cómo
me van a echar? Si es imposible, no pueden…”. “Te tienes que ir, Alfonso”. Así, escuetamente, La Caixa finiquitaba la presidencia de Cortina, ayudado a aceptar el relevo gracias a un retiro de otro y, según algunas voces, la amenaza de difundir las irregularidades en la compra de YPF. Al día siguiente,
el consejo de administración de Repsol admitía la “dimisión”
forzada de Cortina, y nombraba presidente a Brufau. Se ha insistido en resaltar que Cortina era un gestor nombrado a dedo por el PP, pero es mucho más significativo saber que abandonó el consejo de administración del BBVA para dirigir la petrolera. Forzando el cambio en la dirección de Repsol, La Caixa desafía la regla no escrita que reservaba para los círculos más íntimos de la oligarquía los mejores sillones monopolistas. La Caixa, tercer centro financiero y primer grupo industrial español, ha dado un golpe de mano en el tablero monopolista, cuyas consecuencias serán, a buen seguro, profundas. Del dinero al poder La intervención de la supercaja catalana en Repsol ha sido defendida con argumentos simples y tajantes: “La Caixa es el mayor accionista de Repsol-YPF, quiere mandar y tiene derecho a hacerlo”. Sin embargo, eso no ha sido así hasta ahora. Contraviniendo la pura “lógica empresarial”, el BBVA, con menor porcentaje accionarial que La Caixa, controlaba más sillones en el consejo de administración de Repsol, y ostentaba la presidencia. Se había permitido a la burguesía catalana invertir enormes sumas, y sacar por ello jugosos beneficios, pero se vetaba que pudiera ocupar un lugar determinante, por encima de los círculos oligárquicos, en el entramado monopolista español. Por eso se negaba que el primer accionista de Repsol ocupara la presidencia, o se vetó, por parte del gobierno de Aznar, la OPA de Gas Natural sobre Iberdrola, que formaría el primer grupo eléctrico español bajo control de La Caixa. Con la defenestración de Cortina, imponiendo “amistosamente” al BBVA el relevo como un hecho consumado, La Caixa revela la voluntad para pasar del dinero al poder. No se conforma sólo con participar del festín monopolista mientras otros tienen la dirección sobre la gestión del capital. Y lo ha hecho aprovechando con extraordinaria habilidad una coyuntura favorable. Por un lado la sustitución del gobierno de Aznar –monolíticamente oligárquico, y que levantó todos los obstáculos posibles a la expansión de La Caixa- por un gabinete de Zapatero en el que confluyen muchos sectores –entre ellos un PSC extremadamente ligado a La Caixa-, y donde es precisamente José Montilla, ministro de Industria, quien ha dado el visto bueno a la operación Repsol. Por otro la debilidad relativa, tras el descabezamiento de la cúpula de Neguri, del BBVA, que, aunque ha maniobrado para intentarlo, no ha podido impedir el golpe de La Caixa en Repsol. Y junto a esto, el periodo de aguda competencia, acelerado internamente por el salto dado por el Santander tras la compra del Abbey. En este marco, La Caixa ha movido ficha. Y ha elegido para ello a Antoni Brufau, el cerebro de la estrategia agresiva que ha llevado a la supercaja catalana a participar en los principales monopolios españoles. Querer y poder Para querer hay que poder.
Y por primera vez, la burguesía catalana puede jugar un papel decisivo
en el entramado monopolista español. Cuando a caballo entre los 80 y los 90, la oligarquía española emprende una profunda concentración y remodelación, la burguesía catalana se prepara para aprovechar el momento. Fusiona la Caja de Pensiones para la Vejez y Ahorros de Cataluña y Baleares y la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Barcelona, dando origen a La Caixa. Y esto provoca un profundo cambio. La estructura de grandes empresas catalanas, claves en el entramado productivo español pero incapaces de jugar ningún papel frente a los círculos oligárquicos, es sustituido por un gran centro financiero, el tercero de España en la actualidad, sólo superado por Santander y BBVA. Dotarse de una plataforma financiera sólida era el viejo sueño de la burguesía catalana. El intento de Banca Catalana fue abortado por la oligarquía de un modo drástico, a través de un proceso judicial. La burguesía catalana
aprende la lección y se recurre a la estructura de cajas de ahorros,
amparadas por el poder político de la Generalitat. De esta manera todo –el
dinero de los impositores de la caja, la capacidad del conjunto de la
burguesía catalana, y los recursos del poder político- se
unifican para dotar a la burguesía catalana de un instrumento financiero,
La Caixa, que funciona como un auténtico capitalista colectivo:
la burguesía catalana es La Caixa, y viceversa. Para meterse en la boca del lobo y no salir trasquilado, es necesario dotarse de sólidas alianzas. Y La Caixa supo dotarse de una sólida retaguardia. Levantando una alianza financiero-industrial con el BBVA, a través de la presencia compartida en numerosos monopolios, compartiendo intereses con una parte de la oligarquía. Y entrando en el accionariado del Deutsche Bank, una jugada que le garantiza una relación privilegiada con los núcleos duros de la burguesía más poderosa de Europa. Una doble relación y una doble naturaleza. La Caixa tiene enormes intereses en el entramado monopolista español, y al mismo tiempo una alianza privilegiada con aquellas clases cuyo proyecto amenaza la cohesión y la misma unidad de España.
ERC
ante los movimientos de La Caixa:
Anteriormente, el portavoz de ERC, Joan Ridao había reclamado el apoyo de CiU al tripartito bajo el argumento de que “en el caso de Banca Catalana, ERC estuvo donde debía de estar, defendiendo los intereses de Cataluña”. Parece que la dirección de ERC ha encontrado en La Caixa un actor de vanguardia de la construcción nacional. Y claman que lo que es bueno para La Caixa es bueno para Cataluña. ¿Dónde se ha visto a un hombre de izquierdas apoyar como algo propio el avance de grandes monopolios y centros financieros? La IIª Internacional traicionó cualquier causa progresista al colocarse del lado de “su” burguesía, y frente a los pueblos del mundo, en la carnicería imperialista de la Iª Guerra Mundial, y ahora la explotación internacional de la burguesía catalana llena de “orgullo nacional” a algunos prohombres de ERC. Así parece dividirse el mundo para Carod y compañía: Cataluña, liderada por sus burgueses, y con La Caixa como nuevo Montserrat financiero al que hay que adorar, frente a España. Esta es la traición de la dirección de Carod a lo que ha sido a posición histórica de la izquierda, apoyado por ERC en el 36: la unidad de la clase obrera y el pueblo, desde Barcelona a Cádiz, frente a la burguesía, sea esta catalana o madrileña. Brufau ejercerá como lo que es, un burgués preocupado de vampirizar horas de vida y trabajo al pueblo catalán, andaluz o argentino. Pero la dirección de ERC no ejerce como partido de izquierdas, sino como “los seguros servidores” de la burguesía catalana. Joan Arnau |
Ricardo Fornesa, Isidre Fainé y Antoni Brufau, principales ejecutivos de La Caixa, el instrumento financiero que ha permitido a la burguesía catalana jugar un papel importante en el entramado monopolista español.
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